El palacio tenía inspiración islámica, su conjunto tenía forma rectangular, sobre el que se levantó 300 años después el claustro
El palacio tenía inspiración islámica, su conjunto tenía forma rectangular, sobre el que se levantó 300 años después el claustro - ABC
Sevilla

El palacio de Don Fadrique, una huella muy viva en Santa Clara

Los vestigios de la casa que levantó el hijo del Rey San Fernando afloraron cuando la rehabilitación del convento

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Durante las obras de restauración en el convento de Santa Clara salieron a la luz restos del palacio de Don Fadrique, el edificio civil más antiguo de cuantos permanecen en pie en Sevilla. Ahora que el Ayuntamiento va a rehabilitar la legendaria torre románica y gótica, en el proyecto de intervención se analiza la evolución histórica del inmueble y se hace una recreación de cómo fue la casa del infante que murió condenado por su propio hermano, Alfonso X «El Sabio», según la historia por traición y según la leyenda por una relación incestuosa con su madrastra.

Tras los repartimientos de Sevilla después de la Reconquista, a Don Fadrique, hijo del Rey Santo, le correspondieron los terrenos situados al noroeste de la ciudad. Allí levantó un palacio góticoen cuya huerta construyó la famosa torre, independiente del resto del inmueble. Los estudios arqueológicos realizados hace ahora tres lustros demostraron que aquella casa tenía un concepto cristiano palatino. La teoría más extendida es que allí habría un primitivo edificio islámico sobre el que construyó uno nuevo el infante.

Según explica el informe, por la técnica empleada los arqueólogos consideran que fueron alarifes foráneos quienes construyeron el palacio bajo el mando del propio Don Fadrique. Aquel edificio se encontraría en el lugar «donde actualmente se superpone el convento y se distribuía siguiendo una panta rectangular orientada de norte a sur, quedando inserta en la mitad oeste del claustro».

Los extremos norte y sur y el lateral occidental se conservan en perfectas condiciones llegando incluso a alcanzar los doce metros de altura, en el mismo alzado del actual edificio. El lado oriental, por su parte, sí desapareció cuando se llevó a cabo la obra renacentista 300 años después. Durante la restauración del actual forjado de la galería del claustro, además, afloraron restos de pintura epigráfica con caracteres góticos que los profesionales intrerpretaron como parte del programa decorativo del palacio de Don Fadrique.

Cruzando el arco principal, se llegaba a una gran estancia diáfana, de unos ocho metros de altura, dividida en tres zonas: una central por cuyo muro estaba rematado por una cenefa de yesería y otras dos estancias en los extremos separadas por arcos que daban lugar a alcobas rectangulares con ventanas que abrían al patio. Frente al arco principal, por su parte, se encontraba un hueco que daba acceso a una nueva estancia, cuadrada, de la que aún no han aparecido sus restos. En el extremo occidente, apareció un nuevo arco que daba acceso a una de las estancias más singulares: una habitación cuyos muros se elevan trece metros y que podría haber sido otra torre.

El palacio fue abandonado por Don Fadrique en 1260, ocho años después de haber erigido la torre. Su hermano el Rey Alfonso se lo donó a la oden de Calatrava en 1269. En 1289, Sancho IV las entregó a las clarisas para que allí construyeran su monasterio en una estretegia de ocupación de grandes espacios urbanos, ya que aquella zona estaba situada entre la laguna de la Alameda y el brazo del río, que entonces apenas estaba habitada. La comunidad religiosa adaptó el edificio a sus necesidades sin tocar su estructura. Así, durante casi 300 años, cuando se llevó a cabo la gran transformación renacentista.