Momento de la intervención de la Policía que consiguió liberar al joven que iba en esa furgoneta
Momento de la intervención de la Policía que consiguió liberar al joven que iba en esa furgoneta - ABC

De Sofía a Sevilla: viaje a la explotación laboral en el verdeo

La denuncia de un joven búlgaro que soportó «condiciones infrahumanas» durante la pasada campaña es la base de una nueva investigación judicial sobre las condiciones de trabajo en el campo sevillano

SevillaActualizado:

La situación de los trabajadores del verdeo en los campos de Sevilla vuelve a estar en la diana judicial después de una reciente operación llevada a cabo por la Policía Nacional y que destapó la situación de explotación laboral extrema que sufría un joven búlgaro de 18 años. El juzgado de Instrucción nº 3 de Huelva está investigando las condiciones que imponía un clan familiar a sus empleados, a los que reclutaba en su país de origen bajo la promesa de un contrato y buenas condiciones. Dicho clan, que la Policía define como grupo criminal, aportaban las cuadrillas que trabajaban en una finca de Bollullos de la Mitación, propiedad de un agricultor español. La investigación judicial trata de aclarar si el empresario de la zona era conocedor de las condiciones que imponía esa suerte de subcontrata búlgara a sus empleados.

«Llevo bastantes años trabajando contra redes de tratas de personas y jamás se me olvidará la cara de ese chico cuando abrí la furgoneta que le trasladaba a diario al campo. Sintió que su infierno acababa». Este agente de la Unidad Contra las Redes de Inmigración Ilegal (Ucrif) de Sevilla lideró el operativo que liberó al joven búlgaro el pasado mes de noviembre. La nota de prensa que difundió posteriormente la Policía Nacional destacaba en el titular las condiciones «infrahumanas» que soportó la víctima, que tuvo que alimentarse de la basura.

Hasta llegar a esa necesidad extrema, Boris (nombre ficticio para proteger la identidad del denunciante) fue engañado en su país natal. Allí conoció a un miembro del clan investigado, que le vendió las ventajas de trabajar en el campo español. Cualquiera puede consultar por internet el convenio que rige el sector y cómo se establecen salarios de 46 euros por día y de 68 para los domingos y festivos. Pero del dicho al hecho hubo un inmenso trecho, tanto como los 3.500 kilómetros que Boris se hizo en una furgoneta desde Sofía, donde dejó un empleo de albañil, al barrio del Torrejón en Huelva.

Antes de iniciar el viaje, la organización le pidió el pasaporte para encargarse del papeleo. Nunca se lo devolvieron.

Imagen de archivo de un jornalero en plena faena de recogida de la aceituna
Imagen de archivo de un jornalero en plena faena de recogida de la aceituna - ABC

Era agosto cuando Boris llegó al Torrejón; un barrio deprimido de la capital onubense. «Lo metieron en un piso donde vivían otras ocho personas en condiciones muy precarias». Tenía que pagarle al clan 50 euros por alquiler. A diferencia de otras víctimas de la trata de seres humanos, este joven viajó con algunos ahorros. «Pero lo poco que trajo lo gastó a las semanas de estar en España». El grupo no lo envió al campo hasta octubre y nunca cobró.

«Llevaba tres semanas trabajando diez horas diarias y no había visto un euro. No podía comprar comida ni tampoco pagar el alquiler que le exigía la organización. Estaba atrapado»

El día 28 de octubre se armó de valor, se marchó de Huelva y llegó a Sevilla donde acudió a una comisaría para denunciar su situación. «Llevaba tres semanas trabajando diez horas diarias y no había visto un euro. No podía comprar comida ni tampoco pagar el alquiler que le exigía la organización. Estaba atrapado». Durante su declaración a los agentes de la Ucrif, fue detallando aspectos que vulneran los principios más básicos que deben regular un mercado de trabajo. «Al llegar por primera vez a la finca, hubo unas personas que les entregaron unas octavillas con información acerca de los horarios y los salarios. Creemos que se refería a gente de los sindicatos. Pero cuando se marcharon, los del clan les quitaron las hojas y les advirtieron que las condiciones eran otras». Nada de salario por día y cotizando. Cuatro euros por espuerta (entre 20 y 25 kilos de aceitunas) y pago en negro.

Forzado a regresar

Tras presentar la denuncia, la Policía le buscó un sitio donde quedarse hasta que pudiera declarar ante el juez y salir de Sevilla. Pero sólo encontraron una plaza en el albergue de la Macarena para los sin techo. A la mañana siguiente, el clan logró localizarle y le convenció para que volviera a Huelva. «Le prometieron que le devolverían su pasaporte, le pagarían y le sacarían un billete de bus de regreso a Sofía». Cuando el joven aceptó y quedó con ellos, «lo metieron a la fuerza en el coche y lo llevaron al piso-patera de Huelva. Le amenazaron para que no volviera a pedir ayuda».

Cuando la Policía confirmó que no estaba en el albergue, abrió una investigación para dar con su paradero. Durante varios días vigilaron el domicilio del Torrejón de donde salían puntualmente todos los días cinco furgonetas cargadas de jornaleros como Boris. El 23 de octubre, la Ucrif les cortó el paso y sacó al joven de una de ellas. Al resto de jornaleros la Policía les ofreció la posibilidad de denunciar su situación. «Había hasta familias completas, que por miedo a perder el poco dinero que ganan callan», señala el agente de la Ucrif. Tres miembros del clan, el patriarca, un hijo y un colaborador que controlaba a los trabajadores, fueron detenidos. Los dos primeros ingresaron en prisión provisional.

El relato que expuso este chico ante el juez coincide con las denuncias de los sindicatos, que se quejan de la falta de intervención de las administraciones. En 2016, por citar sólo un ejemplo, la Seguridad Social imponía una multa de medio millón de euros a un empresario del Arahal por las condiciones de explotación laboral que imponía a 50 mujeres que tenía trabajando en dos naves industriales elaborando aderezo para las aceitunas.