Lary León
Lary León - ABC

Una sirena participa mañana en Sevilla en «Lo que de verdad importa»

Lary León pensaba cuando era niña que nació sirena. Así lo decía para no dar explicaciones por haber nacido sin brazos y sin una pierna. Mañana participa en Sevilla en LQDVI

SEVILLAActualizado:

Cuando habla se notan sus cinco años de radio, no en vano Lary León estudió Periodismo antes de trabajar en Antena Tres y llegar a ser coordinadora de proyectos y directora de un canal de televisión para niños hospitalizados en la Fundación Atresmedia, «su gran pasión».

Ejemplo de superación, es autora de dos libros: «El tesón de una sirena» y «150 juegos para divertirse dentro y fuera del hospital». Mañana participa por primera vez en Sevilla, junto a Àlex Corretja y Alexia Vieira en la novena edición del congreso «Lo que de verdad importa» que se celebrará en Fibes con la colaboración de ABC.

Lary nació en Guadalajara, aunque al poco tiempo su familia se mudó a Madrid «por tener los hospitales de referencia más cerca». De padre sevillano, Joaquín León —de la calle don Fadrique— mantiene todavía su acento y todavía «lleva a Sevilla en el corazón» a pesar de que se fue hace muchos años. La pequeña de cinco hermanos, parientes también del actor Paco León, piensa que en «sus genes y su sangre corre sangre andaluza», por lo que le hace mucha ilusión venir a este congreso. Toda su infancia estuvo vinculada con los hospitales, por lo que le pareció «mágico, un regalo del destino» cuando la llamaron para dirigir un canal de televisión dirigido a niños en los hospitales.

«Desde pequeña fui consciente de que llamaba mucho la atención. Tengo suerte porque en ningún momento me sentí inferior. En mi casa era una más, había normalidad, lo que me ayudó a transmitírsela a todo el mundo. Había gente que me señalaba por la calle o madres que apartaban a los niños, creo que por falta de información. Me siento con esa responsabilidad de ayudar a la gente a ver las capacidades diferentes de las personas de una manera natural. Es bonito preguntar», afirma.

Lary narra cómo «ahora estamos acostumbrado a ver a más gente con discapacidad por la calle, pero cuando era pequeña era todavía un tema tabú. Llamaba especialmente la atención porque aunque no tenía brazos y me faltaba una pierna veían que no me importaba nada, que era feliz, que hacía castillos de arena en la orilla del mar como si nada».

Como le gustaba tanto el mar, Lary empezó a contestar que «en otra vida había sido una sirena y había llegado a esta vida con esta forma. La gente se quedaba alucinada pero con una sonrisa se rompía esa sensación ante mí. Había un encanto especial que rompía la barrera del primer momento. Hasta hoy pienso que ahí hay algo mágico y que quizás he sido una sirena», confiesa.

A raíz del la publicación del libro la llamaron para dar charlas sobre discapacidad o motivación a emprendedores. «Me gusta porque es como aportar mi grano de arena para poder inspirar a la gente que me escucha», dice. Me encanta la energía que se produce cuando compartes partes de tu experiencia y al final se te acercan chicos para darte las gracias. Es precioso el saber que con tu sonrisa puedes mover cosas dentro de la gente, me parece un regalo», dice. «Discapacidades hay miles y cada uno la siente de una manera. Todos tenemos capacidades y discapacidades. A unos se nos nota más que a otros porque son más visibles», subraya.

Naturalidad

No le gusta dar consejos «porque cada uno somos un mundo», aunque «mi experiencia puede servir para que en el caso de los padres que tienen algún niño con alguna discapacidad. Hay una clave: la naturalidad y el amor. Todos venimos a este mundo con una misión preciosa, y lo bonito es pensar qué misión tenemos, que misión tiene ese hijo al que hemos dado la vida. Ante todo naturalidad y el saber que el amor puede con todo», afirma.

A su juicio, «esas capacidades diferentes traen siempre una enseñanza y un montón de amor para dar y para recibir. Creo que esa es la clave: la naturalidad y no poner límites. Si no nos lo ponemos, nosotros ayudamos a los demás a no ponérselos. Es como una energía que fluye». «Existe también una responsabilidad por parte de las personas con capacidades diferentes de ayudar a la gente a entender la discapacidad de una manera natural y normalizada. No quedarnos en lo que no tenemos, sino darle importancia realmente a lo que somos, a lo que podemos hacer y a lo que podemos compartir con los demás», añade.