Caballos Rufino tras su discurso de ingreso
Caballos Rufino tras su discurso de ingreso - Vanessa Gómez

«Sevilla no tiene ningún referente para sentirse vinculada sentimentalmente a Julio César»

El catedrático de Historia Antigua Antonio Caballos Rufino ingresó en la Real Academia de Buenas Letras con un discurso en el que desmitificó el papel del dictador Romano, que actuó en Hispalis con «inusitada crueldad»

SevillaActualizado:

En contadas ocasiones, un discurso de ingreso académico es tan interesante, ameno, revelador y cargado de novedosas conclusiones como el que pronunció ayer el catedrático de Historia Antigua Antonio Caballos Rufino en su incorporación oficial como numerario en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, en el que desmitificó la figura de Julio César como benefactor de la ciudad y en el que quedó borrado argumentalmente de sus títulos coloniales el adjetivo de Iulia.

«Augustus, pater hispalensium. Los orígenes institucionales de la ciudad entre la República y el Imperio» es el título de la disertación que pronunció en un salón de actos a rebosar en el que el auditorio se mostró subyugado por el recorrido histórico de los tiempos de la Sevilla romana. El acto y el ponente merecían el interés, el aplauso, e incluso la presencia de autoridades políticas, como el consejero de Economía y Conocimiento, Antonio Ramírez de Arellano; el rector de la Universidad de Sevilla, Miguel Ángel Castro, y una nutrida representación de miembros de la Hispalense; la presidenta de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, o el decano del Colegio de Abogados, José Joaquín Gallardo.

Homenaje a Morales Padrón

Tras agradecer su incorporación a la Academia, a la anterior directora, Enriqueta Vila Vilar, y al sucesor de esta, Rafael Valencia, Caballos Rufino recordó al desaparecido profesor Francisco Morales Padrón, al que sustituye como académico de número, mostrando su deseo de que el acto que protagonizaba fuera «un homenaje» a su figura: «Los sevillanos —dijo— tenemos contraída con su memoria una deuda aún insatisfecha de gratitud».

La Hispalis romana entra de la mano de este experto en epigrafía jurídica en Buenas Letras, con el tremendo aperitivo de su discurso —ampliado en un libro del mismo título—, en el que focalizó su atención en el tiempo en que Roma, «sobre las cenizas de una terrible» guerra civil, «alumbró un mundo diferente». El profesor se centró en la implantación de una colonia en Sevilla, que «desembocó en su plena institucionalización siguiendo el modelo romano, aún, mutatis mutandis, vigente».

«Especialmente ahora, en momentos de desazón, es cuando la historia debe brillar más como guía y referente de esperanza», afirmó Caballos, tomando la bandera de su argumento para derribar mitos, «lo único consolidado» de la su más remota historia y sus vínculos con Hércules y César. El papel de este último, el dictador Julio César considerado el renovador de la ciudad, fue «mucho más sombrío y diametralmente opuesto a lo que se asume».

La guerra civil

Antonio Caballos trasladó al auditorio a la guerra civil por el poder entre Pompeyo el Grande y Julio César, y a las fases de la contienda que se desarrollo en Hispania en el año 49 a.C.. En aquellos acontecimientos, «Hispalis sale por primera vez del anonimato en que la habían mantenido hasta entonces las fuentes literarias», poniendo de manifiesto «el protagonismo de la ciudad» entre el enfrentamiento por el poder entre los pompeyanos y los cesarianos, cuyos ejércitos tuvieron un encuentro decisivo en Munda (cerca de la actual Lantejuela). Según el profesor en la batalla se dirimían, además, «dos formas de concebir la actuación política».

La victoria de César desembocó en «dramáticos acontecimientos» en Hispalis, en donde «un tal Filón, el primer sevillano que conocemos por su nombre, se erigió en abanderado de la mayoritaria causa de Pompeyo», convirtiendo la ciudad en «bastión de los pompeyanos». Julio César se vengó brutalmente «ajusticiando a muchos de los amotinados y vendiendo a los restantes como esclavos. «Sofocada la revuelta en Hispalis», el dictador volvió a Roma, «posiblemente en la segunda quincena de julio del año 45 a.C.»

En vez de «fundador constitucional» de Sevilla, sobre Julio César «la única interpretación institucionalmente posible ofrece un panorama de una «crueldad inusitada». El dictador fue responsable de una de las decisiones más duras y que más trágicamente habría de afectar a esta comunidad ciudadana de Sevilla, hasta el punto de condicionar una fuerte cesura histórica y un brutal descalabro social», aseguró. «La cruda realidad», se traduce en el doble castigo a los hispalenses, que fueron desposeídos de sus tierras y «la inoperatividad de la vieja ciudadanía, sustituida por un nuevo régimen», así, «se convirtieron en extraños en su propia tierra».

Sin Iulia

Otra fabulación asumida en el imaginario de la ciudad que desmontó ayer el profesor fue el epíteto de Iulia que acompaña a Romula como denominación de la ciudad, que se debe a San Isidoro. «Ninguna fuente clásica certifica la inclusión del adjetivo. Iulia no formó parte del título de la colonia durante el Imperio —aseguró—. El único nombre oficial fue Colonia Romula, así que, tampoco por la vía de la titularidad oficial de la ciudad encontramos ningún referente para sentirnos sentimentalmente vinculados» a Julio César.

El verdadero fundador

Las fases del proceso de fundación de la colonia Romula que fue Sevilla no pudo deberse a Julio César, que volvió a Roma tras la guerra. Caballos Rufino halló el nombre del fundador en el capítulo XV de la tabla de la Lex coloniae Genetivae Iuliae, que editó en 2006, en la que identifica al procónsul Gayo Asinio Polión. «Fue, no sólo uno de los personajes más importantes de su tiempo», sino «de toda la historia de Roma, por lo que a justo título ocupa un lugar extraordinariamente destacado en la historiografía; el mismo importantísimo papel que debemos reconocerle a partir de ahora los sevillanos en la historia de nuestra ciudad».

Pasados los años y asentado ya Augusto en el poder, sin necesidad de «violencia como instrumento político», la edad dorada se tradujo en Hispalis en «la asimilación de las gentes de estirpe autóctona, otrora postergadas, con los colonos». «Hispalis, por Roma y con Augusto, pater Hispalensium, acabó mostrándose así como paradigma organizativo de un modelo de ciudad centrada en el ciudadano y expresada como marco de convivencia. La ciudad, el sine qua non de la verdadera civilización», apuntó.

Caballos Rufino, es, además de director de la Editorial Universidad de Sevilla, «investigador de primera fila y uno de los más prestigiosos historiadores de la antigüedad del momento», tal y como manifestó el académico Manuel González Jiménez, catedrático de Historia Medieval, en su discurso de réplica, en el que repasó el apabullante currículo de índole académica nacional e internacional y la extensa labor de investigación y docencia del nuevo académico de número de Buenas Letras.