Ruta por los graffitis que embellecen Sevilla

Un recorrido por la pinacoteca de persianas, paredes y fachadas que dan color a la ciudad gracias a los artistas callejeros

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Los bares echan la reja y entonces Sevilla abre la última galería de su museo, dedicada al arte urbano. Paredes, persianas, barrotes, puertas y ventanas que un día estuvieron desnudas hoy han sido decoradas por profesionales. Graffitis y murales llenan de color el callejero de la ciudad y crean un revulsivo de tonalidades y figuras que se hablan unas con otras. No gritan. Pues están integradas en el espacio que ocupan y se han ideado con gusto. Y no son actos de vandalismo, sino lo contrario. Un recurso para embellecer lo que lucía simple o ajado.

Curiosamente, el mejor momento para disfrutar de esta pinacoteca al aire libre es cuando menos luz hay: por la noche. Los negocios cierran y en sus puertas cicatrizan las obras de estos artistas. Todo un entramado de calles, muros, paletas, verjas y estilos que se descubren al completo cuando la ciudad se duerme.

Obras y artistas

Hay numerosos artistas que han utilizado la calle como lienzo para expresarse. Unos trabajan por encargo, otros por gusto. Aunque todos ejercen una labor importante al llevar su pintura a todos los públicos. César Bahamonte, Fabián Bravo, conocido como «Kato», y Alexandra del Bene son algunos de ellos. Como se suele decir, no están todos los que son, pero sí son todos los que están.

Obra de César Bahamonte en Pasaje Mallol
Obra de César Bahamonte en Pasaje Mallol

El primero, que le ha puesto la «z» a su firma, es el más internacional. A sus 32 años, ha pintado alrededor de medio mundo graffitis en fachadas de edificios que a veces superaron las diez plantas de altura. En Sevilla, sin embargo, «es donde menos he trabajado, porque las leyes de patrimonio son poco permisivas, aunque espero que la situación mejore con los años». Su estudio se encuentra en la calle Sol y los músicos en azul y amarillo de Pasaje Mallol número 22 forman uno de sus murales que podemos visitar.

Quien más trabajos ha hecho en la ciudad es «Kato», que ha perdido la cuenta aunque asegura que «solo en el centro hay más de 600». Este joven sevillano ha elaborado un mapa en «Google Maps» donde se pueden consultar la mayor parte de sus obras y localizarlas sin problema alguno. El barrio de San Lorenzo y la calle Santa Ana son núcleos neurálgicos de su expresión. También Triana y los pueblos del área metropolitana. Su última pieza, de la que presume orgulloso, está al principio de la avenida Diego Martínez Barrio a la altura de la calle Ntra. Sra. de las Mercedes. Un elefante frente a un niño en blanco y negro que ha titulado «Come, reza, ama».

Elefante pintado por Kato en Diego Martínez Barrio
Elefante pintado por Kato en Diego Martínez Barrio

Fabián Bravo lleva más de una década tatuando paredes. Tan de bodegón como de paisajes o retratos, muchos vecinos de distintos barrios de Sevilla han crecido junto a su pintura casi sin darse cuenta. Su hermana es poetisa y su otro hermano también desarrolla un concepto parecido del arte urbano. Este firma como «Bisho» y ha dejado su marca en algunos establecimientos de la ciudad. Una de las más visibles está en la pared de la tienda de bicicletas de la calle Zaragoza.

Sin duda, Alexandra del Bene es una de las autoras más interesantes. Esta bohemia de oficio nació en Roma y ha vivido en La Toscana, Los Ángeles y La India para terminar en «la ciudad de la que se ha enamorado: Sevilla». Su vida, que ella misma cuenta entre carcajadas, nos permitiría escribir varias novelas. Y es la única artista que ofrece distintos recorridos por su trabajos a través de la plataforma «Airbnb». Tres horas junto a ella en las que conocer el caso histórico a través de su peculiar universo.

Torero de Alexandra del Bene en el Bar Pimentón
Torero de Alexandra del Bene en el Bar Pimentón

Comenzó en el año 2011 y ha realizado casi 100 trabajos. Aficionada al toreo, trianera adoptiva y devota de las tradiciones más profundas, «La Trialiana», como algunos la conocen, ha decorado parte del centro, el Polígono Sur y Montequinto. La calle Feria es un buen punto para comenzar a apreciar su trabajo. Allí ha pintado la persiana de Casa Vizcaíno y algunas tiendas de los alrededores. La Bodeguita Romero, uno de los pórticos de la plazoleta de San Juan de la Palma o la farmacia de Marqués de Paradas también llevan su sello. Un estilo que parte de la premisa elogiable de dar color y armonía a la calle. A veces, costumbrista. Otras, contemporánea o lo que surja, porque Alexandra del Bene se adapta a todo sin renunciar nunca a su concepto.

El arte, en cualquier sitio

El arte popular no cabe no estas líneas. Se escapa. El hombre plasma sus ideas sobre una superficie desde que tiene conciencia de su propia existencia, por eso a lo largo de la historia la pintura se ha desarrollado con paciencia y talento. Porque hay una necesidad de crear. De dejar. El pueblo escribe, canta y dibuja lo que sucede en su entorno. Y el graffiti no es más que otra disciplina dentro de las corrientes que emanan de la calle. Lo urbano.

Graffiti inspirado en la obra de Murillo en las Tres Mil Viviendas
Graffiti inspirado en la obra de Murillo en las Tres Mil Viviendas - Raúl Doblado

Todos tenemos en nuestro recorrido de casa al trabajo, a la escuela o a la universidad una pieza de referencia. Un mural anónimo que siempre vemos entre los primeros bostezos del día y el comienzo de nuestras tareas. Y es que el arte está en cualquier parte pero no lo hace cualquiera, por eso hay un artista detrás de toda copla, canción o esbozo que se dice popular. El graffiti que aquí les presentamos, como antes anunciábamos, no es el de lo marginal ni la alta suciedad, sino el opuesto. En Las Tres Mil, la productora Microlibre reinterpretó los «Tres muchachos» de Murillo en un edificio y han creado, frente a la Factoría Cultural, una genial estampa en el área más soslayada de la ciudad. La búsqueda de la belleza aparece en cualquier sitio. Y a Sevilla le favorece el arte.