Victoria alada del Parque María Luisa
Victoria alada del Parque María Luisa - ABC
Patrimonio

La Plaza de América de Sevilla recupera cuatro de estas míticas esculturas con más de un siglo de historia

La Plaza de América recupera cuatro de estas míticas esculturas con más de un siglo de historia

SevillaActualizado:

Desde 1914, un grupo de esculturas otea el paisaje de una de los lugares más simbólicos de la ciudad: la Plaza de América del Parque de María Luisa. Dieciséis victorias aladas que rodean todo el perímetro del lugar y que están siendo restauradas recuperando su tonalidad original. Cuatro de ellas ya lucen con todo su esplendor gracias al trabajo de un equipo de cinco personas comandado por José de León que devolverá a su estado primigenio a estas obras realizadas por los maestros Lorenzo Collaut Valera, Pedro Carbonel y Manuel Delgado Brackenbury.

Promovido por el Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla, estos primeros trabajos se han centrado en cuatro de las seis firmadas por Collaut Valera. El pasado mes de mayo finalizaron estos trabajos que han durado cuatro meses y que, en palabras de León, «han tenido un carácter conceptual, ya que no se ha limitado al material sino a la recuperación de sus elementos y su simbología de raigambre clásica, muy en consonancia de la Exposición Iberoamericana del 29 -para lo que fueron creadas-, los edificios de la plaza y el pensamiento general de Aníbal González».

Un proyecto que busca tener continuidad en los próximos meses con las doce obras que aún quedan por intervenir y que completan este conjunto.

Estado de conservación

Las vicisitudes históricas propias del contexto de la muestra del 29 definieron las características técnicas y el estado de conservación que hasta la fecha presentan estas piezas que nunca han sido intervenidas en 104 años de vida.

Las obras están realizadas en Bateig, la piedra arenisca como material constitutivo de las esculturas por su facilidad a la hora de ser trabajada y su bajo coste. Esto fue así por «la premura exigida en los plazos de ejecución de entonces y la precariedad económica que obstaculizó el ímpetu constructivo de la Exposición de 1929».

Debido a su debilidad ante la humedad, dado su alta porosidad, el paso de un siglo había causado estragos en este conjunto escultórico, «como podía observarse en la gran cantidad de pérdidas de volúmenes y en una capa de depósitos residuales que ocultaba casi en su totalidad todos los detalles plásticos que definían su estilo», recalca el restaurador. Por ello, «la intervención debía completar la restitución de su carácter funcional original como elementos simbólicos que resaltaban el mensaje triunfalista -como es el caso de una de las espadas que portan- y victorioso con el que fue planteado tanto la plaza, como los pabellones por Aníbal González.

Además de su precario estado de conservación y del ánimo por rescatar su función, los valores culturales y paisajísticos del enclave donde se encuentran las esculturas fueron determinantes a la hora de ratificar el carácter científico de la intervención».

Tras un proyecto previo, «el desarrollo de los trabajos ha discurrido bajo la premisa del respeto absoluto por el original del artista y por cualquier aportación de la historia que no supusiera un menoscabo a los valores culturales del bien. Las soluciones, métodos, materiales y productos utilizados no sólo han sido contrastados en experiencias análogas ejecutadas con anterioridad en Sevilla, sino que además se ejecutaron con ensayos previos, pruebas de idoneidad y un estudio completo sobre las características técnicas de la piedra».

Todo con tratamientos adaptados a este tipo de piedra y «que cumplen con el criterio de reversibilidad y compatibilidad expresado en la mencionada ley y además están sujetos a lo contemplado en el marco de la Carta de Venecia de 1968», señala León.

Conservar la piedra

Conservar la piedra ha sido uno de los retos más complicados de estos trabajos, «no introduciendo variables que puedan trastocar el mensaje artístico de sus autores». Dado el avanzado estado de deterioro que presentaba el material lítico «no sólo se ha pretendido con estas soluciones frenar la sintomatología, sino también garantizar la conservación futura con tratamientos y productos con garantías durante un periodo de tiempo razonable».

La fase operativa de todo el proceso se ha desarrollado siguiendo lo dictado por el Grupo de Trabajo para tratamientos de la Piedra (ICOM, ICOMOS, ICR-Roma, 1971), el proceso de conservación se ha dividido en tres pasos: limpieza, consolidación y protección, que se han aplicado como una secuencia ordenada de operaciones respondiendo a las necesidades de cada caso según los deterioros particulares, en lugar de un proceso único.

La restauración «ha servido como experiencia de conocimiento para analizar el estado de las Victorias, su evolución y sistemas constructivos». Actuaciones que en algunos casos han necesitado de la retirada inminente de la pieza de sus columnas de 16 metros, algo que el espectador puede comprobar su pasea durante estos meses por la plaza.

«Su estado ponía en riego de desprendimiento un total de siete figuras, que rápidamente fuero retiradas como medidas de emergencia y que actualmente esperan ser restauradas y restituidas con el fin de devolver la belleza a uno de los espacios turísticos más importantes de toda la ciudad y aun enclave que como «Parque de las Palomas» forma parte de la memoria sentimental de la ciudad», finaliza León.