Antonio es el dueño del bar más antiguo de Tomares, fundado en 1901 - RAÚL DOBLADO
SOCIEDAD

Tomares y Villanueva de San Juan: el pueblo más rico y el más pobre de Sevilla, frente a frente

La brecha de ingresos entre las localidades con mayor y menor renta per capita de Sevilla, 32.000 euros frente a 12.000, no influye tanto en la felicidad y sensación de bienestar de sus habitantes como cabría imaginar

SEVILLAActualizado:

Villanueva de San Juan es, según Hacienda, el pueblo sevillano con menor renta per capita, en torno a 12.00o euros al año, algo menos que las localidades vecinas de Los Corrales, Badolatosa y Marinaleda, enclavados todas en la Sierra Sur, la comarca más pobre de Sevilla. El farolillo rojo de esta liga económica provincial tiene 1.200 habitantes y una extensión de 34 kilómetros cuadrados.

Tomares se ha convertido en el campeón destacado de la tabla, con unos 32.000 euros de renta per capita, por delante de Espartinas y Castilleja de Guzmán, pueblos muy cercanos, también del Aljarafe, que están en la «champions» económica de la provincia gracias a los 31.000 euros de ingresos que tiene cada uno de sus habitantes como promedio. Veinte mil euros al año separan estadísticamente a un villanoveño de un tomareño, lo cual significa, en líneas generales, que el nivel de vida de este último casi triplica al del primero. Las cifras cantan. ¿O no?

Ciento treinta kilómetros separan estas dos localidades, la más rica y la más pobre. Hay que recorrer casi una centena por la A-92 hasta llegar a Osuna, la capital de la Sierra Sur sevillana, y desviarse desde allí por una carretera comarcal que la conecta con El Saucejo. Pasado este pueblo no demasiado vistoso y por una carretera estrecha y revirada que hace que diez kilómetros parezcan veinte, llegamos a Villanueva de San Juan.

Unos obreros cortan, reparan y sustituyen las losetas de una calle cercana al Ayuntamiento. Es la calle a la que le ha tocado este año las obras del Plan de Empleo Rural (PER) con cuyos jornales algunos de sus habitantes en paro podrían completar el número de peonadas que les permitirá cobrar el subsidio agrario. En su docena larga de calles, bonitas y recoletas de subidas y bajadas, típicas de una población serrana, viven unas 1.200 personas, muchas de ellas mayores de 50 años. En el Ayuntamiento hay quince empleados en nómina. Su presupuesto, incluyendo el PER, el Plan Supera y otros programas públicos de empleo, no supera el millón de euros.

En el único colegio de la localidad, hay noventa y siete niños. Situado en la falda de una pequeña colina y rodeado de lindos parajes con unas vistas rurales teñidas de amarillo por la falta de lluvias, uno diría, si estuviera en Cádiz, que Villanueva forma parte de la ruta de los pueblos blancos. Será pobre, según Hacienda, pero de feo nada. Es un sitio hermoso.

«Aquí la tasa de paro supera el 30 por ciento», cuenta su alcalde, José Reyes, licenciado en Farmacia de 37 años que lidera al grupo que forman los siete concejales socialistas. Los otros dos con que cuenta el Ayuntamiento son del PP. En la Sierra Sur, la comarca más pobre de Sevilla, gobierna mayoritariamente el PSOE, salvo en Pruna, donde el alcalde es andalucista, El Saucejo, donde la alcaldesa es de IU, y Marinaleda, en manos de Sánchez Gordillo y su CUT-BAI. Aunque el desempleo sea muy elevado en Villanueva de San Juan, una localidad que vive fundamentalmente de la aceituna, la gente sabe buscarse la vida para salir adelante.

«El número de parados es alto pero mucha gente tiene sus aceitunas y saca sus ingresos para ir tirando. La palabra paro en un pueblo agrícola de Andalucía es más compleja de lo que parece», dice el alcalde, que añade: «En Sevilla capital, si estás en paro, es que no estás trabajando. Aquí la mayoría de los habitantes, incluido yo, tenemos pequeñas producciones, de una hectárea a veinte, y con eso se puede vivir. Y cuando no estás en la época de la aceituna, si haces las 35 peonadas, tienes el subsidio y tiras para adelante», añade. El subsidio agrario son 426 euros.

