Sevilla, diez años después de la crisis

Hablan los que estuvieron al frente de empresas, instituciones y organizaciones durante la época dura y afrontaron las decisiones más difíciles

SevillaActualizado:

El último año en el que fuimos felices la tasa de paro apenas superaba el 12% en Sevilla, el mercado soportaba casi 60.000 empleos más que hoy y la capacidad económica era el doble en los hogares sevillanos, que como tantos otros, se habían endeudado hasta las cejas con carísimas hipotecas y el sostén de un alto nivel de vida. Ha pasado una década de aquel 2008 en el que todo cambió, hasta la manera de contar los parados. Por el camino se quedaron decenas de constructoras, comercios históricos, restaurantes de nivel, carreteras sin terminar, edificios sin rehabilitar y proyectos sin inversión ni futuro.

Catorce personalidades que estuvieron entonces en la primera línea de fuego participan en este reportaje en el que recuerdan los inicios de la recesión y lo peor de aquellos años. También hablan de la ilusión por el futuro y de lo aprendido en este tiempo.

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  1. Miguel Rus: «Lo más duro fue despedir a buenos trabajadores»

    Al actual presidente de los empresarios sevillanos nunca le dio miedo hablar de crisis, ni siquiera cuando el dinero fluía descontrolado. Durante la primavera de 2007 y estando al frente de la patronal de la construcción (Gaesco) aconsejó prudencia en las inversiones porque iban a venir momento complicados. «Me gustaría tanto haberme equivocado», recuerda ahora. «Todo cambió al año siguiente cuando empezamos a ver a secretarios de organizaciones y amigos que por una equivocación en un solo proyecto se vieron arrastrados», asegura. La financiación y el endeudamiento eran tan altos que algunos proyectos inmobiliarios supusieron la muerte de grupos empresariales. También le llegó a su propia compañía, donde se tomaron decisiones drásticas. «Sin duda, lo más duro fue sentarse con los trabajadores y exponer y explicar. Lo peor fue despedir a buenos trabajadores únicamente porque no los podías mantener», señala. Para Rus también resultó duro oír cómo los responsables públicos negaban la crisis únicamente porque estaban a las puertas de otras elecciones. «Fue una irresponsabilidad gravísima», les reprocha. Hoy dice estar mucho más convencido de que el sistema ha ganado peso y vuelve a crecer sobre cimientos sólidos. «Eso se ha conseguido con mucho esfuerzo y algunos todavía dicen que ha sido suerte. A ellos les respondo siempre que no saben lo que hay que trabajar cada día la suerte».

  2. Juan Robles: «Nunca había visto tantos locales vacíos»

    Fueron muchos los que tuvieron que cerrar sus locales, pero también se abrieron muchos otros. Centenares de negocios hosteleros con modelos más económicos y en zonas menos céntricas. Así tiró el sector, perdiendo seguridad, pero ofreciendo una salida. Juan Robles presenciaba con preocupación aquel cambio al frente de la Asociación de Hosteleros de Sevilla, donde muchos buscaron consejo y apoyo. Lleva más de setenta años atendiendo al cliente y admite que «nunca había habido tantos locales vacíos en zonas señeras». Todavía hoy y a pesar de la recuperación del consumo, se muestra receloso. «Aguantamos bien, porque siguió creciendo el turismo, venían más extranjeros, no tanto como ahora, pero muchos», admite este empresario, que no se confía. «Han cerrado muchos clásicos, buenos restaurantes que servían un magnífico producto y ahora todo son tapas», lamenta. De cara al futuro, teme esa inestabilidad que se ha instalado en el gremio y la excesiva dependencia de los que vienen de fuera.

