Entrevista
«Tras salvar el puente de Triana me felicitaban por la calle: "Don Manuel, el puente vibra estupendamente"»
Manuel Ríos, el ingeniero de caminos, canales y puertos que salvó el puente de Triana de su destrucción a mediados de los setenta del pasado siglo, recuerda su dilatada trayectoria profesional tras ser rotulada una plaza con su nombre

El ingeniero Manuel Ríos nació en el barrio sevillano del Arenal hace 83 años y desde hace unos días tiene una plaza con su nombre muy cerca del puente de Triana, al que está muy unido por su trayectoria profesional . Fue Premio Extraordinario ... de la Universidad de Sevilla, vicepresidente de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Andalucía y profesor de Estadística Teórica y Estadística Aplicada a la Ingeniería en la Universidad de Sevilla. Entre sus cargos más relevantes figuran el de jefe del gabinete técnico de la Comisaría de Aguas del Guadalquivir , jefe del Servicio de Inversiones de la Consejería de Economía de la Junta de Andalucía y jefe de Demarcación de Carreteras de Andalucía Occidental. Actualmente es académico de las Academias Andaluzas de Ciencias e Historia, además de vicesecretario del Ateneo de Sevilla.
¿Cómo se siente después de que hayan rotulado una plaza a su nombre?
Me siento enormemente honrado y satisfecho, pues me parece un extraordinario honor el hecho de que el nombre de Ingeniero Manuel Ríos quede impreso en la piel de nuestra amada Sevilla, en ese preciso, sugerente y céntrico lugar, al lado del puente de Triana, con vista al río Guadalquivir y en mi añorado barrio del Arenal donde nací y donde me educaron mis ejemplares padres. Además, el hecho de que este don quede abierto de par en par no sólo al espacio sino también al tiempo y que, por tanto, repercuta en mis descendientes, ha propiciado aún más que mis seis hijos y catorce nietos sean los más entusiastas de tan peculiar y trascedente premio. Ello, unido a las innumerables y cariñosas felicitaciones de instituciones, amigos, conocidos y hasta desconocidos, acrecientan en profundidad el placer que siento. Pero sinceramente, creo que no merezco tanto; quizás ni la décima parte.
Le han rotulado esta plaza, muy cerca del puente de Triana, por salvar, entre otras cosas, ese puente único y reconocible en buena parte del mundo, el cual estuvo a punto de desaparecer a mediados de los años setenta del pasado siglo por un problema estructural. ¿Cómo recuerda aquello?
Aunque la plaza se me concedió por unanimidad de todos los partidos, a propuesta del Partido Popular, en base a mis diversas actividades, es obvio que mi labor en la salvación del Puente de Triana ha debido pesar bastante. Del interesante y bello sistema ideado por Polonceau para el parisino Puente del Carrusel salió el sistema que los también franceses Steinacher y Bernadet mimetizaron en el trianero Puente de Isabel II. Esa idea, esa solución estructural, fue escasa en rigidez y deficiente en el reparto de sus esfuerzos, sin apenas poder soportar los crecientes efectos dinámicos, tanto que al del Carrusel lo transformaron en uno de hormigón armado con un revestimiento de piedra. Para colmo, nos dimos cuenta de que la resistencia de los estribos, pilas y zapatas de nuestro puente era a todas luces insuficiente. El caso es que, al regresar a su barrio la Esperanza de Triana, en la madrugada del Viernes Santo del año 1974, el puente vibró en demasía y saltaron al unísono él y el revuelo. Ante las emergencias reales, la Jefatura Regional, bajo la dirección de Rafael Candau Parias, me encargó redactar el informe oficial sobre el problema creado y dirigir las obras de la solución que se decidiera. En dicho informe advertí lo que supondría para Triana y para Sevilla la desaparición de nuestro querido puente de Triana. Me parecía de horror e imposible que eso sucediera.
