Imágenes como ésta se repiten a diario en el entorno de la Macarena - M.J.LÓPEZ OLMEDO
Inseguridad

Vecinos de la Macarena se movilizan contra el vandalismo

La concentración de plazas asistenciales para personas sin hogar dispara la tensión. Los residentes conviven con drogas, peleas, robos e inseguridad

SevillaActualizado:

Los vecinos de la Macarena no pueden más. La concentración de numerosas plazas para atender a personas sin hogar en un sólo distrito, donde se ubican el albergue municipal (en la calle Perafán de Ribera), el hogar Virgen de los Reyes (en la calle Fray Isidoro de Sevilla) y el comedor social de El Pumarejo, lleva tiempo provocando una gran tensión entre los residentes. Porque quienes viven en ese barrio, a sólo unos metros del Arco de la Macarena, se enfrentan a diario con situaciones de conflictividad. Y con sus consecuencias.

El problema, según explican, no es que decenas de personas sin hogar deambulen por las calles. «Yo voy todos los días al comedor social a ayudar y hay personas buenísimas», dice una de las mujeres. La cuestión que los tiene en pie de guerra es que hay un colectivo con adicciones de alcohol o las drogas, o en otros casos con problemas mentales que se concentran entre las calles Don Fadrique, Esperanza, Juan de Astorga, Juan de Robles y Perafán de Ribera.

¿Las consecuencias?Todos los días pasa algo. Hay problemas de inseguridad, porque se producen peleas a diario. Riñas por ajustes de cuentas, trapicheo con drogas. Ytambién hay pequeños robos como el que se produjo el pasado miércoles a punta de navaja contra una menor de edad. En los bares, en la farmacia, en el supermercado o un taller de motos de la calle Don Fadrique, sufren a diario situaciones complicadas. Porque se meten en los zaguanes de las casas y allí beben o se drogan;hacen sus necesidades a plena luz del día y dejan las calles llenas de suciedad.

Además también se producen episodios conflictivos. Macarena Díez, gerente del Bar Plata, vive a diario esas situaciones. No son pocas las veces que estas personas conflictivas se han colado en el local e incluso le han metido la mano en la caja. Y otras veces se los encuentra en la puerta con la borrachera. «Vivimos con pánico», dice explicando que a veces están tirados en la calle durmiendo o sentados en un banco muy cerca fumando porros.

Están hartos de que les tachen de insolidarios porque se han atrevido a alzar la voz contra esa situación. Pero, según recalca otra vecina, no es así. «Que vengan del Ayuntamiento y se queden aquí unos días», dice otra señora del barrio, cuya hija ya ha sido víctima del vandalismo. Los que ejercen de gorrillas le reventaron los cristales del coche. «Mi hija no quiere venir con mis nietos a vernos porque, cada vez que lo hace, se encuentra una pelea en la puerta», explica.

Javier Rodríguez, propietario de un taller de motos de la zona, asegura que la situación es «insoportable» y que a diario se encuentran a estas personas peleándose o ebrios, o con los pantalones bajados y haciendo sus necesidades, algo que también provoca una suciedad tremenda y que proliferen ratas y cucarachas por las calles. «Todas las mañanas tengo que echar un cubo de lejía en el portal para quitar el mal olor», explica otro residente del barrio.

En la farmacia también se enfrentan a situaciones delicadas, porque llegan con la receta de ansiolíticos, pero cuando se les acaban las pastillas quieren más. Y sin receta no pueden dispensarle más fármacos. Y ahí surge el conflicto.

Otra anciana, de 87 años, fue víctima de un robo en la puerta del supermercado que hay al final de la calle Don Fadrique, «Me metieron la mano en el bolso y me robaron», relata. También se quejan de que asisten a diario a escenas de venta de droga. «Vemos el trapicheo que hacen a diario», explica Nay, dueña de otro bar en la misma calle. «Aunque no les dejamos entrar, se ponen en la puerta y hacen sus necesidades», explica.

Otros han presenciado escenas de sexo en plena calle, opeleas entre ellos cuando cobran la pensión. De hecho, a veces los ven en la puerta de la entidad bancaria que hay en esa vía esperando para cobrar. Cuando salen, la bronca por el dinero está garantizada.

Y una de las consecuencias de esta situación de inseguridad es que los precios de los alquileres están bajando. «Cada vez menos gente quiere venir a vivir al barrio». Y eso que está a unos metros de basílica de La Macarena. No ven lógico que se hayan ubicado todos estos centros de atención social en la misma zona y en pleno centro. «Cualquier día pasa algo», advierten.