  3. Adolfo Arenas: «La crisis fue mucho más que una cuestión económica»

    Adolfo Arenas vivió los años más duros de la crisis al frente del Consejo de Hermandades y Cofradías. La tradición más arraigada de la ciudad se veía afectada como el resto de la sociedad, no sólo por la cuestión económica, sino por una transformación que cambió incluso las comunicaciones con los hermanos. Asegura que la institución «no se vio afectada, pues la alta demanda de sillas y palcos siempre se mantuvo», pero se replantearon las cosas en el seno de las corporaciones. Al margen de que se redujeran los estrenos o que se propusieran medidas más modestas, considera que «se empezaron a hacer las cosas de manera distinta». A la situación económica se unió una entrada masiva de la juventud, que llegó con otras ideas. «En este caso entiendo la crisis no como una ruptura, sino como una lucha», considera Arenas, siendo consciente de que «aunque tengamos una recuperación ya no vamos a volver nunca al momento anterior a 2008, porque esto es otra cosa». Sobre los estragos que hicieron los años más duros, señala que «las bolsas de caridad estaban a reventar» y que «se notó una gran pobreza silenciosa, esa que nadie quiere comentar por vergüenza». Pero no era la primera vez que ocurría, también se vivieron situaciones parecidas durante la crisis de los noventa, sin embargo, no supuso un cambio tan profundo.

  4. Nani Carvajal: «La prensa lo vivió de una forma descanada»

    No hubo periodo de adaptación. Un día se contrataba publicidad y al siguiente no había más acuerdos que firmar. La crisis llegó a los medios de comunicación en plena transición hacia el modelo digital. El cierre del grifo de la financiación y de los anunciantes truncaron esa evolución natural y forzaron un ajuste traumático, como reconoce Nani Carvajal, entonces presidenta de la Asociación de la Prensa, que acababa de celebrar sus cien años de existencia. «Cerraron muchos medios locales, pero también se vieron zarandeados los tradicionales y más consolidados», asegura. Lo peor, continúa, «fue ver a tantos compañeros, buenos profesionales quedarse en la calle, algunos con edades difíciles para su recolocación». No obstante, una editorial valora la capacidad de adaptación de muchos de ellos, «que sacaron sus blogs, crearon medios digitales y encontraron una salida en internet». Carvajal empieza a ver ahora optimismo en el sector, que se recupera de forma lenta. Aún se lamentan cierres y la inestabilidad es grande, pero la situación se ha calmado y se autorregula.

  5. Rafael Carretero: «La Feria nunca ha dejado de ser una prioridad para el sevillano»

    La Feria fue más una vía de escape para los años difíciles que una losa. Rafael Carretero, responsable de su organización durante casi cuatro décadas está convencido de ello, pero admite que el ambiente en el Real no ha vuelto a ser elmismo. «Se vive de otra forma, aunque el sevillano no renuncia y la mantiene como una prioridad», indica, y la mejor muestra es la lista de espera para casetas que no baja.

    Eso sí, cambiaron las formas y los hábitos. Indica el que fuera director de Fiestas Mayores del Ayuntamiento que «bajó mucho el consumo y se redujo el gasto». «Mucha gente se venía almorzada de sus casas y pasaba la tarde con una botella de manzanilla, también se perdieron muchos grupos de música que amenizaban las casetas», explica. Incluso cambió la imagen en el Real, con la mitad de coches de caballo e incluso con otra tipología.

  6. Vicerrectora Rosario Rodríguez: «Venía toda la familia a solicitar una ayuda»

    Las dificultades llegaron más tarde a la Universidad de Sevilla. La vicerrectora de Alumnos durante aquellos años sitúa el inicio de la crisis en 2010, cuando ya había calado en la sociedad. «Empezamos a ver las situaciones más dramáticas», dice Rosario Rodríguez, quien atendió a «familias completas que venían a solicitar una ayuda». Durante aquel periodo, que también coincidió con la convergencia al espacio europeo, no descendió el número de alumnos, «todo lo contrario», pero sí se generaron grandes tapones en el pago de las matrículas. «Se abonaba el primer recibo y ya no quedaba para el segundo», entonces se buscaban soluciones de urgencia. «La Universidad de Sevilla dio muchas becas, también las administraciones, pero a veces era imposible», indica la profesora Rodríguez quien recuerda aquella época «con auténtico dolor». Los ajustes posteriores agravaron aún más la situación, generando desánimo entre los jóvenes. No obstante, «han salido adelante y lo único que los ha salvado es esa educación, aunque el futuro haya que buscarlo fuera».

