Juan Manuel de Prada inauguró ayer el curso del Aula de Cultura de ABC con su conferencia «Pero, ¿existe España?»
Juan Manuel de Prada puso ayer el dedo en la llaga sobre un tema que ha dado mucho que hablar dentro de la sociedad española en las últimas décadas, como es el de la nación y el concepto de los nacionalismos. Claro y contundente, con un verbo ágil e incómodo para los oÃdos más intransigentes, el de Baracaldo repasó estos conceptos dentro de su conferencia «Pero, ¿existe España?», primera que inaugura el Aula de Cultura de ABC del presente curso.
Inició el autor de «Las máscaras del héroe» su ponencia arremetiendo duramente contra José Luis RodrÃguez Zapatero, «quien habló de la nación como un concepto discutido y discutible, algo sobre lo que tenÃa razón, porque casi siempre emplea sus palabras para mentir o tergiversar», a la vez que estableció las diferencias entre patria y nación: «ambas palabras tienen una etimologÃa latina, pero la primera viene de âpaterâ y se asocia a lo paternal y al pensamiento católico, mientras que nación viene de ânascereâ, lugar de nacimiento, asociado al pensamiento liberal».
A partir de ahÃ, Prada indicó que el término de nación «surge de un momento de disgregación o separación, en donde la soberanÃa se liga a la nación y al pueblo, naciendo una organización polÃtica basada en un pacto o consenso». Por eso, este autor critica tanto al nacionalismo vasco y al catalán, «pues no reconocen el poder soberano del resto de España, admitiendo sólo el poder soberano de su colectividad, la catalana y la vasca». Según reconoció este escritor en el Aula de Cultura de ABC âque patrocinan laReal Maestranza de CaballerÃa y el Banco Sabadellâ, «España esté viviendo un momento histórico peliagudo, ya que la nación española no se puede basar sólo en el contrato legal o constitucional, o en el patriotismo». De ahà que Prada matice que «ese sentido de pertenencia tiene que nacer de tradiciones, creencias y vÃnculos fuertes». Posteriormente, contó una anécdota de AgustÃn de Foxá, a su entender, «uno de los grandes genios de la literatura del siglo XX que nunca ha sido reconocido ». Ãste ofreció una conferencia sobre el siglo de Oro en Chile durante la época de Allende: «Habló sobre los heroicos soldados españoles durante la conquista de América, y reconoció que en España se morÃa por honor, a lo que un chileno le replicó que ellos morÃan por la democracia. Foxá le contestó diciendo que eso era lo mismo que morir por el sistema métrico decimal».
Prosiguió su intervención diciendo que «en España los vÃnculos son escarnecidos, pisoteado sy vilipendiados », y criticó al presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, «ya que hizo gala de patriotismo y en una conferencia dijo que no lo confundieran con el de los Reyes Católicos ». A lo que añadió que héroes nacionales como Don Pelayo son cuestionados y El Cid «es visto como una figura irrisoria y grotesca». En otro sentido, el autor de «La tempestad» habló de que la mayor gesta española fue «la conquista y evangelización de América, pues nunca se crearon colonias como hicieron los paÃses protestantes, sino que fueron las Españas de ultramar,y hoy renegamos de esa empresa».
Asimismo, recordó cuando Isabel la Católica se dejó asesorar por sus teólogos, quienes dictaminaron que los salvajes «tenÃan alma y que no debÃan ser esclavizados, sino considerarse como súbditos». Llegados a este punto, destacó el valor de la religión como elemento que ha dado cohesión a la nación española: «El hecho que ha caracterizado al gen español es la religión católica. Todas las grandes expresiones culturales, polÃticas y sociales no se pueden separar dela fe católica, sin la que serÃa imposible comprender a la monarquÃa cristiana, al Quijote o a la pintura de los siglos de Oro».
Además, matizó que «las religiones fundan las culturas y éstas mueren también con las religiones». En su crÃtica al nacionalismo vasco, arremetió contra Sabino Arana, que «usó elementos de la tradición para integrarlos dentro de lo liberal, llegando a reconocer que la religión católica era un elemento diferenciador de los vascos». También lamentó las posturas radicales que han defendido tanto el cardenal de Barcelona, Lluis MartÃnez Sistach, como monseñor Setién, en el PaÃs Vasco, «al anteponer el nacionalismo frente a su misión pastoral.Un obispo debe auspiciar las vocaciones y los seminarios de Barcelona están vacÃos».