Pobres

¿No hay pobres en el pueblo teóricamente más pobre de Sevilla? «Aquí hay gente con poco -admite Reyes- pero extrema pobreza no hay. Esa la he visto en barriadas de Sevilla capital. Aquí no hay nadie que no tenga absolutamente nada ni nadie que esté tirado en la calle. Siempre algo se pilla», afirma sin titubear.

En un pueblo de 1.200 habitantes situado en plena sierra hay menos necesidades y también menos cosas en las que gastar dinero. No hay ninguna oferta cultural ni un quiosco de prensa (el más próximo está en El Saucejo) y apenas hay tiendas (sólo una de electrodomésticos). Los martes hay un mercadillo ambulante de frutas, verduras y ropa. El negocio más popular de la localidad son los bares: contamos diez, casi uno por cada cien habitantes. Un café cuesta entre 80 céntimos y un euro.

Antes de la crisis se construyó en la parte baja un campo de fútbol de césped artificial. «Hemos jugado varios años en Segunda Regional pero por falta de futbolistas jóvenes nos tuvimos que retirar y ahora sólo se juegan allí ligas infantiles», comenta el alcalde.

En los pueblos de esta comarca se vive de una manera diferente. «Aquí nos conocemos todos, quien más quien menos todos tenemos relación. Fíjate que el otro día se casó uno de Algámitas con una de Villanueva y estuvimos todos en la boda. Los dos pueblos enteros: más de mil personas -cuenta el alcalde-. En otros tiempos había mucho pique con los vecinos de Algámitas, incluso peleas y tortas en las fiestas, pero ahora hay buena relación. Hay un pique sano, como entre los béticos y sevillistas», dice. Este alcalde, por cierto, es bético.

En los años 60-70 Villanueva de San Juan tenía más de tres mil habitantes, casi los mismos que entonces vivían en Tomares. Medio siglo después de esa convergencia, sus destinos se han separado hasta el primer y último lugar de la tabla provincial. La falta de perspectivas laborales obligó a muchos villanovenses a emigrar. La mayoría fueron a Francia y Alemania, como el padre del alcalde, y la población fue reduciéndose a la mitad, al revés que Tomares, ciudad-dormitorio de Sevilla, que pasó en apenas tres décadas de 3.781 habitantes a 18.000, según el censo del año 2000. «En aquella época se emigraba con contratos de trabajo y condiciones aceptables. Mi padre estuvo 14 años en el norte de Alemania, cerca de Colonia, trabajando en la Renfe alemana y no tuvo queja salvo que no aprendió nada de alemán: sólo sabía saludar y decir, quiero pan», comenta José Reyes.

El «boom» de Ibiza

Veinte años más tarde, a principios de los ochenta, se dio el «boom» de la inmigración a Ibiza. «Mucha gente de La Puebla de Cazalla y de Villanueva se fue allí a trabajar en hoteles y restaurantes. Había mucha relación entre La Puebla y Villanueva y eso arrastró a mucha gente de aquí. Allí es imposible irse a escondidas porque te pillan: hay mucha gente de Villanueva en Ibiza. Otros se fueron a Cataluña. La mayoría se quedaron allí pero con la crisis algunos volvieron».

Pasamos por una fuente a la que hace cincuenta años venía la gente del pueblo a llenar los cántaros de agua. Las mujeres iban entonces a un arroyo a lavar la ropa. La crisis económica se ha notado en Villanueva menos que en Tomares, donde la tasa de paro se dobló hasta el 30 por ciento. Ahora, con la recuperación, volvió al 15. En Villanueva se mantiene en el 30, o algo más, pero el 30 de los pueblos agrícolas, como dice el alcalde, «no es el mismo que el de una capital o una localidad residencial.

La agricultura, aunque no tenga tan buena prensa como la industria, es la que sostiene a Villanueva. «Un año bueno de aceituna se pueden coger las 35 peonadas pero si no llueve, no hay para tantas. Aquí hay un año bueno y uno malo, más o menos, de aceituna», comenta Juan, un jornalero de 48 años que sobrevive, cuando no trabaja, gracias al subsidio agrario y al «puñadito de aceitunas» que producen unas «tierrecitas de la familia». Su sonrisa es franca y parece sincera: «Esto es pequeño pero el campo es bonito y aquí se vive tranquilo». Tan tranquilo que sólo cuenta con una pareja de policías locales. Los fines se semana se quedan sin fuerzas de seguridad pero nadie las echa de menos.

