El séptimo Prada
HAY ESCRITORES A quienes uno lee, pero no necesariamente admira. Hay escritores a quienes uno lee y admira, pero que realmente no conoce. Hay escritores a quienes uno lee, admira y conoce, pero que no siempre queremos. Por eso para mà hoy es un dÃa especial, porque a Juan Manuel de Prada lo leo, lo admiro, lo conozco y además lo quiero bien, como sólo se puede querer a las personas buenas que además son buenos amigos.
La carrera literaria de Juan Manuel es el mejor espejo en el que pueden reflejarse los escritores inéditos o en agraz, pues muchos años antes de obtener grandes premios literarios como el Biblioteca Breve (2007), el Primavera (2003) o el Planeta (1997), Juan Manuel de Prada «malganó» y «bienperdió» minúsculos premios provincianos que en realidad eran más municipales que literarios. AsÃ, el autor de El séptimo velo âla espléndida novela que esta noche presentamos- no nació como escritor durante las copiosas cenas de un premio de campanillas, sino en las vÃsperas de los últimos dÃas de plazo de algún concurso apócrifo de cualquier ayuntamiento español. Yo leo, conozco, admiro y quiero a Juan Manuel de
Prada, desde aquellos años en que lo delataban los insomnios lÃricos de su mirada, siempre trasnochada de literatura. Para un escritor que vive de sus libros y colaboraciones, las ventas nunca son malas, pero vender mucho no supone que uno será leÃdo en la misma proporción. Y por si no fuera suficiente, contar con lectores tampoco implica que uno sea literariamente influyente. Sin embargo, ese no ha sido el caso de Juan Manuel de Prada, quien desde su primer libro ya colmaba las tres medidas: ventas, lectores e influencia. AsÃ, cuando en 1995 acuñó el coño literario, los escaparates de las librerÃas nos recordaron los de las sex-shops, porque los epÃgonos de Prada se lanzaron a publicar unos libros que más parecÃan los archivos de sus huellas genitales. Un año más tarde, Juan Manuel rescató al poeta Pedro Luis de Gálvez y a su corte de milagros en Las máscaras del héroe, poniendo en valor y circulación a las criaturas de la bohemia madrileña de comienzos del siglo XX, quienes pasaron de ser materia de eruditos y libreros de viejo a ser sujetos de ficciones y ediciones crÃticas. Finalmente, con Las esquinas del aire. En busca de Ana MarÃa MartÃnez Sagi (2000), Juan Manuel de Prada descubrió una pólvora narrativa donde la mezcla de ficción, reportaje, crónica y rescate literario -con la guerra civil española como telón de fondo- inauguró una moda que ha beneficiado a otros escritores polÃticamente más correctos que Juan Manuel. Y si me apuran, no me extrañarÃa que el repentino auge de la novela bÃblico-esotérica-erótico templaria-histórico-artÃstica-policial también sea otra consecuencia del Prada fashion, aunque no sólo por La Tempestad, sino porque desde hace años Juan Manuel recorre las universidades de verano amenazando con escribir una novela humorÃstica sobre la misteriosa desaparición de la sábana santa de Alcobendas, custodiada en secreto por una peña flamenca que en realidad era una logia templaria.
Por lo tanto, me apresuro a decir que la novela que hoy presentamos âEl séptimo velo- no está en la estela de ninguna otra corriente interesada en subirse al carro de combate de la guerra civil, porque la narrativa de Juan Manuel de Prada siempre ha tenido aquella conflagración fratricida como referente literario, desde los cuentos de El silencio del patinador (1995) hasta su ensayo Desgarrados y excéntricos (2001), pasando por la novela Las máscaras del héroe y la biografÃa novelada Las esquinas del aire. ¿Qué nos aporta entonces la nueva novela de Juan Manuel de Prada y qué representa El séptimo velo en el conjunto de su obra?
Si Las esquinas del aire fue una novela dedicada a la reparación de una escritora olvidada y La vida invisible fue una novela sobre los infiernos de la culpa, El séptimo velo es una novela que explora las ambigÃŒedades de la verdad y la memoria, a través de la figura de dos personajes igualmente horrorizados: Jules Tillon -quien descubre que no era el héroe que suponÃa- y Julio Ballesteros, quien descubre que su padre no era el hombre que suponÃa. En ambos casos, la amnesia y la ignorancia son las dos caras de la misma metáfora. Toda la fuerza de la trama y todo el aliento épico de la novela recaen asà sobre el padre que no podÃa recordar y el hijo que no podÃa saber, pero puestos a elegir personajes uno se queda con las lecciones morales de aquellas criaturas de Prada que -conociendo toda la verdad- aprendieron a convivir con sus peores demonios: LucÃa Estrada, Antonio Ballesteros y André Blumenfeld, para mÃ, los verdaderos héroes de El séptimo velo.
¿Y qué representa esta nueva novela, que hace el séptimo tÃtulo de ficción en el conjunto de la obra de Juan Manuel de Prada? En primer lugar, corrobora que su prosa es la más rica y deslumbrante de nuestra lengua. En segundo lugar, que su voz narradora en primera persona es algo más que una poética o una técnica narrativa, ya que âen tercer y último lugar- todos sus alter egos âFernando Navales en Las máscaras del héroe, el escritor innominado de Las esquinas del aire, Alejandro Ballesteros en La Tempestad, Alejandro Losada en La vida invisible y Alejandro Ballesteros en El séptimo velo- emprenden búsquedas desesperadas cuyos épicos desenlaces conllevan una redención existencial. No me corresponde aventurar que el escritor Juan Manuel de Prada âaquà hoy dÃa en cuerpo presente- busque algo semejante en la vida real, mas sà creo que puedo asegurar que entre el primer Prada âel de Coños (1995)- y el séptimo Prada âel autor de esta excelente novela ganadora del Premio Biblioteca Breve 2007- advierto un itinerario que le ha llevado de la fascinación por malditos como Pedro Luis de Gálvez a la asunción de arquetipos moralmente más exigentes como Ana MarÃa MartÃnez Sagi, aunque ambos âel truhán y la «virgen del stadium»- fueran, inevitablemente, desgarrados y excéntricos.
F.I.C.
Sevilla, 11 de Abril de 2007