Un kamikaze mata a seis iraquíes al intentar estrellar un coche bomba contra un hotel de Bagdad

Aunque el coche no alcanzó el hotel, que tiene enormes medidas de seguridad, el atentado demuestra la incapacidad de EE.UU. para frenar la ola de violencia

Soldados norteamericanos vigilan el área próxima al Hotel Bagdad donde hizo explosión un coche-bomba conducido por un kamikaze. AP
Soldados norteamericanos vigilan el área próxima al Hotel Bagdad donde hizo explosión un coche-bomba conducido por un kamikaze. AP.

BAGDAD. Dos suicidas provocaron ayer la muerte de seis civiles iraquíes al intentar hacer estallar su coche bomba contra el Hotel Bagdad, donde se alojan señalados representantes de las autoridades de ocupación norteamericanas, miembros del Consejo de Gobierno iraquí designado por EE.UU., y donde se cree que se encuentra también buena parte del personal de la CIA destacado en esta capital.

Aunque el coche no alcanzó el hotel, el sangriento atentado muestra una vez más que las autoridades de ocupación son todavía incapaces de controlar la situación y de garantizar un mínimo de seguridad a la población.

El Hotel Bagdad se encuentra situado junto a la avenida Sadún, una de las más transitadas, una especie de Gran Vía de la capital iraquí, un habitual escenario de kafkianos atascos de tráfico. El hotel, por su parte, ha sido transformado en uno de los nuevos búnkeres aparecidos en esta ciudad. Ha sido protegido por un gigantesco muro de cemento, una barrera de sacos terreros, decenas de metros de alambradas y varias decenas de soldados y policías iraquíes. El resultado es que el coche bomba no alcanzó su objetivo, pero sí provocó una matanza entre los civiles que se encontraban en los alrededores.

En dirección contraria

Según testigos del atentado, un automóvil Toyota Corolla blanco circulaba a gran velocidad y en dirección contraria, hecho habitual y que no llama la atención en esta capital. Pero de pronto giró e intentó saltarse el puesto de control instalado frente al búnker del hotel. Un policía iraquí disparó contra los ocupantes del vehículo, que lo hicieron estallar entonces. Uno de los vecinos de la zona observó, además, que quien conducía el coche bomba era de tez clara y «no parecía árabe». El atentado no alcanzó su objetivo, pero provocó una matanza entre la población que circulaba por la avenida. Seis civiles murieron en el lugar y un séptimo en el hospital a consecuencia de sus heridas. Unas 32 personas más sufrieron lesiones de diversa consideración.

El Hotel Bagdad -al que algunos iraquíes denominan «el edificio de la CIA»- se encuentra junto a los hoteles Palestina y Sheraton, donde se aloja la Prensa internacional y donde se pudo escuchar una gran explosión. Dada la numerosa presencia de militares norteamericanos, sin embargo, toda la periferia del Hotel Bagdad fue inmediatamente acordonada. Aunque incluso desde la distancia eran visibles los considerables daños producidos a cinco de los bloques que rodean el hotel. Este último, no obstante, quedó intacto, pese a que la onda explosiva llegó a romper los cristales de varias ventanas del hotel Palestina.

Este atentado se produce cuatro días después de que fuese asesinado José Antonio Bernal, agregado de Inteligencia en la Embajada de España en Bagdad, y de que un coche bomba provocase una matanza en Sadr City, el barrio chií de la capital. Ésta es asimismo la última de una serie de brutales acciones terroristas que ya se han cobrado la vida de más de cien personas.

«La ocupación avanza firme »

Las autoridades de ocupación han conseguido alguna pequeña mejora en ciertos aspectos puntuales de la vida cotidiana, como el suministro de electricidad y agua, pero se muestran incapaces de frenar la inseguridad que se ha apoderado de esta ciudad.

Pese a todo, inasequible al desaliento, el virrey norteamericano para Bagdad, Paul Bremer, insistió ayer en que la ocupación avanza firme por la senda de la victoria: «Los terroristas -dijo- saben que el pueblo iraquí y la coalición están triunfando en la reconstrucción de Irak. Los terroristas no comparten la visión de esperanza para el nuevo Irak. Y harán cualquier cosa -incluso arrebatar la vida de inocentes iraquíes- para desviar la atención de los extraordinarios progresos realizados desde la liberación». Lo dijo en el mismo día en que, aparte del coche bomba, las tropas norteamericanas sufrieron sendos ataques en el accesos de la salida sur de la capital iraquí y en una localidad cercana a Kirkuk.

En los últimos días ha habido, además, una creciente agitación de la población chií. Sin embargo, todo transcurrió en perfecto orden durante la celebración de la festividad del Mahdi -el imán oculto que ha de volver al final de los tiempos-, que congregó en la ciudad de Kerbala a más de un millón de peregrinos chiíes. El imán Moqtada Sadr, que cada semana predica encendidas proclamas contra las tropas de ocupación, ha pedido la formación de un gobierno paralelo, al margen del Consejo iraquí designado por Estados Unidos. Pero, por el momento, se conforma con mostrar su gran poder de convocatoria popular, con buen cuidado que pone en concluir sus soflamas con un llamamiento al desarrollo pacífico de cualquier manifestación de protesta.