  7. Manuel Otero: «El turismo fue un motor en los años más duros»

    El turismo fue, con diferencia, el ámbito que mejor soportó la embestida de la crisis. Manuel Otero, entonces presidente de la patronal hotelera, destaca que también hubo que ajustarse el cinturón, pero el sector «tomó las riendas y se convirtió en un motor económico» en aquellos años. «Fueron complicados, porque tampoco podíamos acceder a la financiación», indica, sin embargo, ha salido fortalecido y hoy crece como nunca.

    El director del Hotel Inglaterra indica que, por suerte, la situación fue mucho menos catastróficas que en otros sectores.

  8. Alfonso Vidán: «En un instante se pasó de ser clase media a ser pobre»

    Alfonso Vidán se puso al frente del sindicato Comisiones Obreras cuando la crisis empezaba a hacer estragos. Aquel otoño de 2008 ya era innegable y se cobraba sus primeras víctimas. El dirigente sindical marca su inicio con la caída de la fábrica de cerámica Bellavista, «una empresa puntera que anunció el cierre y despedía a toda la plantilla». Aquello fue el primer mazazo. Luego vendrían los ERE colectivos y las suspensiones de pago. «Veías a muchísimas personas que habían perdido su trabajo y su estilo de vida», cuenta. «En un instante pasaron de ser clase media a ser simplemente pobre», recuerda Vidán. La primera reforma laboral y aquella huelga general fue otra de las reacciones a lo que ocurría. «Lo viví todo muy intensamente, porque eran tiempos de mucha incertidumbre», señala. La situación también marcó la acción de los propios sindicatos, e incluso la confianza de los trabajadores. El dirigente sevillano aún no ve signos de recuperación absoluta, pues la competitividad se apoya en puestos precarios y en bajos salarios.

  9. José María Cruz: «No éramos ajenos a lo que ocurría en la calle»

    El Sevilla F.C. afrontaba su mejor momento económico y deportivo cuando los periódicos comenzaban a hablar de recesión. «Fuimos unos afortunados», considera el director general del club. Sin embargo, admite que «no éramos ajenos a lo que ocurría en la calle».

    «Nos hubiera gustado tanto que todo lo que estábamos consiguiendo se trasladara a la ciudad, que hubiera habido un impacto». Pero la situación era demasiado grave y el fútbol se convirtió para muchos en una manera de evadirse. El Sevilla ofreció fórmulas para facilitar el pago de los abonos y la racha ganadora «fue para muchos un desahogo a todo lo que se estaba viviendo», asegura.

  10. Ignacio Lasa: «Rozamos los 40.000 socios en el peor momento»

    El Betis afrontó la crisis con menos armas y, como muchas empresas, se vio inmerso en un proceso concursal, acompañado de un descenso de categoría. El que fuera director de marketing hasta el año pasado confiesa que «lo que ocurría dentro era una reflejo de la calle».

    Sin embargo, se muestra sorprendido por la respuesta de los aficionados, que siguieron apoyando al equipo. «En los peores momentos rozamos los 40.000 socios, una cifra increíble», indica. Alguno incluso «pidió créditos para pagar el abono». El club quiso responder con facilidades en los cobros y otras iniciativas para mantener viva la pasión.

  11. Amalia Gómez: «Hemos atendido a más de un millón de personas»

    La acción discreta de Cruz Roja Española se extendió en Sevilla. A la puerta de la institución ya no llamaban únicamente indigentes e inmigrantes, lo hacían familias totalmente estructuradas que no podían asumir el recibo de la luz o de la hipoteca. Ese flujo «llegó antes de 2008», calcula Amalia Gómez, presidenta provincial de la organización desde entonces. El paro no dejaba de crecer y hubo que pasar a una acción directa. Cuenta que entre 2008 y 2015 el presupuesto que manejaba creció desde 3,7 millones anuales a 7,43. En estos años han ayudado a más de un millón de personas afectados por la situación. El reto para Cruz Roja fue doble pues «había que dar una atención sin estigmatizar todos estos nuevos usuarios», precisa la presidenta. Al margen de los duros momentos, recuerda con especial admiración la respuesta de la sociedad sevillana, que se volcó con el problema. Hoy, el 48% de los fondos que maneja Cruz Roja son aportaciones de socios.

