José Luis de Augusto junto al avión que ahora pilota
José Luis de Augusto junto al avión que ahora pilota - ABC
Una historia de superación

El miembro de la tripulación superviviente del accidente A-400M en Sevilla vuelve a volar

Tras un período de rehabilitación y aprendizaje, el ingeniero dirigirá una escuela de vuelo adaptada

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La historia de José Luis de Augusto es la de una superación constante. El miembro de la tripulación que sobrevivió al trágico accidente del A-400M en mayo de 2015 ha vuelto a pilotar. Sólo que ahora lo hace pese a ser parapléjico. Porque la lesión medular que le provocó el fatídico siniestro lo dejó en una silla de ruedas.

Sin embargo este ingeniero aeronáutico y piloto profesional se puso hace unos días nuevamente al frente de un avión. Lo hizo en el Real Aeroclub de Sevilla con un kit especial que le permite dirigir el avión con las manos. Lo que antes hacía con los pies, ahora lo hace mediante el sistema «handyflight» que logra adaptar los mandos de los aviones a personas sin movilidad en las piernas. Ese dispositivo le permite «utilizar las manos para mover los pedales del avión».

No ha sido un camino fácil hasta volver a ponerse al frente de un avión. Ayer José Luis relataba su hazaña tras bajarse de la avioneta. «Ahora te llamo, que acabo de aterrizar», decía en respuesta a la llamada de ABC. Porque aunque sólo lleva cuatro o cinco horas de vuelo desde que ha vuelto a pilotar, se ha reencontrado con su verdadera profesión.

Apoyo de sus compañeros

Ha sido un camino muy largo, después de casi cuatro años en tierra, de duras horas de rehabilitación y de que durante un tiempo tuviera que dedicarse a la nueva situación, aprendiendo a ser autónomo desde una silla de ruedas. Atrás quedan sus tiempos de trabajo en Airbus aunque, según cuenta, fueron sus antiguos compañeros los que le ayudaron a remontar ese vuelo.

El día de su despedida de la factoría sevillana le dieron la gran sorpresa: habían contactado con la Asociación de Pilotos Parapléjicos de Suiza y mediante una colecta lograron traerse de Italia a un experto en vuelos adaptados. El piloto, que estaba entrenando en Verona, aterrizó en Sevilla.Con su avioneta adaptada llegó a la capital hispalense en 2017. En España no existía esa posibilidad de pilotaje para personas con movilidad reducida.

«Ellos me abrieron los ojos y empecé a investigar. El problema es que en España no había avionetas adaptadas y no había pilotos parapléjicos», explica. Ese no era el único obstáculo. Tenía que conseguir de nuevo el certificado médico de la Agencia Española de Seguridad Aérea, AESA. «Había que instalar el kit y también conseguir recuperar el certificado médico para poder volar», recuerda el piloto. Han sido largos meses de «penuria» que ha tenido que atravesar hasta volver a obtener la certificación oficial.

Con todo el proceso, que ha tardado dos años y que ha compaginado con sus cuatro o cinco horas diarias de rehabilitación. Aún tiene que acudir cada día a hacer ejercicios específicos para recuperarse de las secuelas que le provocó el siniestro.

Además, según cuenta, los impedimentos fueron muchos. Tuvo problemas para adaptar el avión. Y también para obtener nuevamente la autorización de vuelo. «No estaban habituados a que estas personas puedan volar como ocurre en otros países como Francia e Inglaterra», admite, recalcando que en España no había precedentes. Hasta que lo logró y el pasado 1 de marzo hizo su primer vuelo demostrando que tenía las aptitudes necesarias. Ya puede volar de nuevo. «Acabo de aterrizar», repite con emoción .

Pero ese camino largo aún no ha culminado.A partir de ahora su objetivo va más allá de volar. Está poniendo en marcha una escuela de vuelo para pilotos parapléjicos, algo que hará desde el Aeroclub. «Voy a ofrecer mis conocimientos y el avión de la escuela para pilotos parapléjicos», cuenta con emoción. Ya le han llamado muchas personas interesándose por el nuevo proyecto. Será a partir de ahora el jefe de esa escuela y también el instructor de vuelo. Lo hará todo de forma desinteresada y sin ánimo de lucro ya que su situación de gran invalidez tampoco le permite dedicar demasiadas horas al día.

La vuelta al mundo

Ese no es el único proyecto que tiene entre manos. También está involucrado en la vuelta al mundo en avión adaptada que, según anuncia, pasará por Sevilla el próximo verano. «Voy a a hacer una ruta por Latinoamérica», dice. Le tocará volar entre Santiago de Chile y California.

A sus 35 años, casado y con una niña de un año, a José Luis de Augusto, aquel fatídico accidente del 9 de mayo de 2015 le redujo la movilidad. Pero ni un ápice de la ilusión por seguir elevándose sobre el suelo. «Mi profesión es volar, no tenía sentido sin ello». Ahora volverá a hacerlo una vez a la semana. Nunca tuvo miedo. Ni siquiera ahora desde su silla de ruedas.

En el accidente de Sevilla fallecieron cuatro personas, Jaime de Gandarillas y Manuel Regueiro Muñoz, pilotos, y Jesualdo Martínez Ródenas y Gabriel García Prieto, ingenieros de vuelo. Sobrevivieron José Luis de Augusto, ingeniero, y Joaquín Muñoz Anaya, mecánico. El A400M estaba realizando un vuelo de prueba tripulado por personal de Airbus y se precipitó presuntamente por un fallo de software del avión. Los pilotos al mando de la aeronave, Jaime de Gandarillas y Manuel Reguiero, eludieron intentar volver al aeropuerto por el riesgo que suponía sobrevolar un centro comercial, evitando así una tragedia mayor. Intentaron un aterrizaje de emergencia en un campo del término municipal de La Rinconada, incendiándose la nave durante la operación.