Puri López, madre trabajadora de Los Pajaritos - Raúl Doblado
Desempleo y falta de formación en Sevilla

«No soy racista pero los inmigrantes son un gran problema en Los Pajaritos»

Puri López, que ha trabajado de todo para sacar adelante a sus tres hijos, destaca la labor de los voluntarios y coordinadores de las asociaciones: «Ellos hacen buena a mucha gente del barrio», dice.

SevillaActualizado:

Puri López, de 46 años, nació en Los Pajaritos y sigue viviendo allí. Estudió peluquería, profesión que ejerció durante algunos años, pero ha realizado numerosos cursos de formación de otras actividades: informática, pescadería, charcutería y frescos, entre otros. He trabajado de cajera y reponedora en Carrefour, Alcampo e Hipercor y su último desempeño fue de repartidora en los supermercados MAS. «Entre un compañero y yo descargábamos un trailer durante quince horas seguidas», cuenta a ABC.

Puri conoce muy bien el barrio y dice que aquí «hay gente buena y gente mala; gente que quiere trabajar y no le dejan; gente que no quiere trabajar y que vive de las ayudas públicas y subsidios». Lo explica así: «Conozco personas que trabajan un año, cobran el paro, luego piden el salario social, y así van tirando con ayudas familiares hasta que pueden cobrar el subsidio social para mayores de 55 años. O sea, que al final en toda su vida han estado trabajando cuatro años», asegura.

Ella está ahora en paro y no deja de echar currículos. «Yo no quiero una paga, quiero trabajar», proclama. Tiene tres hijos de 20, 19 y 16 y dice que le negaron una renta mínima de inserción. «Y ahora acaban de denegar el bonobús solidario porque no he presentado una foto -comenta, enojada-. Le he llevado una fotocopia del anterior, porque solo pido que se me renueve, pero me dicen que no vale». ¿Por qué no se hace la foto?, le pregunto. «Porque me cuesta siete euros y siete euros son siete días de pan en mi casa», contesta.

De las cosas buenas de Los Pajaritos, Puri destaca la solidaridad entre algunas vecinas. «Yo he cuidado de los niños de algunas porque su marido estaba en la cárcel y ellas no regresaban a casa hasta las 4 de la tarde. Han comido en mi casa hasta que sus madres les recogían. Si a una le falta leche para los niños, se la acercamos entre todas. Y si le hacen falta unos zapatos, igual», cuenta.

Recuerda una iniciativa que se puso en el barrio hace años, «el banco del tiempo», en la que no había dinero de por medio. «Era una cadena de favores pero al final salió un poco rana porque siempre hay alguna fresca que no cumple. Pero yo me alegro de haber participado porque me siento bien haciendo un favor».

Los inmigrantes

Esta vecina cree que la inmigración se ha convertido en un problema muy serio en el barrio. «Hay muchos rumanos, italianos y moros, ahí está lo chungo. No soy racista, pero es la verdad. Uno de mis mejores amigos es negro, para que veas que no lo soy. Pero esto nunca estuvo tan mal como ahora y llevo 46 años viviendo en Los Pajaritos», asegura.

Puri es una de esas madres del barrio que no deja a sus hijos que estén solos en sus calles. «Al pequeño, de 16, le han quitado el móvil dos veces a punta de navaja. Mi hija tuvo que salir el otro día de un parque porque dos se estaban pegando con un cuchillo», se lamenta.

Sus hijos mayores estudian peluquería y hostelería con una beca de la Cruzcampo. La Caixa también beca los uniformes del pequeño en el colegio y les concede otras ayudas para deporte y teatro. Conoció a María José Herranz, coordinaria de la asociación Candelaria, y sólo tiene palabras de agradecimiento para ella. «En la asociación nos ayudan en todo. Siempre están ahí, las 24 horas. Te levantas un día con la depre, y la llamas y ahí está siempre, nunca falla. La mayoría de la asociación son voluntarios. Hacen campamentos y mi hija quiere reengancharse como monitoria voluntaria. Ellos hacen buenos a mucha gente del barrio, hasta a los que vienen aquí a hacer trabajos comunitarios, sociales, por las cosas chungas que han hecho. Hasta a ellos los vuelven buenos», dice.