Una camioneta transita, como puede, por la calle Fabiola
Una camioneta transita, como puede, por la calle Fabiola - J. M. Serrano
Obras y movilidad

El plan de tráfico por las obras en el centro de Sevilla, una trampa para los repartidores

Los vehículos de mercancías deben llegar a Mateos Gago por la calle Fabiola, de sólo dos metros de anchura

La dimensión de camionetas y furgonetas obliga a éstas a rozar la muralla, de la que se está desprendiendo material

SevillaActualizado:

El plan especial de tráfico que ha diseñado el Ayuntamiento de Sevilla para las semanas durante las que se desarrollan las obras de repavimentación y adoquinado de varias calles principales del Casco Histórico, en agosto y septiembre, presenta carencias importantes, que están dando la cara estos días de manera ostensible. Especialmente, la que atañe al transporte de mercancías, vital en el Centro por la abundancia de establecimientos hoteleros y hosteleros a los que hay que surtir cada mañana y que tienen en las zonas de carga y descarga su única opción. El transporte de esos suministros, que se realiza en furgonetas o camionetas, ha encontrado una auténtica trampa en el nuevo trazado que ha dispuesto la Delegación de Movilidad para acceder hasta Mateos Gago, vía neurálgica para el abastecimiento de estos locales y arteria principal del barrio de Santa Cruz.

Desde hace unos días, las obras en el entorno de esta calle y de otras cercanas como Santa María la Blanca, así como las de la zona de Entrecárceles, Cuesta del Rosario o Hernando colón, han obligado al Ayuntamiento que lidera el socialista Juan Espadas a diseñar un plan de tráfico con itinerario alternativo para el transporte de mercancías matinal, que ahora debe dar un rodeo mayor para llegar al entorno de la Catedral usando el habitual acceso por la calle Águilas. Para conectar con Mateos Gago por arriba —en la dirección inversa a la habitual—, los repartidores deben desviarse por San José y Madre de Dios para llegar a ese objetivo por la calle Fabiola. Pero precisamente en el corto tramo de esta histórica calle el asunto se complica sobremanera por lo angosto de ese inicio de la calle, de dos metros de ancho. Nada más tomar la curva que trae a los vehículos de reparto desde Madre de Dios en busca de Mateos Gago, el problema ante la estrechez de la calzada está servido y el roce con las paredes de ambos lados, asegurado.

La cuestión es más grave de lo que parece, ya que, casualmente, una de las dos paredes con las que se topan las camionetas de reparto -concretamente la de la izquierda en el sentido de la dirección del tráfico- corresponde a un tramo de la muralla medieval de la ciudad, que conserva incluso su almenado y que está siendo claramente dañada por el roce de estos vehículos de transporte de mercancía; que, por otra parte, tampoco tienen más alternativa que continuar adelante llegados a este punto. Bien con el propio contenedor, bien con los retrovisores o bien con la estructura del vehículo en sí, se está produciendo estos días con enorme frecuencia el roce con el lienzo del siglo XII y el desprendimiento de materiales del mismo, algo de lo que han alertado los vecinos. El asunto evidencia un problema de planificación por parte del Ayuntamiento que vienen denunciando estos residentes, que se quejan de la «falta de control» y la ausencia de policías que eviten el acceso a esta zona sensible de camionetas de dimensiones excesivas.

Tres patrullas específicas

Pero el Ayuntamiento matizaba ayer la cuestión subrayando que el plan de tráfico «está supervisado y bajo estricto control» puesto que hay tres patrullas de la Policía Local destinadas a ello, dos en puntos fijos y una itinerante. Los agentes tienen «claramente señalado el criterio para permitir el paso, que es que el vehículo no exceda de 1,90 metros de anchura». Eso sí, parece obvio que no se está aplicando ese baremo con el rigor que se debiera a tenor del transporte que está accediendo al corazón de la capital andaluza, algo que el Ayuntamiento achacaba ayer a «los cambios de turno», en los que «alguno se puede colar como puede pasar el resto del año». Según los vecinos, ese control policial brilla por su ausencia y «pasa quien quiere».

Tomando como base este criterio de la anchura máxima de 1,90 metros, además, se genera un problema en buena parte del transporte de mercancías, que excede ese nivel y se queda, de este modo, sin la opción de repartir en el Centro, lo que genera malestar en el sector. El Ayuntamiento aseguraba que éste es «el único plan posible y viable para asegurar la carga y descarga durante las obras, que se hacen en estas fechas al causar una afección menor», agregando que se ha hecho «una campaña de información puerta a puerta con vecinos, comerciantes, hoteleros y hosteleros para explicarles los detalles de las obras, que incluso se han buzoneado».