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La pócima contra el fracaso escolar

El IES Julio Verne de Leganés, modelo para elevar los índices de éxito con una mejora en el clima de trabajo y respeto

MARÍA ISABEL SERRANO

Han logrado bajar al 14 por ciento el fracaso escolar en Educación Secundaria Obligatoria (ESO), lo que les coloca en unos índices similares a los de Finlandia. Siguen personalmente a 85 alumnos con problemas sociales, familiares o académicos para que el sistema no les expulse. Además, montan su mercadillo para recaudar fondos para los viajes de estudios y hasta tienen una feria de ocio. No es ciencia ficción educativa. Hablamos del IES Julio Verne, el instituto público modélico de Leganés.

«Esto cuaja por la generosidad de los profesores. Tengo un equipo maravilloso, que tira hacia delante y lo consigue. Esa es la clave», dice su director, Juan José Nieto, con siete años al frente de este centro y muchos más de carrera profesional. Dándolo todo por su docentes, sus alumnos y las familias.

Él lo sabe mejor que nadie y se apunta al viejo axioma que nunca falla. El de «educar es cosa de tres»: los chavales, sus profesores y las familias. Implicar a todos en una tarea fundamental porque está en juego la formación integral de las futuras generaciones. «Si enganchas a los estudiantes, si logras que vengan a gusto a clase porque se divierten, hay mucho terreno ganado», dice Nieto. «Pero, claro, si además de ello cuentas con la generosidad pedagógica y personal del equipo docente, no hay fracaso que se resista. Entras, sin querer, en una espiral de participación».

«Hay que echar ilusión»

«El fracaso escolar es el fracaso de la sociedad. El aula no está ajena a esa situación. Tampoco se puede cargar toda la responsabilidad a la escuela o el instituto. Por eso hay que echar ilusión. Aquí ponemos mucha. Insisto, esto cuaja por la generosidad del profesorado», añade Juan José Nieto que, como la plantilla del Julio Verne —un centenar de profesores—, se conoce los nombres de sus más de mil alumnos y la mayoría de los apuros que pasan ellos y sus familias.

El Julio Verne, dependiente de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, tiene 50 proyectos en marcha para mejorar la calidad de la enseñanza. Esa cifra tan baja de fracaso escolar —14 por ciento— les anima a no bajar la guardia. La media en España ronda el 30 por ciento.

Reconocen director y profesores que la zona donde se encuentra el instituto «es complicada». El mismo centro educativo es complicado. Pero recuerdan a esos más de ochenta alumnos amparados bajo su proyecto estrella: la tutoría personalizada. La fórmula no es milagrosa. Se basa, sencillamente, en el seguimiento de los jóvenes con problemas.

La ESO abarca desde los 12 a los 16 años, justo el final de la enseñanza obligatoria y gratuita. Es una etapa en la que la preadolescencia y la pura adolescencia hacen sus estragos en los comportamientos de los chavales. Necesitan una buena guía. Y unos profesores que, además de infundir respeto, les transmitan cariño y dedicación. Estos son los ingredientes que facilitan en éxito. No hay varita mágica que valga.

El director insiste, con vehemencia, de lo importante, y necesario, que es contar con las familias. Que se involucren. «Incluso “on line”. Hemos puesto en marcha un programa para facilitarles el acceso a las actividades que se realizan en el instituto. Para que, además, conozcan los trabajos y las tareas que se manda a sus hijos desde el aula. ¡Ah, eso sí! A por las notas, los padres tienen que venir personalmente», dice Nieto.

A riesgo de sacarles los colores, se podría decir que el Instituto Julio Verne le ha declarado la guerra al fracaso escolar y al absentismo a base llevarse como una gran familia. Con sus alegrías y sus penas; sus peleas y sus reconciliaciones. Su vivir cada día.

«Aprendizaje colaborativo»

En este instituto se da especial relevancia al compañerismo. La prueba es que hay alumnos más aventajados que «tiran» de sus compañeros que se retrasan. Lo llaman «aprendizaje colaborativo» y funciona que da gusto.

En este centro, además, se aconseja a los jóvenes sobre su formación posterior de manera que se sientan útiles, se encaminen hacia algo que les guste y que les pueda facilitar el empleo.

Todo esto se practica en el Julio Verne. Es más, han creado la plataforma «Mejorar la escuela pública» para interactuar con otros centros educativos. Otro éxito asegurado.

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