La torre de San Bartolomé recubierta de andamios - RAÚL DOBLADO / VÍDEO: ANTONIO PERIÁÑEZ
PATRIMONIO

Restauración de la torre de San Bartolomé: treinta metros sobre el cielo de la Judería

La restauración del campanario de la parroquia está llegando a su final y en dos meses, cuando retiren los andamios, vestirá de color albero y almagra

SevillaActualizado:

En las callejuelas de la Judería, en una mañana cualquiera apenas se escucha el cantar de los pájaros o el ruido de la maleta de un turista rodando por los adoquines. En este barrio de casas señoriales cada vez más despoblado de vecinos, junto al palacio de los Mañara se levanta una parroquia que es vigía de la historia de la ciudad y en cuyos cimientos está la antigua Híspalis, una iglesia visigoda, una mezquita y una sinagoga hebrea.

Por eso, su torre es el mejor mirador de este laberinto que fue gueto judío tras la Reconquista. Este rascacielos del siglo XVIII, que había perdido su policromía y se tambaleaba por la desidia de las administraciones, está siendo rehabilitado con el esfuerzo de los pocos feligreses que habitan la collación de San Bartolomé, la lucha incansable de un párroco con acento de la Meseta y por un arzobispado sensible con el patrimonio. En sólo dos meses, los andamios serán retirados y el campanario recuperará los colores de Sevilla: el albero y el almagra que ninguna generación viva recuerda.

El jefe de obras, Juan Martín, que lleva desde febrero trabajando a treinta metros de altura, cuenta la dificultad que supuso la sustitución de las vigas de hierro, cuyo óxido había resquebrajado el mortero, por el acero inoxidable. Se trata de unas columnas de cinco metros que van desde la cornisa a la cima de la torre, que tuvieron que ser apuntaladas para ser retiradas. Se desmontaron y, en el corazón de estos pilares, se introdujo acero inoxidable recubierto con ua material de seis milímetros que absorbe su dilatación. Después, se reconstruyeron con los materiales originales.

El padre Miguel Silvestre junto a las columnas de la torre
El padre Miguel Silvestre junto a las columnas de la torre - RAÚL DOBLADO

ABC pudo subirse al andamio, de apenas medio metro de anchura, que rodea en quince pisos la fachada. En este paseo del vértigo se observan los óculos abiertos, así como las marcas que atestiguan dónde hubo ventanales siglos atrás. Sorprende que, ahora mismo, el campanario viste de blanco, primera imprimación antes de pintarla de los colores definitivos, cuyas pruebas se están haciendo en la parte que da a las cubiertas de la parroquia. No quieren que quede como San Ildefonso, «demasiado pasteloso». Se utilizarán técnicas modernas que impedirán su degradación.

Al andamio se suben también el párroco, Juan José Sauco, y el padre Miguel Silvestre, vicario del templo. Ambos pertenecen a la Obra de la Iglesia, congregación a la que la diócesis encomendó el cuidado pastoral de San Bartolomé. Don Juan José, que lleva desde 2010 en el gobierno de la parroquia, disfruta cada día hablando con los trabajadores que están restaurando el campanario por el que tanto ha luchado en los últimos años. Conforme va subiendo escaleras, va contando: «Esa torre es la del antiguo convento de los Descalzos; allá a lo lejos, la Magdalena; mira qué vista más bonita de la Giralda; todos esos edificios pertenecen a las Casas de la Judería...».

El párroco, Juan José Sauco, subido al andamio
El párroco, Juan José Sauco, subido al andamio - RAÚL DOBLADO

Se conoce el skyline de Sevilla como nadie. Y esta semana llegan las campanas, que están apoyadas sobre el suelo a la espera de ser ubicadas en sus yugos y vuelvan a repicar. El párroco está ilusionado por volver a escuchar la carraca llamando a la misa.

El viaje hasta lo alto llega a su fin, ahora queda recorrer las galerías interiores, también restauradas, hasta los pies de la iglesia. Uno observa el exterior y se imagina un templo en ruinas. Nada más lejos de la realidad, aunque la rehabilitación que llevó a cabo la Consejería de Cultura hace dos decenios no fue nada afortunada.

Abierta todo el día

Desde hace diez años, la parroquia abre desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche. Es de los pocos sitios en la ciudad donde el Santísimo está expuesto de forma permanente. Pese a la escasez de feligreses en un barrio cada vez más envejecido y colmado por el turismo, hay turnos de vela cada hora y siempre hay personas orando ante la única capilla barroca del templo: la sacramental. Tanto el padre Juan José como el padre Miguel han comprendido las necesidades de un entorno cosmopolita. Por eso, ofrecen confesiones en inglés, francés e italiano, idiomas que ambos conocen.

Ahora, sueñan con acometer la segunda fase de la restauración, la que afecta a la fachada. A la espera del presupuesto, el párroco quiere que una vez termine la rehabilitación de la torre, sin solución de continuidad se trabaje en la fachada principal, de forma que no haya que llevarse los materiales. Sin embargo, la parroquia carece por sí misma de los recursos económicos necesarios y por eso hacen un llamamiento a donantes particulares para que aporten lo que puedan para rehabilitar este BIC, a sabiendas de que la Junta de Andalucía, cuya Consejería de Cultura está justo al lado en la Casa de los Mañara y completamente restaurada pese a que no está abierta al público, no pondrá un duro. El padre Juan José sentencia: «La iglesia se construye con las promesas de los ricos y el esfuerzo de los pobres».