El pabellón de la Cruzcampo en la Cartuja está cerrado desde hace once años
El pabellón de la Cruzcampo en la Cartuja está cerrado desde hace once años - J.M. Serrano

El Pabellón de la Cruzcampo acogerá un centro de espectáculos flamencos

Heineken ultima la venta de su edificio de la Expo’92, sin uso desde 2007, a la empresa que explota «El Palacio Andaluz» en la ronda histórica

SevillaActualizado:

La operación está a punto de cerrarse. Heineken va a vender su edificio de La Cartuja, el antiguo Pabellón de la Cruzcampo de la Expo’92, a una empresa dedicada a la organización de espectáculos flamencos, concretamente la que gestiona «El Palacio Andaluz» en la ronda histórica, un negocio que atrae a miles de turistas cada año, sobre todo orientales, y que pretende ampliar sus instalaciones en otra zona de la ciudad con más comodidades para trasladar a los espectadores extranjeros desde sus hoteles.

Este edificio está sin uso desde 2007, año en el que Isla Mágica renunció a prorrogar el contrato de cesión de diez años que tenía con la Cruzcampo para utilizar este pabellón, uno de los más exitosos de la Exposición Universal. El edificio, que es muy conocido en la ciudad porque está coronado por un «Gambrinus» de grandes dimensiones, estuvo abierto por la propia Cruzcampo hasta 1996, pero en ese momento la compañía acordó con Isla Mágica la cesión a cambio de tener la exclusiva de la venta de cerveza en el parque temático.

En todo este tiempo, además, Heineken ha alquilado partes del inmueble a otros negocios e incluso le ha dado ocasionalmente uso para eventos, pero el último establecimiento que operó allí fue el restaurante italiano «Los Genoveses», cerrado ya hace una década. Por tanto, el edificio ha permanecido sin uso durante los últimos once años, un periodo en el que la Cruzcampo ha intentado venderlo en varias ocasiones sin éxito. De hecho, el grupo inmobiliario Domo llegó a pagar 1,4 millones de señal en 2007 para una operación de compra que se cifró en 12 millones, pero que nunca se llegó a ejecutar. Y hace justo un año ocurrió algo parecido con otro comprador que finalmente no dio el paso al frente a pesar de que las negociaciones llegaron a estar muy avanzadas. Sin embargo, ahora el acuerdo está prácticamente cerrado y se están abordando los últimos detalles, que podrían quedar resueltos la próxima semana. Cruzcampo ha fijado un precio de 2,5 millones de euros, aunque el edificio necesita una inversión para restaurar los daños ocasionados por la falta de uso. No obstante, la intención de los compradores es renovar todo el espacio, que tiene 5.276 metros cuadrados y está catalogado en el Plan General de Ordenación Urbana como suelo terciario, por lo que la actividad prevista se podrá desarrollar con normalidad.

Los empresarios de «El Palacio Andaluz», que ya gestionan uno de los espacios de espectáculos flamencos con más demanda diaria del mundo, pretenden recuperar el pabellón sin modificar nada para convertirlo en un centro de referencia en la oferta de flamenco, tanto para aficionados locales como para los turistas. Con su inversión podrán ampliar el aforo que han ofrecido hasta el momento y mejorar los accesos, así como conectar la oferta de ocio del pabellón con otra de las líneas de negocio de la compañía compradora, los cruceros turísticos por el Guadalquivir, ya que el edificio de la Cruzcampo está junto al puente de la Barqueta.

Las conversaciones para firmar la venta están muy avanzadas porque ambas partes llevan negociando de forma muy discreta los términos del contrato desde hace varios meses. Se prevé, por tanto, que el pacto se rubrique en los próximos días y este inmueble emblemático de la Expo’92 recupere su esplendor con una actividad que, además, fomenta uno de los pilares culturales de la ciudad.

El edificio tiene cuatro plantas con unas estructuras externas muy características, ya que de ellas parten unos cables que le dan mucha personalidad a la construcción, diseñada por el arquitecto Miguel de Oriol Ybarra. El pabellón se concibió para albergar una planta cervecera durante la Exposición Universal junto con una cervecería con capacidad para 800 personas, ya que Cruzcampo fue la patrocinadora oficial del evento y la única marca con permiso para vender cerveza en todo el recinto. Por lo tanto, creó allí un museo en el que se contaba la historia de la empresa sevillana y se exhibía maquinaria antigua procedente de la fábrica situada junto al famoso templete que le dio nombre. Además, el pabellón tenía un auditorio, un bar de tapas y una planta de producción de cerveza a escala con capacidad para producir 5.000 litros al día.

Todo aquello se desmontó y el edificio está prácticamente en bruto actualmente, por lo que hay que hacer una inversión fuerte para volverlo a poner en uso. Los empresarios interesados están dispuestos a emprender esta aventura porque su negocio recibe varios miles de personas cada año y es amortizable a medio plazo, así que en cuanto se firme el acuerdo convertirán la Isla de la Cartuja en el distrito cultural de Sevilla.

La oferta musical y artística que en estos momentos tiene el antiguo recinto de la Expo era impensable cuando todo acabó en octubre de 1992. La isla se ha reconvertido en un parque tecnológico que paulatinamente ha ido ampliando sus recursos de ocio y ahora conviven entre el rascacielos Torre Sevilla y el estadio un centro comercial, un Caixafórum, el auditorio de la SGAE, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en el monasterio, el auditorio Rocío Jurado, la sala Box para pequeños conciertos, Isla Mágica, el Teatro Central, un hotel especializado en congresos de la cadena Barceló y, tras esta nueva operación, un teatro dedicado exclusivamente al flamenco con programación diaria.