Dos turistas se refrescan los pies en la fuente de la Plaza de España - Raúl Doblado

Verano en Sevilla: qué hacer ante un golpe de calor

Cómo prevenir esta dolencia que puede ser mortal y cómo actuar en caso de que se sufra

Sevilla Actualizado: Guardar
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Con Sevilla a 40 grados, hay que protegerese del sol. Los golpes de calor, aunque parecen un mal menor, matan, advierten los médicos. De la deshidratación, el dolor de cabeza y el malestar se pasa, si no se ponen medios se puede pasar a un cuadro más grave: «El paciente se va poniendo cada vez peor, empieza a comportarse raro, puede tener alucinaciones e incluso presentar convulsiones en determinados momentos y va perdiendo la consciencia», señala el doctor Tranche, de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFyc).

Cuando el cuerpo rebasa los 40 grados -el valor normal está entre 36 y los 37 grados-, se pueden producir fallos en los órganos que lleven a una situación peligrosa para la salud. Un problema tan simple -que suba la temperatura- y que se previene de forma sencilla -sombra, agua y descanso- es sin embargo motivo de fallecimiento en casos extremos.

La primera recomendación médica pasa por la prevención. No exponerse al sol en verano en las horas centrales del día, practicar deporte en la mañana temprano o la tarde-noche. También hay que hidratarse frecuentemente: beber agua ayuda a sudar, lo que regula la temperatura corporal. Los especialistas insisten en que hay que usar protección en la cabeza, como gorras o sombreros. Y que es mejor realizar comidas ligeras y evitar la ropa ajustada o estar en lugares cerrados al sol.

Una vez que todo esto falla, o si no se ha podido seguir esas recomendaciones, también hay formas de atenuar el impacto del calor. «Si se nota un golpe de calor en alguien, lo primero es retirarlo del calor, llevarlo a la sobra» explican desde el hospital Infanta Luisa. «Hay que bajar la temperatura desnudando al paciente y mojándole la piel con paños húmedos. Si la persona puede beber, se le puede dar agua». Agua o similar, «pero nunca alcohol o bebidas muy azucaradas».

A partir de ese punto, ya es trabajo de los médicos y hay que trasladarlo a un centro de salud o a un hospital. Si se mueve al enfermo, se debe hacer con las ventanas del coche bajadas.

Según la consejería de Salud de la Junta de Andalucía, la tasa de mortalidad cuando se presenta un paciente con un golpe de calor es muy variable. Es especialmente preocupante en el caso de que el paciente tenga más de 42 grados, sea mayor de 50 años o haya convulsiones o coma. «Si un paciente lleva más de dos horas por encima de 40 o 41 grados tiene un 70% de probabilidades de muerte», indican. Aunque depende, añade, de las condiciones de salud previa del sujeto. «No es lo mismo una persona joven que mayor, alguien con problemas anteriores que sano».

Cuidado con niños y ancianos

Los menores y los más mayores son los colectivos más vulnerables ante el calor. En el caso de los niños, porque hasta los tres años no deben exponerse al sol y, además, tienen más complicado comunicar que se encuentran mal. Un bebé difícilmente podrá pedir agua o ventilación. De esta forma, desde Sanitas alertan: «el niño puede dar la impresión de estar dormido cuando en realidad está muy grave».

En el caso de los ancianos, el problema no es que no puedan pedir ayuda. Con la edad, explican los expertos, la sensación de sed es más leve. Por eso las personas mayores suelen olvidar beber todo el líquido que les hace falta y, por eso, pueden sufrir golpes de calor.

Al final, un golpe de calor no es más que un desajuste de la temperatura corporal. Además de niños y ancianos, los otros dos colectivos más vulnerables son las embarazadas y los enfermos crónicos o que toman determinada medicación como diuréticos están más expuestos.