El Ejército de Estados Unidos ha perdido ya en Irak a 500 de sus soldados desde el comienzo del conflicto en marzo. La cifra se alcanzó a primer ahora de ayer, cuando tres militares perdieron la vida en un último atentado registrado cerca de Taji, 30 kilómetros al norte de Bagdad, en el que también fallecieron dos miembros de las fuerzas de Defensa Civil iraquíes.
El ataque se produjo minutos antes de las ocho de la mañana al explotar un artefacto al paso del vehículo blindado en el que viajaban, y que estaba patrullando en las inmediaciones de un cuartel, precisamente en busca de posibles bombas colocadas junto a la carretera. Tras la detonación, las fuerzas de ocupación procedieron a la voladura controlada de un segundo artefacto hallado en la misma zona, que permaneció cortada al tráfico durante horas provocando retenciones kilométricas en la carretera que une Bagdad con Tikrit y Kirkuk.
Como presuntos responsables de esta operación, fueron detenidos ayer tres supuestos insurgentes en un coche civil que transportaba material para la fabricación artesana de explosivos. En cuanto a las bajas estadounidenses en Irak, 346 se han registrado en el transcurso de acciones hostiles y 154 en acciones no hostiles, entre ellas la del soldado que falleció el viernes cerca de Diwaniya, donde permanecen las tropas españolas, y sobre la que el mando militar de Estados Unidos ha rehusado dar detalles.
Por otro lado, el Ejército de la coalición ha anunciado la apertura de unainvestigación sobre los presuntos abusos que se están perpetrando en las cárceles contra los presos iraquíes sospechosos de pertenecer a la resistencia. La misión, dada a conocer el viernes por el máximo responsablede las Fuerzas de la Coalición en Irak, el general Ricardo Sánchez, se pondrá en marcha después de que se haya admitido la existencia de «indicios» que hablan de prácticas contrarias a la Convención de Ginebra en los centros de confinamiento.
No obstante, existe el temor a que la investigación se reduzca a una declaración de intenciones vacía de contenido, cuyo único objetivo sería lavar la imagen de Estados Unidos.
Y es que, últimamente están arreciando las sospechas de organizaciones defensoras de Derechos Humanos, que dicen tener pruebas de múltiplesmaltratos en las prisiones que van desde torturas a la escasez de alimento. También se ha conocido que tres oficiales estadounidenses deberán responder en un juicio militar por presuntas torturas contra prisioneros iraquíes, o que otros han pedido ser licenciados sin honores para no hacer frente a esta corte. A ellos cabe sumar otros sucesos, como la expulsión en enero de tres miembros de la Unidad de la Policía Militar por golpear a detenidos el pasado mes de mayo, o la investigación abierta para esclarecer las supuestas vejaciones sexuales que militares británicos del Regimiento de Fusileros infligieron a presos.
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