Ana Graciani, nueva presidenta de la Fundación SGAE
Ana Graciani, nueva presidenta de la Fundación SGAE - Vanessa Gómez
Ana Graciani

«La SGAE parece el lobo feroz y por eso tenemos que comunicar mejor lo que hacemos»

Ana Graciani, nueva presidenta de la fundación de los autores españoles, defiende el cobro de derechos de autor en los bares: «Es una tarifa pequeña pero hay música libre de derechos que pueden utilizar si lo desean»

SevillaActualizado:

Ana Graciani se siente sevillana aunque nació en Albacete y vivió en Madrid hasta que se afincó en la capital andaluza hace más de una década. Es guionista de cine y televisión, periodista, dramaturga, gestora cultural y, desde hace poco más de un mes, la segunda mujer que dirige la Fundación SGAE, entidad que cuenta con 120.000 socios-autores y que invertirá en 2019 más de cinco millones de euros en distintas actividades.

La situación de la SGAE, de la que depende la fundación, es aún convulsa.

La SGAE lleva unos años con problemas internos que desembocaron con la dimisión del presidente y la convocatoria de elecciones tras la no aprobación en junio de 2018 de unos estatutos necesarios para adecuarse a la ley de propiedad intelectual europea. El Ministerio de Cultura ha advertido que puede intervenir la SGAE si no se aprueban esos estatutos e incluso que puede retirarle su licencia de actividad, lo que sería terrorífico para todos nuestros socios. El plazo venció a finales de 2018 y que no hemos podido cumplir porque aprobamos los estatutos con una amplia mayoría, pero no con los dos tercios que nos exigen. Esperamos que el Ministerio nos permita continuar con una orden ministerial hasta que podamos conseguirlo.

Se dice que el grupo que domina la SGAE es el de «la trama de la Rueda».

La SGAE se divide en cuatro colegios: los dramáticos, los de artes escénicas, los audiovisuales y los músicos y sus editores. Pues resulta que los problemas más graves de la SGAE nacen de este último colegio, los músicos y sus editores.

Supongo que porque ahí está el dinero...

Efectivamente. Todos aportamos pero ellos son los que aportan más.

Y ahí está «la trama de la Rueda».

Las televisiones pagan una especie de tarifa plana a la SGAE cada año que les permite utilizar todo nuestro repertorio musical. Ese dinero hay que repartirlo y ahí está el quid de la cuestión. La televisión lo que hace es convertirse en editorial o discográfica de algunos autores y entonces hace que de madrugada suenen esos autores, sus canciones y sus vídeos. Mediaset y Atressmedia se quedan con el cincuenta por ciento de ese dinero por ser sus editores y esto hace que el reparto de dinero se distorsione porque no llega a los que más suenan o los más escuchados sino a los que salen en esa especie de rueda de madrugada.

O sea, que Pablo Alborán o Manuel Carrasco no son los que más cobran precisamente.

No, pero ahora ya la ley pone coto a ese tema, un tope del veinte por ciento, que es la música nocturna. A la televisiones como empresa les convenía hacer esto porque se ahorraban una parte de la factura pero esto ha generado muchísimoss conflictos con los autores. Nosotros preferimos lógicamente que haya música a que haya videntes o adivinas echando las cartas, pero no queremos que haya autores que estén ganando millonadas y otros que no ganen apenas nada. Queremos que el reparto sea justo.

Con Teddy Bautista parece que estaban ustedes más unidos. Después de él parece que se instaló el caos.

Bautista es un personaje muy controvertido que hizo buenas cosas por los derechos de autor pero llevó una política demasiado personalista que nos llevó a lugares a los que nunca debimos llegar y que provocó lo que provocó. Por primera vez en muchos años, los miembros de la Junta Directiva de la SGAE estamos todos a una para salvar este bache y ya parece por fin que nos vamos a quitar todo esto de la «rueda» que nos ha enredado durante tanto tiempo.

¿Se siguen cobrando derechos de autor en las bodas?

No conozco ese tema en profundidad pero allí donde suena música del repertorio de la SGAE se generan derechos de autor y me consta que se recauda en los bares. Hay música sin derechos de autor y los bares pueden utilizarla si lo desean y sin tener que pagar ninguna cantidad a los autores. De todas maneras, es una tarifa plana muy pequeña.

La imagen de la SGAE se ha visto muy dañada por algunos de estos cobros.

Sí, es cierto, parecemos que somos el lobo feroz pero no lo somos. Y creo que hace falta comunicar mejor la labor que hacemos. Ese será uno de mis objetivos al frente de la Fundación SGAE: mejorar la comunicación. La ONCE comunica, por ejemplo, mucho mejor, que nosotros su labor asistencial con los ingresos del cupón.

Hay quien opina que no hacen falta las entidades de autores.

Sí, pero eso nos supondría perder mucha fuerza y perjudicaría a los autores menos conocidos. Pablo Alborán podría contratar a una persona para que se ocupara de gestionar sus derechos de autor pero la mayoría de nuestros 120.000 autores no. No podemos ir teatro por teatro o a Telecinco a pedirlos.

El canon digital genera unos 70 millones de euros al año. Algunas voces la consideran injusta porque se hace pagar a todos por el daño que hacen unos cuantos.

Se han presentado recursos legales pero el canon digital ha sido validada por las instituciones judiciales comunitarias.

Pirateo

El pirateo es un fenómeno bastante más extendido en España que en los países de nuestro entorno. En Francia está muy reducido y en otros países europeos también. ¿Por qué cree que esto es así?

El pirateo ha disminuido en los últimos años y esperamos que desaparezca algún día, aunque sigue siendo un problema. En esos países que menciona existe un respeto a la propiedad intelectual que no ha existido en España, donde la tradición de la picaresca se remonta a los tiempos del Lazarillo. Francia siempre ha ido por delante de nosotros y hasta hace poco cerrar las páginas web de contenidos pirata era un proceso muy lento, aunque eso se está corrigiendo.

¿Es también, o sobre todo, el pirateo un problema de educación?

Sí. Y creo que debería abordarse en las escuelas. Hay que dar las armas para dejar de ser pícaros y hay que explicar en los colegios que si no se respeta la creación, ésta se acabará: dejarán de escribirse libros, canciones, películas y series de televisión. Hay que seguir trabajando y concienciando. Las administraciones no gastan nada en campañas de concienciación del respeto a la cultura.