Las consecuencias de conducir a 200: si aumenta la velocidad aumenta el error
Este coche circulaba a 202 Km/h según el radar de la DGT - abc

Las consecuencias de conducir a 200: si aumenta la velocidad aumenta el error

Aunque hayan mejorado las carreteras y los coches sean más seguros, cuando pisamos el acelerador a fondo perdemos gran parte de la información necesaria para una conducción segura

a.f.vergara
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Joven con éxito profesional, alto poder adquisitivo, y vehículo deportivo de altas prestaciones. Son tres factores que nos llevarían a un titular que sería algo parecido a «captado por el radar circulando a 200 kilómetros por hora».

Algunos casos se han dado en los últimos días. Con la correspondiente sanción, juicio, e incluso valoración por parte de la sociedad española, que cada vez está más sensibilizada con este tipo de delitos relacionados con la seguridad vial.

Casos de futbolistas famosos, por ejemplo, que nos han llevado a preguntarnos por las consecuencias de conducir a estas velocidades tan elevadas, al tiempo que algunas asociaciones o colectivos de conductores piden una revisión, al alza de los límites legales de velocidad en nuestro país, bajo el pretexto de las mejoras que se han producido en las autopistas españolas, y a las características actuales de los vehículos modernos. Más potentes, más rápidos y más seguros.

Pero entre todos estos factores, que posiblemente servirían para ceder ante esa pretensión, se nos olvida uno de los factores más importantes a la hora de conducir. El factor humano.

Según Julio Laria, director general del Instituto de Seguridad Vial de la Fundación MAPFRE, en ningún caso nos podemos olvidar de que por muy moderno que sea el coche y muy buena que sea la carretera «quien conduce es un humano, y cuanto mayor sea la velocidad más posibilidades tenemos de cometer un error y por lo tanto ser protagonistas de un accidente»

Según los informes con los que trabajan en la Fundación MAPFRE, hay varias cuestiones a tener en cuenta respecto al «factor humano». Y el primero de ellos es que «cuanto más sea la velocidad de conducción más difícil es evaluar la situación del tráfico y las circunstancias que te rodean». Afirma Julio Laria que al circular a más velocidad se reduce tanto la cantidad como la calidad de la información, como pueden ser las señales de tráfico o la luz y los semáforos.

Al aumentar la velocidad también disponemos de «menos tiempo para tomar decisiones, lo que hace que las decisiones que adoptemos sean precipitadas». Y un tercer aspecto es el que el director general del Instituto de Seguridad Vial denomina «efecto túnel», y que se caracteriza porque según aumenta la velocidad se reduce nuestro campo visual. Julio Laria nos pone el siguiente ejemplo: «circulando a 80Km/h tenemos una pérdida de eficiencia visual de aproximadamente el 35%. Si amentamos la velocidad a 200 Km/h esa pérdida de eficiencia visual aumenta al 75 e incluso al 80%. El campo visual se va reduciendo, y solo somos capaces de ver lo que tenemos delante. Por eso se le llama ‘efecto túnel’. Todo esto contribuye a reducir nuestra capacidad de anticipación».

Para demostrar de qué modo la velocidad excesiva incluye en la siniestralidad, Julio nos ofrece además datos extraídos de numerosos estudios científicos realizados en Europa. Después de numerosas se ha demostrado que so un país es capaz de reducir 1Km/h de velocidad media, la siniestralidad se reduciría en un 3%. Si se consiguen reducir 11 Km/h de media, la siniestralidad se deduciría hasta en un 13%.

Otra de las cuestiones a tener en cuenta es que, por mucho que hayan mejorado las carreteras y por muy moderno y seguro que sea nuestro coche, en al circulación normal interactuamos con otros vehículos y peatones, por lo que confiar en nuestro potencial puede resultar «demasiado aventurado».

No hay más que prestar un poco de atención para darnos cuenta de que «si vamos a 120 por una autopista y nos adelanta un coche a 200, primero nos asustamos, y después hasta notamos como nuestro coche se mueve», nos recuerda Julio Laria. Además existe la posibilidad de provocar una colisión por alcance.

Revisamos unos datos para comprenderlo mejor. Detener un coche que circula a 200Km/h supone recorrer 300 metros. Frenar un coche que circula a 120 Km/h sería aproximadamente 110 metros. Todo ello dependiendo de condiciones como la presencia de grava en la carretera, humedad y estado de los neumáticos.

El instituto MAPFRE también nos alerta sobre la violencia del impacto según se aumenta la velocidad del vehículo. «En una colisión con un objeto rígido, a 200 Km/h, se equipararía a una caída desde 157 metros de altura. A misma colisión a 120 Km/h sería aproximadamente una caída desde 57 metros. Para que nos hagamos una idea, como de un piso 14».

En general, Julio Laria interpreta que se circula a una velocidad excesiva «por falta de conocimiento de los efectos causados por la elevada velocidad». Y en este sentido, cree que «algo ha cambiado» en la sensibilidad de los españoles respecto a este tipo de conductas, y de otro tipo de irresponsabilidades al volante. Por ejemplo, hace unos días «ha sido tendencia en las redes sociales las críticas a un futbolista que llevaba a su bebé en el pecho».

Es el dato más positivo que se puede sacar de algunas conductas «irresponsables» de algunos famosos. El ser detenidos por circular a 200 por hora, o con el niño sin asegurar debidamente en su sillita es ahora criticado por la sociedad. Estos ejemplos «negativos» es lo mejor que se puede extraer de un «comportamiento negativo».

Para demostrarlo, más cifras. El director general del Instituto de Seguridad Vial de la Fundación MAPFRE asegura que «en los últimos días hemos aumentado en un 30% las consultas de personas que se quejaban de comportamientos como estos, lo que demuestra que la sociedad reacciona».