Retrato de Sánchez Mejías sobre una imagen de su última faena como matador de toros
Retrato de Sánchez Mejías sobre una imagen de su última faena como matador de toros - ABC

Sánchez Mejías, el torero que era escritor, además de actor, automovilista y bético

Un libro de la investigadora Susana María Teruel documenta su influencia en los círculos culturales y literarios de la época y reivindica su talento como dramaturgo

SEVILLAActualizado:

Ignacio Sánchez Mejías (Sevilla, 1891;Madrid 1934) fue un torero único en los ruedos por su valor inaudito, con sus banderillas por los adentros o sus muletazos de rodillas, pero lo fue, aún más, fuera de ellos. Hijo de un médico, se escapó de casa siendo adolescentey viajó como polizón en un barco con destino a México.

Su insaciable curiosidad, sus ganas de aprender y su afición a la aventura le condujeron al mundo de los toros, lo que le haría famoso y convirtió en mito popular cuando Granadino lo hirió de muerte el 11 de agosto de 1934, pero también, con igual o mayor intensidad, a otros lugares y actividades. Sánchez Mejías fue, además de torero, actor de cine, jugador de polo, automovilista, presidente del Betis, mecenas de la generación del 27 y un estimable escritor, tanto en prosa como en verso.

Ignacio Sánchez Mejías
Ignacio Sánchez Mejías - ABC

A esta última faceta ha dedicado su tesis doctoral la investigadora murciana Susana María Teruel Martínez, titulada «Ignacio Sánchez Mejías. Un torero en la literatura», editada por la Fundación de Estudios Taurinosy presentada este jueves en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

«Sánchez Mejías fue una persona polifacética que lo hacía todo con mucho entusiasmo, pero su faceta literaria resulta muy reseñable», comenta la autora, que destaca sus obras de teatro, de las cuales pudo ver representadas dos sobre los escenarios. Se trata de «Sin razón» y «Zaya», ambas estrenadas en 1928 en el teatro Calderon de Madrid y el teatro Pereda de Santander, respectivamente.

La tesis de Susana Teruel sostiene que Sánchez Mejías introdujo elementos de modernidad en el panorama escénico de la época con estas dos piezas. «Toca temas novedosos como la locura o el sueño y en algunos enfoques recuerda a alguna obra de Azorín», comenta.

Aunque no era un experto dramarturgo, el torero sevillano logró reconocimiento literario con estas obras. Las otras dos, «Ni más ni menos» y «Soledad», nunca fueron representadas ni editadas en vida del autor.

Novelista

Otra de las facetas menos conocidas del diestro sevillano es la de novelista. Escribió una novela titulada «La amargura del triunfo» que no pudo acabar y que fue editada en 2009. Se trata de una obra de tema taurino, relativamente autobiográfica, que recoge cosas de su vida y de la de Joselito El Gallo, su ídolo y al que vio morir en 1920 en Madrid tras la cornada fatal que le infligió Bailaor.

En esa novela, según Andrés Amorós, hace suya la idea de que la vida del torero está llena de sinsabores y amarguras, algo a lo que ya aludió en la conferencia que pronunció en la Universidad de Columbia, en Nueva York, cuando afirmó: «Sancho es la amargura de triunfo de Don Quijote».

El torero español Ignacio Sánchez Mejías al volante de un coche de carreras
El torero español Ignacio Sánchez Mejías al volante de un coche de carreras - ABC

Sánchez Mejías también escribió un espectáculo de flamenco («las calles de Cádiz») y un poema dedicado a su hija Piruja un mes antes de morir. «Es un poema precioso y emotivo», destaca Teruel, que recoge también en su libro la epístola en verso dedicada a José María de Cossio. Esta licenciada en Filología Hispánica y doctora en Lengua y Literatura destaca la influencia de Sánchez Mejías en los círculos intelectuales y literarios de la época.

Cuando muere, se convirtió en un gran héroe mítico y poético. Escritores como Lorca («Llanto por Ignacio Sánchez Mejías»), Rafael Alberti (« Verte y no verte»), Gerardo Diego («Presencia de Ignacio Sánchez Mejías»), o Miguel Hernández («Citación fatal») le rinden homenaje. Muchas coplas populares y anónimas recuerdan el lance de la cornada que acabó segándole la vida tras negarse a ser operado en la enfermería de Manzanares.

Góngora y Calderón

Sánchez Mejías fue un gran admirador de Góngora y de Calderón de la Barca. «La influencia de sus autos sacramentales se nota en algunas de sus obras», asegura Teruel, que ve semejanzas en el lenguaje que usa el torero y escritor sevillano entre«Ni más ni menos» y «El hombre deshabitado», de Alberti. «Fue uno de los pocos diestros de su época que amaban el arte, la cultura y la literatura y eso lo hizo un torero único», comenta la investigadora, que recuerda su labor de promoción de la generación del 27.

Antonio Ramirez de Arellano, Javier Benjumea y Fátima Halcón Álvarez-Ossorio
Antonio Ramirez de Arellano, Javier Benjumea y Fátima Halcón Álvarez-Ossorio - J. J. ÚBEDA

El célebre encuentro en el Ateneo de Sevilla con la no menos famosa foto que inmortalizó a la mejor generación poética española le debe mucho a Sánchez Mejías, que invitó a buena parte de los escritores participantes a su casa y les animó a que vinieran a Sevilla con motivo de su histórico homenaje a Góngora.