  12. Damián Álvarez: «La crisis fue un fenómeno crónico y endémico»

    La Audiencia Provincial de Sevilla fue el termómetro que medía el nivel de gravedad de la situación cuando los asuntos relacionados con la falta de solvencia comenzaron a acumularse. Aquella fue la primera etapa de Damián Álvarez al frente siendo testigo de ese enorme volumen de actividad que desbordaba por completo los juzgados. Cree que «en la Justicia la crisis constituyó un fenómeno crónico y endémico, pues ni siquiera en la época de bonanza ha constituido una prioridad política».

    Con pesar recuerda que «tanto los desahucios derivados de los contratos de arrendamiento como los lanzamientos a consecuencia de ejecuciones hipotecarias generaron una avalancha de pleitos civiles que llegó a colapsar» las salas. El foco se puso sobre los juzgados sin tener en cuenta la manera en la que se llevaba a cabo el trabajo. Damián Álvarez valora el esfuerzo de la judicatura española, que «ha ofrecido soluciones concretas para flexibilizar el sistema legal en aras de la tutela del ciudadano-consumidor». Y en esas llegó la macrocausa de los ERE, el rosario de demandas por las cláusulas suelo y los concursos de acreedores sin el refuerzo necesario.

    En definitiva, Álvarez apunta que «la crisis ha provocado que el juez español asuma el papel relevante que le corresponde como garante de los derechos de los ciudadanos en todas estas cuestiones mencionadas antes».

  13. José Chamizo: «Negociar con los bancos se convirtió en práctica habitual»

    Sentarse con una entidad bancaria a negociar la hipoteca, un plan de pagos más flexible o un alquiler social había sido una práctica puntual para la oficina del Defensor del Pueblo Andaluz, pero desde 2007 se convirtió en la norma. El que fuera su responsable durante aquella época asegura que «hubo que poner a una persona en exclusiva para los asuntos de la crisis». Considera que «a la recesión económica le siguió otra de valores». Se instaló una manera distinta de pensar y de enfrentar los problemas. Lo más dramático para José Chamizo fueron los desahucios y los casos en los que, de un día para otro, se dejó de ser clase media, de vivir desahogado a estar en una situación de exclusión social. «No se ha hablado lo suficiente del asunto, pero muchos no pudieron soportarlo y terminaron suicidándose, hubo un repunte de suicidios al principio de la crisis», asegura. Recuerda que todo aquello generó una gran desazón y se notó en todos los ámbitos, incluido su departamento, que tuvo que reforzarse para dar una respuesta.

  14. Carlos Amigo Vallejo: «La fe no se olvidó durante esos años, se añoraba»

    El primer contacto con la crisis que tuvo el cardenal Carlos Amigo Vallejo fue en los ojos de un conocido empresario que le transmitió el miedo por lo que estaba por venir. Todavía nadie era capaz de hablar de crack económico, pero justo en ese momento comenzó a pensar en la cantidad de familias que se quedarían sin ingresos, los hijos que dejarían de estudiar y las viviendas que habría que abandonar. «Siempre he pensado que el lamento no conduce a nada y había que ponerse a trabajar enseguida», recuerda. Esa función de brazo útil fue la que empezaron a asumir los sacerdotes a los que el cardenal había pedido colaboración. Se reforzó la estructura y la maquinaria comenzó a funcionar a través de Cáritas y de las instituciones de asistencia de la Iglesia diocesana. «La respuesta fue magnífica, crecieron mucho las colectas y se ofrecía una ayuda indispensable de manera callada, porque ya no eran indigentes que iban a pedir, eran familias que se habían quedado bloqueadas». También le sorprendió la respuesta de hermandades y religiosos que comenzaron a prestar su atención desde el primer momento. Dentro de la Iglesia hubo que hacer sacrificios, dejando a un lado la restauración del patrimonio para apoyar los proyectos de Cáritas. Ya pesar de las dificultades, considera que la fe salió fortalecida, porque «nunca se olvidó durante aquellos años, más bien se añoraba». Hoy, ya lejos de la responsabilidad, ve una sociedad más armada y madura.