¿Estuvo realmente a punto de desaparecer un puente tan icónico como ése?
Sí, porque el ministro Vigón encomendó al insigne catedrático de Puentes, Carlos Fernández Casado, el proyecto que solucionara urgentemente la gravedad del problema, quien optó por un nuevo puente de hormigón pretensado. Por consiguiente, el puente de Triana estuvo «condenado a muerte» y los titulares de la prensa de aquella época, como «Se derriba el Puente de Isabel II», así lo atestiguan. Menos mal que unos desajustes administrativos y que la cuasi certeza de la desaparición del histórico y popular puente provocó una fuerte defensa del mismo en la sociedad sevillana. Se le encargó al catedrático de Estructuras Metálicas, Juan Batanero García-Geraldo que diseñara un tablero autoportante, es decir, apoyado sólo en estribos y pilas; y a la empresa «Cimentaciones Especiales» que realizara una serie de sondeos con el fin de determinar los trabajos necesarios para la consolidación de estribos y pilas, así como la cimentación de las zapatas. Refundimos todo en un único proyecto, se licitó y se adjudicó la obra.
Supongo que lo pasaría mal durante aquellos meses de trabajo a marchas forzadas para salvar el puente.
Sufrí bastante y me sentí muy solo, incluso abandonado con ese trabajo, aunque disfruté mucho más, especialmente cuando, tras la reglamentaria prueba de carga estática, decidí efectuar una prueba dinámica más real con los camiones en movimiento. Con ésta, el puente brincó tan desenfrenadamente que algunos de los asistentes huyeron despavoridos. Pero, al concluir supe con certeza que nuestro bellísimo y singular Puente de Triana estaba salvado, e iba a ser y es único en el mundo.
¿El puente debía brincar así para sobrevivir?
Ese puente metálico es flexible y tiene que vibra. Y el día que deje de hacerlo podría colapsarse. Recuerdo que después de los trabajos de refuerzo me felicitaban por la calle y me decían: «Enhorabuena don Manuel. ¡El puente vibra estupendamente!» O bien: «¡Debe de estar muy bien el puente porque vaya si vibra!».

¿Qué recuerdos tiene de su paso por la Dirección General de Carreteras?
Mis doce años como jefe de la Demarcación de Carreteras del Estado en Andalucía Occidental fueron un privilegio tan inmenso como el haber sido mucho antes el director de la obra de restauración y consolidación del Puente de Triana, pues inicié mi responsabilidad en aquel puesto durante la ejecución de las obras de la SE-30 y otras autovías relacionadas con la Expo-92. Recuerdo con agrado cuando el ministro Borrell me preguntó qué nombre me parecía mejor para el Puente de La Corta; yo, sin dudarlo, le respondí inmediatamente: «Cristo de la Expiración (El Cachorro)». Y el hermano mayor de la hermandad me lo agradeció enviándome un cuadro de la imagen con dedicatoria al respecto. Precisamente, cinco días antes de su inauguración, el propio ministro me avisó del día en que vendría; como aún estaban sin terminar los accesos al nuevo puente, asumí personalmente la Dirección de la Obra y la concluí con la ayuda de mi buen amigo y compañero Ginés Aparicio, que me prestó todos los soldadores que tenía en el recinto de la Cartuja.
Era entonces alcalde de Sevilla Alejandro Rojas Marcos...
Sí. Y él quería descorrer la cortinilla en la inauguración. Creo que medio le convencí de que el puente no era una calle y consensuamos que lo hicieran conjuntamente el ministro y él; pocos días después el Ayuntamiento ratificó el nombre que le dimos al puente. También recuerdo que, estando próximo el inicio de la Expo-92, me llamó Borrell una vez más para preguntarme qué le contestaba a los periodistas de El País que esperaban en la puerta de su despacho, porque Jacinto Pellón había declarado que nos era imposible terminar a tiempo el Nudo de la Pañoleta. Con total seguridad le dije a Borrell que lo desmintiera y así lo hizo.
