Yumi Yamada y Antonio Perea ayer bailando sevillanas
Yumi Yamada y Antonio Perea ayer bailando sevillanas - VANESSA GÓMEZ

SEVILLAHospital Virgen Macarena: sevillanas que curan

«Caseta» de Feria en el vestíbulo del área de Pediatría para ayudar a los niños a sobrellevar su ingreso

SEVILLAActualizado:

«¿Niña eso que se oye son sevillanas o yo estoy ya tonta de no haber pegado un ojo en toda la noche?», le decía una mujer a otra ayer mientras esperaba el ascensor que no llegaba en la planta baja del Virgen Macarena.

De los tres que hay para usuarios uno estaba averiado y la mañana dio para hablar y subir escaleras.

Primera planta, segunda, tercera... Y las sevillanas cada vez más cerca. ¿Qué será eso? ¿No parece una radio?

Al llegar al vestíbulo de la sexta planta —iban a la quinta pero la curiosidad les pudo— los interrogantes se disiparon: era una fiesta, con cante y baile en directo, con un grupo profesional, y niños entre el público con sus padres. Embobados todos ante la caseta «El Pijama».

Era la Feria de Abril que desde hace 10 años el hospital traslada a la planta de Pediatría para hacerle la estancia más llevadera a los niños ingresados, aunque desde hace veinticinco el personal de Enfermería ya se ponía los avíos de flamenca y, a su ritmo, llevaban la alegría por las habitaciones.

Manolo Gordo, de Canal Sur, hizo las presentaciones del grupo Melisma, que abrió el espectáculo con el baile por sevillanas de Yumi Yamada y Antonio Perea.

Luego salieron a bailar espontáneas del personal del centro con ropa de faena y adornos de flamenca a las que les llovía los oles de los asistentes.

Entre el público, Laura, de 13 años, con su madre, Ana María Periáñez.Son de la Puebla de Cazalla y la chiquilla está ingresada porque tiene un fuerte dolor de barriga, «pero estas actividades del hospital le suben mucho la moral y, además, como la fiestas del pueblo son en septiembre ella no echa en falta nada de la Feria de Sevilla».

Una gastroenteritis severa tiene Alberto a sus 4 años. Llegó al hospital el lunes y estaba muy ilusionado con ir a la calle del Infierno, pero «aquí se distrae mucho también», dice su madre, Rosa María Toro Luque, mientras el niño no quitaba ojo del escenario.

También está muy agradecida al Virgen Macarena María Jiménez Gamero, que estaba esperando el ingreso de su hija de 7 años a causa de un «bulto que tiene aquí», aseguraba la mujer señalando con un dedo la base del cuello.

De las alas hospitalarias se asomaban madres para participar, aunque fuera de lejos, de la fiesta. Porque cuando toca estar en un centro sanitario tantos días con sus noches, pendiente además de la salud de lo que más se quiere, cualquier estímulo agradable al que no le hacíamos caso fuera, es una novedad.

El doctor Martín Navarro, jefe de servicio y director de la unidad de gestión clínica de Pediatría y áreas específicas del Virgen Macarena, decía entre sevillanas y sevillanas que actividades como ésta son un complemento para la terapia, sobre todo, de niños con enfermedades crónicas.

«Hoy día —sigue— científicamente está demostrado que ser feliz es un estimulo positivo para la recuperación y en el niño, más. Está demostrado que sentirse feliz puede influir, incluso, en cambios metabólicos. También ayuda a sobrellevar la enfermedad. Imagínese un niño con leucemia que le han puesto un ciclo de citostáticos esta mañana que es una medicación muy fuerte, pues como un rato como éste se le olvida».

Martín Navarro comenta que los niños son más fáciles de diagnosticar que un adulto y asegura que su caras lo dicen todo. «Yo a mis residentes —termina el también profesor de profesor titular de Pediatría de la Universidad de Sevilla— les digo que tienen que aprender cuando ven la cara de un niño si está gravemente enfermo, enfermo o si su enfermedad no tiene importancia. Que no me digan lo que tiene. Sólo si está o no está bien».