Apartamentos turísticos en la calel San Vicente, junto al Museo
Apartamentos turísticos en la calel San Vicente, junto al Museo - Rocío Ruz
TURISMO

Pisos turísticos en Sevilla: impacto económico frente a molestias a los residentes

Mientras las administraciones trabajan para paliar quejas vecinales, la vivienda turística mejora el negocio de bares, tiendas y particulares que alquilan

SevillaActualizado:

El tremendo auge del turismo en Sevilla capital (3,6 millones de visitantes y 6,4 millones de pernoctaciones en 2017) y la proliferación de pisos y apartamentos turísticos en su Casco Histórico, que han forjado un nuevo modelo de enorme fuerza por sus precios y agilidad, están variando notablemente la convivencia entre los residentes y los visitantes en las zonas donde todavía queda numerosa representación de los primeros y el proceso de gentrificación (reforma de zonas antiguas y correspondiente subida de alquileres) no ha vaciado de sevillanos la zona. Estos cambios, rápidos e intensos, han generado algunas ventajas entre la población autóctona, que ahora encuentra más vida a su alrededor y también más oportunidad de negocio merced a los vecinos efímeros (comercios, bares...), pero también importantes problemas por el choque entre los hábitos de los residentes y el ocio de quienes vienen a pasar unos días de diversión, que muchas veces incluyen entradas, salidas, copas, ruidos y molestias a horas en que los vecinos de siempre descansan. Además de contar con las lógicas pérdidas para la planta hotelera y de la evasión de impuestos y competencia desleal en el caso de los pisos irregulares, el despegue de este tipo de alojamiento tiene una evidente afección en la rutina ciudadana. Con aspectos negativos y pero también positivos, que invitan a replantearse aquello de la «turismofobia».

Los números cantan y dibujan perfectamente la eclosión de este fenómeno. Según los datos actualizados que posee la empresa municipal de la vivienda y el alquiler (Emvisesa), la ciudad supera ya las 10.600 viviendas con finalidad turística (VTF), de las que más de la mitad se encuentran en el Casco Antiguo (casi 6.800). En este distrito, el más sensible a todos los efectos, las VTF alcanzan ya el 20% del total de viviendas. Eso sí, apenas el 15% de las viviendas turísticas están registradas, siendo el amplísimo porcentaje ilegales. La lucha contra esas irregularidades se ha incrementado y ya no se puede inscribir un piso como «turístico» sin un número de registro de la Junta de Andalucía, pero queda muchísimo por hacer. Y las VTF no para de crecer, mientras tanto. Incluso fuera del Centro. En Triana, por ejemplo, hay ya casi 1.200 pisos turísticos, según las estimaciones de Emvisesa, estando sin registrar oficialmente nada menos que el 90%. En Nervión se superan las 600 y en la Macarena se roza justo esa cifra.

De la Alameda al Arenal

La repercusión de las VTF es enorme a estas alturas, por tanto. En cuestión de impacto general del turismo, el caso más paradigmático es el del Barrio de Santa Cruz, pero más por la presencia de riadas de turistas en las calles que por la convivencia diaria en una comunidad vecinal. Eso sí ocurre más en otros espacios del Centro, como todo el entorno de la Alameda de Hércules, el eje San Luis-Feria, el tramo Santa Catalina-San Juan de la Palma o, al otro lado, la zona más cercana al río, la de San Lorenzo y el Museo. Como en el Arenal o la propia Triana. En buena parte de estas calles la convivencia se ha modificado por la irrupción de pisos y apartamentos con extranjeros en tránsito. Pero las opiniones al respecto son variadas y hasta contrapuestas al tratarse de una materia poliédrica y con implicaciones de numerosos y variados aspectos.

Pequeñas tiendas de barrio que habían visto reducirse el negocio hasta la mínima expresión por el envejecimiento del vecindario vuelven a reverdecer la caja. Y eso, en los tiempos que corren, es mucho. «Desde hace ya un par de años, la actividad ha subido gracias a jóvenes extranjeros que compran aquí pequeñas cosas para cenar o tenerlas en los apartamentos, como el pan, bebidas, fruta… son productos baratos, pero uno a uno van sumando», explica Antonio, responsable de una tienda de comestibles del entorno de la calle Feria, donde los «guiris» tirando de una maletita con ruedas son postales muy habituales. «No es que gasten mucho, pero si se compara con lo que puede dejarse aquí la gente mayor del barrio, pues viene de maravilla. Porque, además, les suele gustar más el tipo de tienda típica, con productos más tradicionales, que el bazar oriental. Son más selectivos de lo que la gente cree», añade el tendero conectando el análisis con otro sector que se ha visto beneficiado por la incorporación del turista a su público: los mercados tradicionales.

