Alonso Gómez, propietario de «Ultramarinos Alonso», junto a su hermano, Antonio Gómez
Alonso Gómez, propietario de «Ultramarinos Alonso», junto a su hermano, Antonio Gómez - Juan Flores

Tiendas de ultramarinos, últimos reductos de un negocio en peligro de extinción en Sevilla

Las grandes superficies, las ventas online, los bazares chinos y las nuevas tiendas gourmet ahogan a este comercio

Jesús Bayort
SevillaActualizado:

Cada vez que desaparece un comercio tradicional en Sevilla los gritos llegan al cielo. Todo fueron lamentos cuando cerraron el Bazar Victoria, los Pequeños Suizos, la Joyería Félix Pozo o la juguetería Cuevas. Pero mientras daban sus últimos suspiros en vida nadie se acordó de su existencia. En la ciudad hay un tipo de negocio en peligro de extinción: el ultramarinos. Clásico comercio de barrio, donde las cuentas se anotan en papel de estraza y una amalgama de olores a bacalao, chacinas y arenques inundan las inmediaciones.

Los ultramarinos supervivientes se puede contar con los dedos de la mano. La amplia mayoría sufrieron un proceso de readaptación profesional, convirtiéndose en abacerías. Pocas tiendas se mantienen sin hacer uso de la barra de bar. Paradigmas de esta metamorfosis dentro de la ciudad podrían ser «Casa Palacios» o «Casa Moreno».

Actualmente, estos comercios tradicionales batallan por no perder su clientela contra las grandes superficies, las ventas online, los comercios chinos y la última tendencia: las tiendas gourmet.

Un ejemplo de estos últimos supervivientes es «Ultramarinos Alonso», que se fundó en 1935, mismo año en que Federico García Lorca publicaba el «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías»; en un local de la calle Relator, lugar donde vivió Joselito «el Gallo» a su llegada a la capital. Estos dos hitos avalan la sevillanía de uno de los últimos reductos que aún se conservan en el Casco Histórico de la ciudad.

El negocio ya ha pasado por tres generaciones, y auguran los actuales regentes que «ésta será la última». El nieto del fundador, y tercer representante de la saga, tomó las riendas de la tienda en 1990 y hasta el 2004 se mantuvo en el mismo local, hasta que tuvieron que trasladarse a la calle San Luis, próximo a la plaza del Pumarejo. No era una época fácil para el barrio: a la dispensación de metadona en el centro de salud se le unía el comedor social. Un atractivo para el sector más conflictivo de la ciudad.

Bacalao, legumbres, sardinas arenques, latas de conservas, vinos, ibéricos... los productos clásicos son los que legitiman la autenticidad de estos negocios. El mercado les obligó a ampliar la oferta e incluso empezar a vender por Internet.

Impulsado por sus hijos, desde hace unos años Alonso Gómez decidió abrir una página web. El escepticismo lógico de su bisoñez le hizo adquirir metas a corto plazo y sin prisas por abarcar más de lo que podía. «Aunque es un proceso lento, pero estamos empezando a posicionarnos con ciertas garantías en el mercado web. Ofrecemos ventas en toda la Península, Baleares y Unión Europea», señala el propietario, quien ha encontrado en Francia su cliente fetiche: «Los principales productos que nos demandan son vinos y aceite, aunque también nos requieren nuestros ibéricos».

Los últimos reductos de este negocio libran una «guerra sin cuartel» contra una competencia que cada vez les come más terrenos. «Nuestra única salvación es no perder jamás nuestra esencia y no dejar jamás de ofrecer calidad. Nuestra experiencia nos dice que debemos ofrecer algo que ellos no tengan: un trato cercano y un producto de alta calidad», afirma el propietario de Ultramarinos Alonso.

Cambios de vida

Los giros en los hábitos cotidianos han hecho mella en su principal clientela: las amas de casa. La progresiva desaparición de esta figura repunta en las compras diarias al negocio. «Ellas han sido siempre nuestras principales clientas. Venían cada día por las necesidades del momento. El público emergente trabaja y no tiempo para hacer un bacalao o unas legumbres. De hecho, los hay que te preguntan cómo guisar. Hacemos una labor didáctica en cuanto a comida tradicional».

La expansión frenética de las grandes superficies a modo de supermercados están imponiéndose en todos los barrios. Estas marcas ofrecen franquicias a bajo coste que devoran el mercado de los comercios tradicionales. Incluso empiezan a damnificar a los comercios chinos.

Además de la tienda ya mencionada, ejemplos de estos clásicos comercios que aún persisten en la ciudad son «Casa Lucas», en Puente y Pellón; «Ultramarinos Martín», en la calle San Esteban; o «Casa Moreno», en la calle Gamazo.