La niña de la tanagra, de los años veinte
La niña de la tanagra, de los años veinte - ABC
Cultura

Fallece la última modelo viva de Romero de Torres

Rafaela de la Vega Barbudo posó para el pintor de Córdoba en «La niña de la tanagra»

CÓRDOBAActualizado:

A partir ahora todo ese mundo interior de Romero de Torres, de seducción y de vidas cifradas en unos poderosos unos ojos negros y en esos gestos de severidad indulgente y hasta dulce estará vivo sólo en los cuadros. Porque ha fallecido en la localidad de Alcobendas Rafaela de la Vega Barbudo, la única modelo que quedaba sobre la tierra del artista cordobés. Tenía 106 años.

Los familiares que ahora lloran su pérdida recuerdan bien que cuando apenas había puesto un pie en la juventud se le presentó una oportunidad que en esa Córdoba del primer tercio de siglo era una distinción: posar para Romero de Torres, que ya había creado algunas de sus obras más conocidas —como por ejemplo «Amor místico y amor profano» o «Consagración de la copla»— y de cuya paleta tardía aún en salir «La chiquita piconera», quizás la que con el tiempo alcanzó más fama.

Una chica de la burguesía

Rafaela era hija de Ángel de la Vega, un pastelero con dos tiendas, una plaza de la Fuenseca y otra en la calle Alfonso XIII, ambas en el casco histórico. La directora de los Museos Municipales de Córdoba, Mercedes Valverde, que es además una de las máximas especialistas, explica que la modelo que acaba de morir era «una señorita de Córdoba, una niña bien, de la burguesía de la ciudad», que a diferencia de otras mujeres que posaron para el pintor no eran modelos, sino que lo hicieron de forma ocasional por la amistad centenaria entre las dos familias».

Valverde, que conoció a Rafaela a finales del siglo XX, puntualiza que su hermana también inspiró a Romero de Torres. Rafaela lo hizo sólo una vez y para el cuadro, fechado en el periodo final de la década de los años veinte de la centuria pasada, «La niña de la tanagra», en la que la joven aparece sentada —un hecho recurrente en su obra— en medio un paisaje onírico en el que se ve, al fondo, el torreón de uno de los edificio de la plaza de la Fuenseca, que aún pervive. El cuadro se vendió en 2014 por 200.000 euros.

La mujer, ataviada con una blusa de tonos rosados y una toquilla oscura, sostiene una tanagra, que es una figura de inspiraciones helenísticas que se hicieron populares entre finales del siglo XIX y el comienzo del XX por haber aparecido años antes en excavaciones arqueológicas en tumbas de culturas milenarias. De fondo, un paisaje indefinido y sugente, abierto a la imaginación de quien contemple el cuadro, que en este caso no es la Ribera sino el campo.