Piso del barrio de Los Prunos donde murió el niño de año y medio
Piso del barrio de Los Prunos donde murió el niño de año y medio - Juan Flores
Tribunales

Piden más de 28 años de cárcel para la madre y su pareja por asesinar a golpes a su bebé de 18 meses en Sevilla

Palizas, quemaduras de cigarrillos, insultos o duchas frías son algunos de los terribles episodios que sufrieron la víctima y su hermano de tres años en su vivienda del barrio de Los Prunos de la capital

Jesús Díaz
SevillaActualizado:

Dos hermanos, de tres años y de 18 meses de edad, sufrieron un horror en sus primeros años de vida. Uno de ellos fue maltratado en múltiples ocasiones. El otro, el menor, falleció por los golpes recibidos en su cabeza cuando lo zarandeaba la pareja de su madre, sin que ésta hiciera nada. Por estos continuos episodios de violencia contra los menores y por el asesinato de uno de ellos, la Fiscalía pide 28 años y siete meses de prisión para Isabel, la madre de 30 años, y Ezequiel, la pareja de ella de 37.

Los terribles hechos ocurrieron en el año 2016 en un piso de la calle Binéfar del barrio de Los Prunos de la capital andaluza. Isabel tenía dos hijos, de tres años y de 18 meses, fruto de dos relaciones anteriores. Ezequiel también tenía otros dos hijos de otra mujer. En los primeros meses de 2016 Isabel y Ezequiel se fueron a vivir juntos.

Los malos tratos por parte de la madre a sus hijos ya venían de lejos, con insultos y castigos físicos, o dejándolos a oscuras en su cuarto o en el pasillo del bloque.

Esta situación continuó cuando empezaron a vivir juntos, hasta que ocurre la muerte del menor en abril de 2016 y el hijo mayor de ella pasa a estar bajo custodia de la Junta de Andalucía.

Encerrado a oscuras y sin comer

Según el escrito de acusacion de la Fiscalía, los dos trataban a los menores «con absoluto desprecio, insultándoles constantemente», con expresiones tales como «gilipollas o imbéciles»; y agrediéndoles, a modo de castigo fisico, por el simple hecho de que protestaran o lloraran por cualquier cosa, siendo también frecuente que los acostaran sin cenar, llegando a pegarles incluso en presencia de los hijos de Ezequiel.

Los castigos físicos al niño de tres años consistían, según el duro relato de los hechos del fiscal, en «apagarle cigarrillos en la espalda, barriga o glúteos; meterle en la bañera y ducharle con agua fría, con ropa inclusive, durante largo rato mientras llorara; encerrarle en su habitación cerrada con pestillo y sin luz; y golpes hasta hacerle sangra».

En otra ocasión, el acusado metió al mayor de los niños en su cuarto, donde lo encerró. El niño comenzó a llorar y a dar patadas a la puerta, por lo que el investigado entró «violentamente, lo agarró y lanzó contra la cama, para posteriormente colocarse encima de él, poniéndole en la cara una almohada para que se callara». Sólo paró cuando uno de sus hijos intervino.

Por su parte, las agresiones físicas al niño de año y medio consistían en golpes y pellizcos en brazos, piernas, nalgas y, sobre todo, en la cabeza, llegando a producirle multitud de hematomas.

La madre «obvió» sus obligaciones de cuidados de sus hijos mientras escuchaba los golpes y su llanto

«En esta dinámica de agresiones e insultos a los niños que mantenían los dos acusados» se produjo la muerte del más pequeño. El 23 de abril, sobre las siete de la tarde, los acusados decidieron acostar al menor, que no había dormido siesta y se quejaba llorando. Con la aprobación de la madre, que estaba en el salón hablando por teléfono, Ezequiel «se llevó al niño a la habitación de ellos, donde tenía su cuna».

Continúa el fiscal: «Comoquiera que el niño no paraba de llorar, el acusado, agarrando al menor fuertemente por los brazos, quien no tenía capacidad alguna de defensa dada su corta edad, y con ánimo de causarle la muerte o, en todo caso, sin importarle que se muriera, lo zarandeó brutalmente, al tiempo que le chocaba sucesivamente la cabeza hasta en tres ocasiones con una superficie plana, a nivel frontal, biparletal y en la zona temporal izquierda, dejándole después en la cuna».

La madre escuchó los golpes y el llanto del niño, «obviando la obligación de cuidado que como madre le correspondía, no haciendo nada para impedir la agresión mortal, ni posteriormente para auxiliar a su hijo, desentendiéndose de su estado y sin importarle que, a causa de los golpes que había escuchado, falleciera».

La muerte no fue instantánea, sino que se produjo de forma progresiva en unas horas, de modo que el traumatismo craneoencefálico causado por las contusiones en la cabeza provocó paulatinamente hemorragias internas, dando lugar a un edema cerebral, provocando el coma y posterior afectación irreversible de las funciones cardiorrespiratorias, produciéndose el fallecimiento entre las 21:00 y las 24:00 horas del sábado 23 de abril de 2016.

Tras la mortal paliza, el acusado salió de su casa para tomar unas cervezas. Luego en casa, junto a su pareja, siguió bebiendo y cosumiendo cocaína. Sobre las 00:45 horas, la madre fue a la habitación para cambiar el pañal al bebé, encontrándoselo ya sin reacciones vitales. Por ello acudió a Urgencias del Hospital Infantil del Virgen del Rocío con el niño en parada cardiorrespiratoria a la 01:40 horas de la madrugada del domingo 24. La madre y su pareja fueron detenidos días más tarde y se encuentran en prisión provisional desde entonces.

Según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, a partir del 24 mayo serán juzgados por un jurado popular en la Audiencia por estos hechos, por los que la Fiscalía solicita para ambos 28 años y siete meses de cárcel por asesinato y maltrato en el ámbito familiar. Además, reclama que indemnicen al padre del menor fallecido y a su hermano.

Mientras en esta causa la Fiscalía solicita más de 28 años de prisión para los acusados, en otro procedimiento judicial de parecidos hechos a juzgar, pide prisión permanente revisable. Es el caso del bebé fallecido el 17 de junio de 2017 en la barriada del Cerezo de la capital tras ser zarandeado por el progenitor y presentar características del denominado como «niño sacudido». Aquí, el Ministerio Público reclama prisión permanente revisable para el padre.