El pueblo de Chinchilla, de unos 3.000 habitantes, se volcó en las labores de rescate y atención a los pasajeros del Talgo. A pesar de la alarma por un posible escape de gas, muchos vecinos acudieron a ayudar en cuanto se enteraron del choque.
El alcalde de Chinchilla, Vicente Martínez, fue uno de los primeros en llegar. Se encontró con «el Talgo empotrado bajo el mercancías. Se divisaban varios vagones ardiendo. No sabíamos nada, y era dramático no poder acercarnos por el fuego».
Un vecino de Chinchilla, Javier Sánchez, relató que, tras escuchar un fuerte estruendo, acudió al lugar del accidente, donde comenzó «a auxiliar a los heridos hasta la llegada de las unidades de socorro. Había tanta confusión que no sabíamos si llevarlos a nuestras casas por la presencia de un posible gas, o si esperar allí».
El segundo teniente de alcalde de Albacete, Juan José Navalón, explicó que el lugar del siniestro «es justo una subestación de Renfe completamente nueva y preparada para trenes de alta velocidad, como el Alaris o el Talgo».