NAYAF. El general Cardona, responsable del contingente español en Irak, se reunió ayer con los jefes de tribu del Éufrates medio para asegurarles que las tropas de nuestro país «no han venido aquí como fuerzas de ocupación», sino «para garantizar la seguridad dentro del respeto de sus tradiciones» e intentar contribuir en tareas de reconstrucción.
La reunión del general con los 110 jefes de tribu de la zona forma parte de la estrategia de procurar que las tropas no se recluyan en sus cuarteles, sino que entren en contacto con todos los sectores sociales de población. El problema es que, durante la reunión, a menudo, el discurso de los jefes de tribu y del general eran radicalmente divergentes.
Los jeques aprovecharon para pedir armas, insistir en que quieren ser ellos quienes se encarguen de la seguridad de carreteras y caminos, y solicitar, con la mayor naturalidad del mundo, un sueldo para compensar su lealtad. Incluso hubo uno que se atrevió a pedir un coche.
Tales reclamaciones podrían parecer descaradas en Europa; pero Irak vive su propio tiempo en la historia, y aquí los jefes de tribu continúan teniendo un importante poder local, simbolizado a menudo por las armas, y en el que consideran perfectamente natural que a la lealtad política se le asigne un salario. El propio Sadam Husein nunca se olvidaba de viajar con unos cuantos millones de dinares en la maleta cada vez que se entrevistaba con los jefes de tribu.
Sin embargo, Cardona les explicó que la seguridad no compete a los jeques, sino a las fuerzas armadas: «Tenemos que acatar las normas existentes. Los padres de familia pueden tener un arma en la casa, pero la seguridad en las carreteras es para la Policía y las fuerzas de la coalición». En cuanto al dinero para compensar su lealtad, el general explicó que «yo soy el jefe de la parte militar y esas cuestiones forman parte de la política a cargo de la Autoridad Provisional Aliada».
Discusión durante horas
La discusión se prolongó durante horas. Y ya en privado hubo algún jefe de tribu que le pidió dos fusiles kalashnikov: «Así, cuando se averíe uno, tengo otro disponible». Un deseo imposible. Poco antes, el general se había reunido con el jefe de las milicias Badr, leales al fallecido imán Al Hakim y al Consejo Supremo de la Revolución Islámica, para explicarle que el contingente español mantiene «una tolerancia cero» en lo que se refiere a la posesión de armas.
Cardona no cree «oportuno» hacer un registro casa por casa, porque en esta zona no hay un solo hogar sin su fusil de asalto. Pero sí insistió en que se requisará cualquier arma que se exhiba en público sin permiso, y que se irá en busca de todo el armamento pesado del que se tenga información.
En el entorno un tanto feudal de esta región siempre sería posible que el contingente español comprase -en el sentido incluso literal del término- su propia seguridad entre los jefes de tribu y otras «fuerzas vivas». Pero las tropas de nuestro país no quieren dar la impresión de que desean desvincularse de las norteamericanas.
Eso sí, el Batallón Plus Ultra, formado por españoles y centroamericanos, ha conseguido crear su propio estilo, no inclinándose a las demandas imposibles de los jeques, pero sí a fuerza de mantener siempre abierto el diálogo con todos los sectores de la población y de recorrer pueblos y aldeas interesándose por sus cuitas. Un estilo con el que hasta ahora les ha ido muy bien y con el que han conseguido que la población local reconozca que «los españoles son muy educados, gentiles incluso con el enemigo». Un comentario que no se escucha muy a menudo por este país. Y una situación en la que las tropas de nuestro país consideran que, para tareas de reconstrucción, nadie mejor que ellas mismas, que son las que conocen el terreno y las que han sondeado sus necesidades palmo a palmo.
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