Vivir en Villanueva no cuesta lo mismo que en Tomares. Una casa de cien metros cuadrados vale unos 70.000 euros y otra más pequeña puede conseguirse por unos 30.000. El alquiler medio es de 200 euros, la cantidad que paga el alcalde por el inmueble de tres dormitorios donde reside. En la localidad más rica de Sevilla una casa de ese tamaño puede costar 200.000 euros. Y por menos de 600 ó 700 euros no podría alquilarla.

Que en este pueblo de la Sierra Sur se pasa la vida aceptablemente con poco dinero lo corrobora Juan Martín Vargas, gerente de la cooperativa San Juan Bautista, el motor económico de Villanueva, que contrata a más de cien trabajadores en la época de la recogida en la que nos encontramos ahora. «Producimos 6 millones de kilos de aceituna negra y un millón de kilos de verdeo. Y se están sembrando más tierra de olivo. Son pequeñas parcelas, una media de quince a veinte fanegas de tierra». Producen mucho para ser una localidad tan pequeña y lo hacen, además, muy bien, a juzgar por los premios que logra su aceite. El que convoca la Diputación Provincial lo han ganado dos años de forma consecutiva. No puede ser casualidad.

«Esto de que somos los más pobres de la provincia de Sevilla yo creo que es relativo. Tenemos almazara, verdeo y hasta un pequeño banco de crédito con los socios, que son más de quinientos, la mayoría de aquí, aunque también hay de Algámitas y Pruna. La pena es que esto es lo único que hay y el pueblo se está envejeciendo» añade el gerente de la cooperativa.

La falta de agua impide que haya más granjas de cerdo, ave y pollo, aunque algunas sobreviven y otras se están ampliando. «Habría que fomentar más el turismo rural: aquí hay parajes y rutas que tienen nada que envidiar a la Sierra Norte pero no sabemos venderlas. Allí hicieron un Parque Natural y aquí se podría hacer otro porque hay unos paseos preciosos», comenta Martín.

Salud

Tanto en Villanueva como en Tomares sólo hay un solo centro público de salud pero ahí se terminan las semejanzas. Mientras en la próspera localidad aljarafeña hay decenas de clínicas dentales y profesionales privados que te asaltan por todas partes y se anuncian en el periódico y la radio municipales, en Villanueva no hay ni un dentista. Una sola farmacia surte de medicinas a su envejecida población.

El hospital para «las cosas chungas» está en Osuna, a casi media hora y en el ambulatorio, como se le conoce al centro de salud, hay un médico y un ATS de lunes a viernes de 8 a 3 de la tarde. En El Saucejo, a 12 kilómetros, hay uno abierto todo el día. Una sola ambulancia cubre cinco pueblos de la zona. Normalmente es suficiente pero con dos urgencias que surgieran simultáneamente sería diferente.

Ruth, la doctora de Villanueva de San JUan, tiene 38 años y lleva tres años trabajando aquí. «Es un pueblo envejecido, hay muchos ancianos con patologías crónicas y problemas de huesos. No son patolologías diferentes a las de otros pueblos de la comarca y también hay pacientes con cáncer. «Lo mejor de trabajar aquí es el trato tan agradable y el respeto que tienen por el médico», dice. Lo peor es la baja natalidad: «Hay muy pocos niños, a ver si arreglan esto», dice. En 2016 nacieron seis niños en Villanueva y murieron catorce personas.

El despegue de Tomares

En 1900 Tomares tenía 687 habitantes y era el sexto pueblo más pequeño de Sevilla. Hoy tiene más de 25.000 y puede presumir de estar entre las cien localidades más ricas de España (la 58 en 2016) y de ser la de mayor renta per capita de Andalucía, superior a los 32.000 euros. Su alcalde, José Luis Sanz (PP), que la gobierna desde hace diez años, destaca los veinticinco parques de la localidad que la convierten en la que tiene más zonas verdes por habitante de Andalucía. Las 45 hectáreas del Parque del Olivar del Zaudín, inaugurado en junio, la situaron a la cabeza de España.

