La papelería Ferrer fue fundada en 1856 en la calle Sierpes, hoy junto a la confitería La Campana, que fue inaugurada 29 años después
La papelería Ferrer fue fundada en 1856 en la calle Sierpes, hoy junto a la confitería La Campana, que fue inaugurada 29 años después - Rocío Ruz
SEVILLA

Sevilla tiene en la calle Sierpes la papelería más antigua de España

Ferrer fue inaugurada en 1852. La cuarta y quinta generación acaban de comprar el local, que la familia vendió hace casi un siglo

SevillaActualizado:

Entrar en la papelería Ferrer, ubicada en la calle Sierpes, junto a la confitería La Campana, es como un viaje en el tiempo. Su fachada antigua, sus escaparates, sus mostradores, sus estanterías de madera... todo evoca un pasado lejano, que sin embargo sigue siendo frecuentado por sevillanos y, en los últimos años, por los turistas, que entran en el local como si fuera un museo y casi siempre compran algo.

Fue fundada en 1856 por un matrimonio catalán y hoy regentan el negocio de papelería más antiguo de España la cuarta y quinta generación familiar: Estrella Ferrer Campoy; su hija Lucía Mejías y su sobrino Adolfo Planelles. «La papelería la fundó un matrimonio joven formado por José Ferrer i Poch y Josefa Vidal. Eran de Capellades, un municipio de Barcelona en el que había muchas personas que se habían dedicado a la manipulación del papel, la fabricación de tinta... Ellos decidieron emigrar a Venezuela. Con ellos viajaba la fórmula para hacer tinta y una lista de proveedores catalanes», cuenta Estrella Ferrer.

En 1856 llegaron a Sevilla para embarcarse con destino al hemisferio sur. «Sin embargo, hubo un contratiempo. Perdieron el barco y el siguiente tardaba seis meses en zarpar de nuevo». Ante esa situación, José y Josefa decidieron quedarse en Sevilla y abrir una papelería en un local de la calle Sierpes 5 donde antes había una cerería que había abastecido al convento de Santa María de Pasión antes de su clausura. Alquilaron el local y allí vendían tinta hecha con la receta que se trajeron de su pueblo natal, cuerda de cáñamo, cuadernillos, papel de seda, de crespón...».

Real de vellón, pesetas y euros

«Entonces la tinta se compraba por cuartillos y se pagaba en reales de vellón. Conservo como oro en paño los libros de contabilidad de la papelería que reflejan los movimientos de la tienda en tres monedas diferentes: el real de vellón, pesetas y euros. El libro de contabilidad más antiguo que conservo es de 1869», dice. También guarda con esmero Estrella otros documentos antiguos de la papelería, como tarjetas de visitas de 1870 y 1915, letras de cambio o la receta de la tinta que se trajeron de Barcelona los fundadores, así como fotos y cartas de los antiguos dueños.

Foto de Manuel Martínez Ferrer (con batín blanco), con su cuñado, José Huerta
Foto de Manuel Martínez Ferrer (con batín blanco), con su cuñado, José Huerta - ABC

Pocos años después de la apertura, la papelería Ferrer contaba entre sus clientes no sólo a particulares, sino también a ayuntamientos de la provincia, colegios, la Diputación, centros oficiales, hospitales... Como el negocio prosperaba, el matrimonio fundador decidió que había que dar un paso más que le ancló a Sevilla: compraron el local en 1860, que sumaba en sus tres plantas 250 metros cuadrados.

Reprodujeron el modelo de negocio de moda en la época, de modo que la tienda estaba en el bajo y la vivienda en las plantas superiores. En esa casa hemos vivido tres generaciones. Yo misma nací allí», cuenta Estrella Ferrer.

Tarjeta de visita de la papelería Ferrer, de aproximadamente 1870
Tarjeta de visita de la papelería Ferrer, de aproximadamente 1870 - ABC

A la muerte de José Ferrer i Poch en 1920, se vendió el local para poder repartir la herencia entre sus hijos. «Sin embargo, la papelería -prosigue- continuó funcionamiento en el mismo establecimiento porque mi abuelo, Federico Ferrer i Vidal, uno de los hijos de José Ferrer i Poch, alquiló el local y continuó con el negocio».

«Siete hijos tuvo Federico. Mi padre, Manuel, queda exento al tener tres hermanos en el frente. Él, junto con su padre, mantienen el negocio durante la contienda. Mi abuelo falleció en 1946 y se quedan el negocio mi tío Adolfo y mi padre, que comparten vivienda y explotan conjuntamente la papelería hasta que en 1990 fallece el primero. Entonces -dice Estrella- mi padre tenía ya 80 años y lo que hace es poner el negocio a mi nombre».

Esta titular recuerda haber estado detrás de los mostradores trabajando desde pequeña. «La vivienda y la papelería tenían entradas diferentes pero se comunicaban interiormente. Cuando salíamos de la escuela o estábamos de vacaciones echábamos una mano en la tienda, incluso cuando teníamos 7 años de edad».

La papelería se ha especializado ahora en objetos exquisitos
La papelería se ha especializado ahora en objetos exquisitos - Rocío Ruz

Especialización en objetos exquisitos

Hoy la competencia en el negocio de la papelería es «brutal», ya que no sólo venden esos productos los centros comerciales, sino también las llamadas tiendas de chinos. Sin embargo, el negocio Ferrer sigue siendo rentable. ¿Cómo lo hace? Se ha especializado en objetos de papelería exquisitos: agendas, bolígrafos, papeles, brújulas, relojes de arena, globos terráqueos, archivadores, libros de notas, telescopios, praxinoscopios (un tambor giratorio con un anillo de espejos colocado en el centro y una tira con dibujos, lo que permite animar las imágenes), miniaturas de objetos antiguos (máquinas de coser, bicicletas, coches antiguos, aviones...) y planetarios.

«El 75% de los clientes son sevillanos y el 25%, turistas, sobre todo franceses, ingleses e italianos. Los turistas entran en la papelería como si fuera un museo y la mayoría termina comprando algo, aunque nunca productos muy voluminosos por el problema que tienen de espacio en las maletas a la hora de viajar en avión».

Hace meses, Estrella dio otro paso de gigante como el del matrimonio fundador cuando adquirió el local. Compró el local con su hija, Lucía Mejías Ferrer, y su sobrino Alberto Planelles -la quinta generación- por una cantidad cercana al millón de euros. De ese modo, el local ha vuelto a la familia Ferrer cien años después de que tuviera que renunciar a él para repartir una herencia. «Recuperar el local era una obsesión. Seguiremos con el negocio en la planta baja pero ya no usamos las plantas superiores como viviendas. Quizá en el futuro hagamos apartamentos turísticos».

Comercios centenarios en Sevilla

Estrella Ferrer lamenta que negocios centenarios como el suyo no tenga ningún tipo de ayuda ni subvención. «Sólo la Diputación hizo un homenaje a los comercios centenarios, de los que hay otros en la provincia y en Sevilla capital. No tenemos ni una placa oficial de comercio centenario», se lamenta.