Los casos de violencia en las aulas están creciendo en toda Andalucía, según APIA y ANPE
Los casos de violencia en las aulas están creciendo en toda Andalucía, según APIA y ANPE - ABC
EDUCACIÓN

Unos diez mil profesores de Sevilla han sufrido algún tipo de agresión en sus centros

Los ataques verbales o físicos de los alumnos se ceban con las docentes, que los sufren en mayor proporcion que sus compañeros

SEVILLAActualizado:

El pasado viernes agentes de la Policía Nacional detuvieron a un menor que amenazó a los profesores de un instituto de Dos Hermanas con un arma simulada. El chico, que había sido expulsado del centro en numerosas ocasiones, les gritó que se iba a «liar a tiros».

El pasado 23 de febrero, un alumno de 13 años sembró el pánico en una clase de primero de ESO del instituto Antonio de Ulloa, de La Rinconada. Golpeó la pizarra y las paredes del aula e insultó y amenazó de muerte a una profesora de Inglés. No llegó a agredirla porque lo impidió el jefe de estudios, según contó la docente. En un colegio cordobés, pocas fechas antes, otras dos profesoras fueron agredidas por los familiares de un alumno de Educación Infantil: a una la hirieron con una botella en la ingle y a otra la agarraron por los pelos y le provocaron una lesión cervical. A los pocos días, salía ardiendo el coche de una profesora dentro de un instituto de Algeciras. Todos estos sucesos han ocurrido en el último mes y han sembrado la alarma en la comunidad educativa.

«Estos casos no son algo habitual pero cada vez se dan más y eso es lo preocupante», comenta Mercedes Villar, vicepresidente de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía (APIA). Una encuesta encargada por esta organización refleja que un 84 por ciento de las docentes andaluzas ha sufrido alguna agresión verbal o física durante el último año. De los veintidós mil profesores que ejercen la docencia en colegios e institutos de Sevilla, más de trece mil son mujeres y las víctimas de algún tipo de ataque por parte de los alumnos superarían, por tanto, la cifra de diez mil.

Más violencia

Un informe de ANPE-Sevilla constata que los casos de violencia contra los docentes han crecido un 5 por ciento el último curso. Los incidentes se produjeron en colegios e institutos de Sevilla capital, Los Molares, Dos Hermanas, La Rinconada, Tomares, Gilena, Mairena del Alcor, La Puebla de los Infantes, Morón de la Frontera, Bormujos y Espartinas, aunque reconocen que no todos los casos se denuncian y que un número significativo de docentes se ha «acostumbrado» a convivir con insultos y faltas de respeto.

Mercedes Villar cuenta cómo un alumno de su clase al que le dio un folio para que apuntara la explicación lo tiró por la ventana después de hacer un avioncito. Estos actos de indisciplina se acompañan a veces con un «vete a la mierda» o alguna expresión parecida.

«Hay mucho machismo en los institutos y los alumnos se ceban con las profesoras. Las voces que me dan algunos estudiantes no se las dan a los profesores. Las alumnas también son muy machistas, comenta Villar. Según el estudio de APIA, la mayoría de las agresiones que sufren las docentes son de carácter verbal, aunque algunas veces se combinan la física y la verbal. Los agresores son, en su mayoría, alumnos varones, pero también forman parte de esta categoría sus progenitores y algunas alumnas. Nueve de cada diez profesores sevillanos declara tener constancia de alguna agresión verbal o física a alguna compañera.

Daniel Bermúdez (CSIF) opina que «este aumento de la violencia es preocupante pero lo que sucede en las aulas es un reflejo del aumento de la violencia en la sociedad: se agrede también a los médicos y a otros funcionarios». Según una encuesta de este sindicato, el 30 por ciento de los profesores considera que la vida en el instituto «es muy difícil» o «no agradable».

De este tercio de profesores descontentos, la mayoría son mujeres y docentes menores de 40 años. Para casi un 20 por ciento de ellos, las relaciones con los alumnos son «malas» o «no buenas». Más de un 36 por ciento declara que violencia en el instituto es la «normal» y un 19,15 por ciento «mucha». Respecto a la autoridad del profesorado, más del 75 por ciento cree que es «muy poca» o «ninguna».

Es esta cuestión uno de los principales problemas de los centros, según denucian profesores. No es sólo un problema de Sevilla o del resto de Andalucía, aunque en nuestra comunidad son muchos los profesores que dicen no sentirse amparados por la Administración. Según el estudio de APIA, tampoco los directivos de los centros les respaldan.

«Si el hecho violento llega a trascender, el apoyo que recibe la víctima entre sus compañeros es grande pero no así el de la Administración», afirma esta asociación. Lo más llamativo —añade— es el «frecuente distanciamiento o abierta indiferencia de los directivos del centro y la nula empatía mostrada siempre por el resto de la administración educativa, delegación territorial de la Consejería de Educación. El resto del alumnado y los padres y Ampa tiene un menor compromiso a la hora de apoyar», dice APIA.

Depresión y pesadillas

Los problemas de convivencia en los colegios e institutos pasan factura al profesorado. Las secuelas que sufren víctimas de insultos y agresiones son variadas y numerosas, desde «el temor y la inseguridad o frustración en el trabajo al sentimiento de culpa, estrés, depresión, pesadillas, síndrome del trabajador quemado e incluso abandono de la docencia en los casos más extremos», asegura la Asociación de Profesores de Bachillerato de Andalucía.

Antonio Brea, vicepresidente de ANPE-Sevilla, destaca que los docentes víctimas de algún tipo de agresión presentan un cuadro de ansiedad generalizado «pero se resisten a pedir una baja por depresión por su vocación y profesionalidad».

Todos los sindicatos docentes piden que que se endurezcan las sanciones por agresiones y la publicación de la Ley de Autoridad del Profesorado de Andalucía. El juez de menores Emilio Calatayud preguntó a unos alumnos, durante una charla en un instituto, si alguno lo insultaría. Todos negaron con la cabeza y uno le dijo «no, usted es una autoridad», a lo que él contestó: «Pues a los profesores tampoco porque ellos también lo son».