En las clásicas plazas se ve ahora también, y cada vez más, a ese cliente que llega a Sevilla a pasar unos días en un piso turístico. En los puestos del mercado de abastos de la calle Feria lo saben bien. «Se nota, se nota que hay más gente en el barrio —explica a este periódico uno de los carniceros—. Primero vino más juventud y ahora, sobre todo, más turistas. Y eso ha hecho crecer las ventas porque los hay que son bastante sibaritas o quienes prefieren la experiencia de comprar productos más auténticos y de la tierra. Los veo llevarse chorizo, buen queso, vino... Se ha reactivado mucho todo eso y no se puede negar que el turismo ha ayudado bastante a que eso ocurra. Viene muy bien. Hay más gente en la zona y el dinero no tiene nacionalidad».

Turistas en un velador sevillano
Turistas en un velador sevillano- R. Ruz

Argumentos parecidos utilizan en los bares de estos espacios urbanos plagados de pisos y apartamentos turísticos, especialmente aquellos más castizos que habían decaído por su situación céntrica. Tras la barra de uno de esos establecimientos del entorno de al Alameda a los que milagrosamente no llegaron los platos de pizarra ni el chill out, Andrés destaca «la vida que le dan a muchas calles del centro estos turistas», que «están gastando lo que dejaron de gastar los vecinos que se fueron haciendo mayores. Estos barrios más antiguos han ido perdiendo gente y los que vienen de visita compensan. Y se acostumbran muy rápido a la cervecita...».

Pero no sólo los bares y los comercios céntricos se están viendo beneficiados por el crecimiento de las VTF. El sector de la construcción y el inmobiliario están apuntalando en parte su recuperación en este tipo de casas, bien por el alquiler, bien por la reforma de edificios. En ese primer campo, el de los arrendamientos, cabe destacar además lo mucho que está recayendo en propietarios particulares, lejos de la creencia de que son grandes empresas las que están sacando la principal tajada de los apartamentos turísticos. Según datos municipales, el 76% de la oferta que se anuncia corresponde a particulares. En cuanto a la construcción, se trata de un ámbito que no conlleva únicamente la reforma en sí de pisos, casas, edificios o hasta manzanas enteras del Casco Histórico sino también una mejora notable de paisajes urbanos degradados. Actualmente, hasta una treintena de edificios del Casco Antiguo se están reformando o van a hacerlo en breve para salir al mercado como VTF. En Sevilla hay ya 128 edificios dedicados a apartamentos turísticos, el 99% de los cuales está en el Centro. Esos edificios suman 980 apartamentos turísticos, con 3.500 camas en total. Y no extraña que inversores nacionales e internacionales hayan solicitado ante la Junta de Andalucía la autorización para explotar otros 30 edificios.

La compleja convivencia

Evidentemente, y como se viene recogiendo, también las quejas por el crecimiento de estas viviendas van en aumento, aunque bastante más vinculadas a las molestias nocturnas y al incumplimiento de normas comunitarias, especialmente en Santa Cruz y en el Arenal. De hecho, los administradores de fincas de Sevilla vienen reclamando medidas como la declaración de zonas acústicamente saturadas y están promoviendo entre las comunidades la inclusión de nuevas normas para que la conciliación entre turistas y residentes pueda producirse. María, una vecina del entorno de la calle Adriano en cuyo edificio hay pisos turísticos, detalla cómo «cada vez es más difícil vivir con tranquilidad, porque por mucho que se les explica, a los tres días vuelve a entrar gente nueva que desconoce los horarios o que simplemente hay que llevar la basura al contenedor. Es una batalla diaria y nadie está controlando el tema». Hay mucho por pulir, sin duda.

En Santa Cruz, de hecho, los vecinos ya se han movilizado al respecto y han trasladado escritos al Consorcio de Turismo para alertar no sólo de las molestias que generan los grupos de turistas sino ante la «pérdida de identidad» y de la propia idiosincrasia del barrio. Desde el Ayuntameinto se ha empezado a trabajar en ese sentido, aunque de momento sólo en el ámbito más estético, retirando elementos publicitarios, estanterías, carteles y veladores de las calles para mejorar el tránsito y no estropear tanto el paisaje. Pero queda el «factor humano». «Esto ha cambiado mucho en los cuatro o cinco últimos años -explica Soledad, una vecina de la judería hispalense- y cada vez es más difícil vivir con tranquilidad. No para de pasar gente haciendo mucho ruido, pero sobre todo lo hacen quienes alquilan los pisos, que no conocen nuestros horarios ni costumbres y, como vienen sólo a estar unos días, no les importa molestar. Pasa mucho con grupos de jóvenes extranjeros, que vienen de fiesta, a beber, a divertirse... Y nadie tiene en cuenta que lso que llevamos toda la vida aquí queremos descansar».