Tomares empezó siendo una ciudad-dormitorio por su cercanía a Sevilla pero ya se ha convertido en una ciudad-residencial. «Hemos invertido esa tendencia y la gente ya no viene solo a dormir en Tomares sino que hace vida aquí».

A diferencia de Villanueva, cuyos vecinos tienen una edad media superior a los 50 años, les ayuda tener una población bastante más joven, en torno a los 37 años. «La calidad de vida que tienen los niños aquí es incomparable. Todos tienen un parque cerca y hacemos muchas actividades infantiles los fines de semana». No sólo infantiles: el auditorio de música programa una actividad o concierto un día sí y otro no durante todo el año y su Feria del Libro se ha consolidado como una referencia nacional «que nada tiene nada que envidiarle a la de Sevilla», asegura Sanz, orgulloso.

También cuenta con talleres de pintura, una biblioteca municipal con más de 15.000 libros y 1.300 películas, una escolanía, una orquesta polifonica y una banda sinfónica municipal.

En 2016 hubo 176 nacimientos en Tomares y murieron 100 personas. Su tasa demográfica es muy superior a la media española. Aquí viven médicos, abogados, funcionarios, profesionales liberales y muchos periodistas. Canal Sur, donde trabajan casi dos mil personas, está en San Juan de Aznalfarache pero a pocos palmos del término municipal de Tomares.

El polígono El Manchón agrupa a 178 empresas en sus 18 hectáreas. «Es el mejor poligono comercial de la provincia de Sevilla», afirma Sanz. Las plazas de comedores escolares crecieron de cero hasta las 1.500 en diez años y el Ayuntamiento, cuyo presupuesto ronda los 25 millones de euros al año, ha contratado monitores deportivos, logopedas y profesores de inglés para los colegios. Hay cinco en la localidad donde dan clase 3.000 estudiantes y dos institutos de enseñanza secundaria con otros 2.340 matriculados. Cuenta también con dos guarderías municipales y un aula de mayores con más de 120 alumnos.

Los inconvenientes

Vivir en uno de los municipios más ricos de España también tiene algunos inconvenientes. Aunque la presión fiscal no es demasiada alta en términos relativos e incluso inferior a la media de la provincia («no se paga mucho de basura», afirma el alcalde), la carestía del suelo hace que se pague un IBI bastante alto, entre 350 y 400 euros como promedio. El impuesto de circulación de un vehículo medio es de 60,20 euros. En Villanueva el IBI no llega a los 150 euros, aunque el sellito del coche resulta más caro: 84,17 euros. En el pueblo más pobre hay 322 coches frente a los 14.500 de Tomares, aunque los atascos sólo afectan a los que viven en el Aljarafe.

Antonio, de 55 años, propietario de «El Estanco», el bar más antiguo de Tomares, lo certifica. «Cojo el coche y lo tengo que aparcar en Mairena del Aljarafe y me bajo a Sevilla en metro, porque el atasco es imposible», comenta.

Tomares vio duplicar su tasa de paro durante los años de la crisis hasta el 30 por ciento pero ahora ha vuelto al 15 que tenía en 2007. «Gente que llevaba mucho tiempo en paro ha vuelto a acceder al mercado laboral y esto se ha notado mucho durante este año -comenta el alcalde-, que ahora no recibe peticiones constantes de gente pidiéndole un trabajo. El Ayuntamiento ha contratado a .este año a través de los planes Emplea Joven y Emplea30

En Tomares se tiene más dinero, se cena fuera y se gasta mucho más. En el mismo pueblo, sin ir a Sevilla, hay muchas posibilidades de hacerlo en sus ciento diez restaurantes y bares y hasta en su imponente casino. Pero también pasan mucho tiempo en atascos dentro de un coche, sufren estrés laboral y disponen de menos tiempo libre para actividades de ocio.

Los habitantes de Villanueva tienen mucho menos dinero pero bastante más tiempo libre que dedican a pasear, hablar y cuidar de sus pequeños huertos. Apenas tienen posibilidades de gastar y se han acostumbrado a vivir así. Sería aventurado afirmar que sean menos felices porque no puedan ir al casino a jugar o a un buen restaurante a cenar.