La superiora de las Oblatas, Marisa Cotolí
La superiora de las Oblatas, Marisa Cotolí

Religiosas Oblatas: la mano tendida a las mujeres para salir de la calle

El centro «Al Alba» cumple una década en la calle Relator atendiendo a víctimas de prostitución forzosa, de trata y en situaciones de desigualdad y exclusión social

SevillaActualizado:

El carisma de las religiosas Oblatas del Santísimo Redentor, dedicadas a mujeres víctimas de prostitución forzosa, de trata y de situaciones de desigualdad y exclusión se materializa en Sevilla en el centro «Al Alba», en la calle Relator, junto a la Alameda, donde llevan a cabo la enorme obra de intentar devolverles la dignidad con una atención personal buscando su autonomía, su independencia y su inserción laboral, dándoles confianza, esperanza y alternativas.

«Al Alba» cumple diez años en los que han atendido en Sevilla a 2.107 mujeres con plena dedicación a los fines fundacionales de las Oblatas, que se remontan a 1864, cuando la congregación nació en el madrileño Ciempozuelos de la mano del benedictino José María Benito Serra —que llegó a ser obispo en Australia— y de la venerable María Antonia Oviedo y Schöntal —hija de padre sevillano y madre suiza— mujer culta, escritora, adelantada a su tiempo, que fue institutriz de tres hijas de la Reina María Cristina, para dar cobijo a las mujeres que se veían abocadas a la prostitución como modo de subsistencia.

«Nunca las Oblatas se han desviado de su carisma», afirma Marisa Cotolí, superiora de la congregación en Sevilla, donde las primeras religiosas llegaron en 1961 justo cuando el Tamarguillo se había desbordado. Aún vestían su hábito gris, del que acabarían prescindiendo al pairo de los nuevos aires que dejó el Concilio Vaticano II, aunque no de su sentido: «Que no quede de vosotras más que las cenizas, que os desgastéis...», recuerda Marisa Cotolí, indicando que el nombre de la congregación mira hacia la oblación en el altar.

Tres religiosas, una treintena de voluntarios, cinco trabajadores y catorce laicos que llevan a gala y con orgullo el apellido de Oblatas concretan el espíritu de su labor en «Al Alba». «El centro se inauguró el 21 de diciembre de 2006 con un grupo de mujeres españolas y latinoamericanas. A lo largo de los años ha ido cambiando no el perfil sino la procedencia de las mujeres y actualmente hay mayoría de nigerianas, aunque también de países del Este, latinoamericanas y españolas», explica la superiora, quien detalla que trabajan en cuatro pilares de intervención: uno es la «formación, con enseñanza de español, más aprendizaje de montar en bici, habilidades sociales y prelaborales, cocina mediterránea y mantenimiento del hogar». El segundo es la sensibilización, en el que van a colegios, institutos, universidades, foros, encuentros con trabajadores sociales, con colegios de abogados para exponer estas realidades.

Si las primeras Oblatas recibían en su casa a estas mujeres, con el tiempo se hizo necesario salir a su encuentro y crear espacios a los que pudieran acudir, caso de «Al Alba». Esto se concreta en otra de las líneas de actuación: la intervención en la calle, para lo que tienen dos equipos. «El diurno se acerca a las casas de citas y el nocturno a las mujeres en la propia calle», detalla la superiora, «para empatizar, lograr un acercamiento, establecer una relación... Llevamos café, galletas y material preventivo, esto último por un convenio con la Consejería de Salud, y ofrecemos alternativas a la prostitución». Por último, también realizan una «intervención socio-educativa con menores, facilitando a las mujeres un espacio para los niños, atendiendo a los más pequeños y dando apoyo a los menores en edad escolar».

Este año, el centro lleva a cabo un curso de emprendimiento social, de merchandising, para acercar a las mujeres a la inserción laboral de forma real, con diseños propios para personalizar todo tipo de productos en el que se forman cinco mujeres.

Mujeres rotas

A «Al Alba», dice Marisa Cotolí, las mujeres «llegan muy destrozadas porque han sufrido todo tipo de violaciones de sus derechos como personas y como mujeres, agresiones físicas, sociales y morales. Vienen muy rotas, pero albergando esperanza de que es posible vivir, caminar hacia adelante, ponerse en pie... nuestro trabajo es fundamentalmente acoger, escuchar en profundidad, caminar a su lado, hacia ese ponerse en pie hacia la autonomía y la independencia».

Observando y percibiendo, la superiora destaca «la capacidad de resilencia que tienen. Mi sentimiento es de dolor y siempre me pregunto que hasta cuánto pueden aguantar un cuerpo y un alma tanto sufrimiento», pero, a la vez, Marisa Cotolí se une a «su sentimiento de esperanza para no dejarme atrapar por el dolor y poder ayudar, para estar en el brocal del pozo lanzando cuerdas para que ellas puedan subir».

En el centro, las cinco mujeres del curso de merchandising también están ocupadas en aprender costura. Sonríen. Una de ellas se coloca un cintillo verde coquetamente. Se respira ilusión y alegría.«Estas mujeres son testimonios vivos. Veo la imagen del Redentor en ellas», dice, emocionada, la superiora, «a pesar de lo que han pasado son capaces de despertar cada mañana con la esperanza de que es posible vivir y no sobrevivir, y echar a andar. Esa alegría que tienen es el testimonio de vida, porque ellas nos enseñan a mantenernos en pie y nos hablan de fortaleza. Como mujer creyente que soy, enamorada del Señor, tengo la creencia de que los milagros existen y que Dios las sostiene en la palma de la mano».

Puertas abiertas en «Al Alba»

Para celebrar la década atendiendo a mujeres y ayudándoles a reconstruir sus vidas, el centro «Al Alba» abre hoy sus puertas para todos aquellos que quieran acercarse a conocer la labor que allí realizan las Oblatas. El centro, en la calle Relator, número 33, abre esta jornada a la una y media de la tarde. Habrá tapas, arroz, Cruzcampo y refrescos a módico precio. A las seis de la tarde actuará la cantante sevillana Vicky Luna. A las siete y media terminará la jornada.