Relevo en la Archidiócesis
El nuevo hogar del arzobispo Asenjo
El actual administrador apostólico se jubila oficialmente este sábado pero, este castellano de Sigüenza que se ha enamorado de Sevilla, se queda a vivir en San Lorenzo

Hay trasiego en el Palacio Arzobispal. En las dependencias del arzobispo, los pintores ultiman los detalles antes de que llegue el sucesor. Monseñor Asenjo ha montado su despacho en la otra ala y se ha ido a vivir ya a su nueva casa, ... en la calle Hombre de Piedra . Está nervioso por el acto de hoy. Le arroparán familiares, amigos y los obispos más cercanos. Y la Virgen de los Reyes, que presidirá el altar del Jubileo, porque es un día grande: la despedida de un castellano de pura cepa, que ha pastoreado la Archidiócesis y que se ha enamorado de Sevilla hasta el punto de que se retirará en el barrio de San Lorenzo.
«Oye Siri, ponme con...» . El ahora administrador apostólico tiene el móvil echando humo en estas últimas horas, preparando todos los detalles de la ceremonia. Se maneja con su iPhone , que es su asistente virtual, pero siempre con la compañía de Fran , el secretario personal que le ha acompañado en sus últimos años del pontificado. «Pues me voy a vivir a la calle Hombre de Piedra, a una casa que es propiedad de la diócesis. Está pegada a la espalda de la residencia sacerdotal, separada por un pequeño patio». Suena ahora la banda sonora de 'La Misión' , que es su politono del móvil de Apple.
«Tiene dos plantas, un despacho, el estudio, mi habitación, un patinillo... Vivirá conmigo la muchacha ecuatoriana que me ha cuidado hasta ahora. Es una casa capaz -cuenta el ya arzobispo emérito-, cómoda y allí podré recibir a quienes me quieran visitar». Le han instalado un humilde montacargas para que pueda desplazarse con comodidad. Y, como no puede leer con facilidad por sus problemas de visión , ya que se cansa al tercer folio que lee con la lupa gigante que le ha instalado la ONCE, le han instalado una aplicación de audiolibros para que pueda abstraerse en una de sus mayores pasiones, que es la lectura. «Los hay de todas las materias, incluso religiosa y teológica», comenta a ABC.
Está contento. «No me lamento de mi suerte» , dice. De hecho, está ilusionado con su nueva vida, para nada deprimido por dejar la actividad incansable y dura que supone el gobierno pastoral. «Los obispos nos merecemos una vida más tranquila y de servicio también pastoral a los fieles», explica. Y lo afronta en positivo pese a que ha llegado a este punto de su vida con una dificultad sobrevenida y dolorosa como es la pérdida de visión en ambos ojos. «Yo no sé en el futuro, pero lo he llevado con cierta elegancia y acepto lo que el Señor me ha permitido en mi vida. Lo ofrezco por todas las persona que me he encomendado: por el Papa, por la Iglesia, por mis hermanos obispos, por los sacerdotes, el pueblo fiel, Sevilla y los sevillanos. Y eso me da mucha paz, porque considero que mis privaciones no se pierden, sino que son útiles para el pueblo de Dios».
Dedicará parte de su tiempo a pasear. En eso también va a ganar. Porque aquel hombre que recorría los campos de Castilla dejó de ejercitar esa actividad cuando llegó a Sevilla porque la gente lo paraba tanto por la calle, que al final no podía andar. «He caminado mucho por el palacio estos años o por el jardín... ahora lo haré por la ribera del Guadalquivir y por la Alameda» . No será extraño verle paseando por las orillas del río y por las calles de su nuevo barrio.
Del Gran Poder a Santa Clara ... aquella iglesia que ha dejado a punto, por fin. Es su último regalo a Sevilla: devolver la vida a un templo que es una joya artística que perdió la ciudad durante demasiados años y que ahora recuperará el esplendor cuando acaben las obras que llevan ya unos meses en marcha. «Me siento dichoso de haber podido bendecir el inicio de los trabajos, porque éste era un deseo largamente soñado por mí y el Señor me ha permitido poderlo ver. Voy a seguirlo de cerca, porque me gustan estos temas y está al lado de mi casa».
Con esa sencillez que le caracteriza, Juan José Asenjo admite que le encantará ir a la consagración de la iglesia ... «si el señor arzobispo, mi sucesor, me invita». Será su consejero, ambos lo han hablado. «Me ha dicho que me pedirá consejo y yo estoy dispuesto a servirle en lo que me pida y colaborar con él en los actos y celebraciones que me solicite. De momento, mi salud visual se va manteniendo».
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