Las «setas» no evitan la degradación urbanística de su entorno
jesús spínola

Las «setas» no evitan la degradación urbanística de su entorno

Hay cinco inmuebles abandonados, dos municipales y tres privados, que superan los mil metros cuadrados y no tienen proyecto futuro

sevilla Actualizado:

La cantinela fue tan repetitiva que incluso llegó a usarse como excusa para justificar los inmensos sobrecostes del proyecto Metropol-Parasol. Según el gran mentor de «las setas», Alfredo Sánchez Monteseirín, la Plaza de la Encarnación iba a ser protagonista de una «revitalización» fulgurante gracias al revolucionario plan diseñado por Jurgen Mayer tras décadas de abandono. «Este proyecto supondrá una revitalización global de nuestra economía, y tendrá, sin duda, una especial incidencia en el ámbito puramente turístico», declamaba el exalcalde mientras se aprobaban nuevos modificados que llegaron a encarecer la obra hasta los más de cien millones de euros sin dejar de ser un espacio privado de la empresa Sacyr. A punto de cumplirse un año de su inauguración, el impacto turístico empieza a ser el más valorado y la ocupación de los espacios comerciales es desigual, pues quedan locales vacíos. Pero su impacto en el entorno inmobiliario es negativo.

De hecho, a finales de noviembre, con las «setas» ya inauguradas desde hacía ocho meses, cerró el Hotel Ducal, único establecimiento hostelero de la plaza, por falta de clientes. Pero no ha sido el único caso. Este hotel fundado a comienzos de 1959 por Eusebio Moreno y que ha sido clausurado por su hijo Íñigo 51 años después porque ya apenas tenía como clientes a curas que visitaban el convento de las Hermanas de la Cruz, ha convivido sus últimos días con otro enorme inmueble completamente abandonado. Es, concretamente, el correspondiente al número 17 de la Plaza de la Encarnación, un edificio de arquitectura industrial, de tres plantas, que se encuentra completamente diáfano por dentro ante la falta de proyectos para su explotación. Actualmente pertenece a una familia sevillana y está siendo comercializado por la consultora Locartis y por el banco francés BNP Paribas. El local comercial que tiene en su planta baja, situado justo en la acera opuesta a la oficina de Sacyr en el Metropol, es de 430 metros y se vende por tres millones de euros. Jamás ha tenido uso, por lo que está en bruto. Y con las «setas» no ha mejorado la situación. En Urbanismo confirman que no existe ningún proyecto presentado hasta la fecha para este inmueble ni se ha pedido licencia de ningún tipo para su puesta en uso.

Lo cierto es que entre el Hotel Ducal y el citado inmueble, hay prácticamente 25 metros de fachada en el abandono por ese lateral del pionero proyecto arquitectónico «transformador» que prometía el anterior gobierno municipal. El hotel tiene cuatro plantas y 51 habitaciones, todas ellas cerradas desde hace cuatro meses porque la última clientela fiel salió espantada por el fragor de las obras. Y en su puerta, donde aún se mantiene la placa de la Asociación de Hoteleros para certificar que, lejos de revitalizarse, ha sido víctima del Metropol, se acumula la suciedad como emblema de su abandono.

Pero no es el único gran espacio vacío y sin un claro porvenir porvenir en el entorno del Metropol. El edificio de la calle Regina que hace esquina con la propia Plaza de la Encarnación también está sometido al yugo de los desconchones. Sólo sobreviven en su planta baja una zapatería y una joyería. El resto del edificio, de 1.420 metros cuadrados, no tiene uso. Fue diseñado por el gran arquitecto Juan Talavera en 1919 y ahora pertenece a otra familia sevillana que tiene intenciones de renovar el edificio a finales de este año para albergar restaurantes y locales comerciales. Pero en Urbanismo tampoco tienen ninguna petición oficial todavía. Y no se ha iniciado expediente para los dos edificios anexos a éste, los números 5 y 6 de La Encarnación, que son de titularidad municipal. Frente a ellos, al otro extremo de las setas, está el edificio de Hacienda, cuya explotación ha sido cedida a Sacyr como parte del pago por la obra y ahora el Ayuntamiento tiene que pagarle un alquiler por usarlo pese a que tiene los dos citados de enfrente en el abandono absoluto, con las ventanas tabicadas y esperando que se tome una decisión sobre ellos. La idea era acoger viviendas sociales en alquiler. Pero el estado cataclísmico de las arcas públicas, vaciadas por proyectos como el de la propia Encarnación, lo ha frenado todo. Siempre se dijo que, con el tiempo, se entendería en la ciudad la grandilocuencia arquitectónica del polémico proyecto, que sería motor económico de Sevilla. Pero, a un año de su apertura arroja un balance desigual. Y Sevilla está en números rojos.