¿Llamó a Pellón?
Sí, lo llamé muy enfadado y él, que también era ingeniero, me dijo que temía que las lluvias le impidieran acabarlo a tiempo. Yo le dije que no tenía que preocuparse, que yo lo tenía todo todo previsto por si llovía. Y en efecto, así fue. Algo después, con todas las obras terminadas, me invitó a comer en su oficina de la Expo con algunos cargos del Ministerio. Por la SE-30 y las restantes obras pre-Expo, el Rey Juan Carlos I me concedió la encomienda de la Orden del Mérito Civil y me pidió en la Zarzuela que intercambiáramos las corbatas. De las obras post-Expo sólo voy a citar, por su importancia internacional y la presencia del presidente Aznar, el puente de Ayamonte que unió por carretera España y Portugal. Fue un gran día.
¿Se llevaba bien con Borrell?
Muy bien. Recuerdo que cuando inauguramos la variante de Carmona en la N-IV, que él presidió, empezaron a pasar coches y autobuses y muchos empezaron a aplaudir. Estaba encantado y creo que le sorprendió mucho esa reacción popular ante la inauguración de una carretera.
Me han dicho que Borrell se lo quiso llevar a Galicia.
Sí. Me dijo que allí todo estaba muy atrasado en carreteras y que nunca le habían aplaudido en la inauguración de ninguna obra.
¿Participó en el diseño de la SE-30?
No, porque durante su redacción estaba trabajando en la Consejería de Economía. Cuando me nombraron Jefe de Carreteras del Estado en Andalucía Occidental, ya estaban todos los tramos terminados. Sí me pronuncié ante la Dirección de Carreteras sobre algunos de ellos y pregunté por qué no se había proyectado un par de túneles en lugar del Puente del Centenario. dije que no tardarían en producirse atascos circulatorios como así ocurrió. Pronto hubo que crear un tercer carril intermedio, pero esa no era la solución. Ahora se está ampliando con las molestias que ello implica y el incremento de coste que supone su ensanchamiento.
¿Qué opina de lo que está ocurriendo con la SE-40 y con la renuncia a hacer los túneles?
Mi opinión es muy simple. Estaban proyectados túneles y se realizó, como es obligado, un estudio de impacto ambiental, que fue aprobado. Entonces, ¿por qué se cambian a puentes? Sencillamente, porque son más baratos. A mí, desde luego, me hubiera gustado más la solución inicial más limpia, los túneles, pero respeto la opinión contraria, aunque creo es minoritaria entre mis compañeros y parece que se debe en realidad a una decisión político-económica.
¿Cree que el Estado trata igual a Sevilla en materia de infraestructuras que a otras ciudades españolas como Bilbao o Barcelona?
Pues, mire, no dispongo de datos contrastados pero, por lo que sé, da la impresión de que no se nos trata igual.
Si fuera alcalde de Sevilla, ¿qué tres primeras medidas tomaría en la ciudad?
A bote pronto, diría que llevar a cabo con urgencia un plan de limpieza, realista y eficaz, de nuestra maravillosa Sevilla, mentalizando también al ciudadano, y que nos equipare al menos con otras capitales que da gusto verlas; y ello por descontaminación, incluso visual, y por su repercusión económica en general y turística en particular. Otro plan muy importante debe ir dirigido hacia una mayor atención a los barrios más deprimidos con independencia de la labor que lleva a cabo Cáritas y otras organizaciones no gubernamentales. Finalmente, intentar el mayor entendimiento posible con las restantes Administraciones Públicas y Privadas, exigiendo contundentemente a las primeras lo que es de justicia equitativa. Aquí podría referirme, por ejemplo, el Metro e incidir en la necesidad de concluir lo más rápidamente posible la SE-40.
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha declarado que va a haber financiación estatal a partir de 2023.
Eso sería una gran noticia si lo cumpliera.
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