Eduardo Dávila y El Juli, toreros, hablan sobre «La Tauromaquia desde dentro»

Los diestros Julián López «El Juli» y Eduardo Dávila Miura participaron en el Aula de Cultura de ABC «La Tauromaquia desde dentro»

El miedo, a la muerte y al fracaso; el triunfo, la diferencia entre un buen torero, un gran torero y un genio, o los antitaurinos, fueron algunos de los temas en los que se sinceraron ayer Eduardo Dávila Miura y Julián López «El Juli». Fue en el Aula de Cultura de ABC, patrocinada por la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y el Banco de Sabadell y que se celebró en el Hotel Alfonso XIII. Un mano a mano de lujo moderado por el director de dicha Aula, Francisco Robles, y que hizo que se colocase el «no ha billetes » en el salón de actos. «La Tauromaquia desde dentro» era el título de este diálogo que mantuvieron ambos matadores de toros, quienes desgranaron sus sentimientos más profundos y huyeron de los tópicos, tantas veces usados por los toreros, a la hora de afrontar aspectos relacionados con su profesión. La inteligencia en el torero como punto de partida. «Tomamos decisiones desde que nos estamos vistiendo en el hotel para ir a la plaza», asegura el sevillano, quien no duda en señalar que hay que tener inteligencia «para intentar hacer una obra de arte sobre la marcha». Y abunda el madrileño. «Los toreros somos gente especial, porque el toreo es vocacional. Soy de la opinión de que el torero debe ser inteligente pero, por encima de todo, tiene que ser honesto y sin dobleces. Porque cuando no estamos de verdad el toro nos lo enseña. Tenemos que ser humildes y aprender de los mensajes que te envía el toro». De la inteligencia se pasa al miedo, a los miedos del torero. «El miedo que tengo es principalmente a no ser yo —sentencia Julián—,a no verlo claro, a no hacerlo bien.

¿Miedo a la muerte? Si lo piensas, no me pondría delante. Muchas veces, cuando piensas que el toro te va a coger es por estás muerto de miedo, y si lo ves claro, no se te pasa por la cabeza». Dávila Miura es claro también en este aspecto, y pone como ejemplo un toro de Torrestrella en Bilbao, en una corrida en la que también toreaba El Juli. «No tenía mi tarde y para colmo,aMiguel Abellán —el tercer compañero—le cogió su primero y me quedé con su segundo toro, que no había gustado a nadie en el sorteo. Pensaba que no le iba a dar un pase y que lo que mejor que me podía pasar es que me cogiese, sin hacerme mucho, y así quitarmedel medio. Pues pasó,me arrolló y me dio una cornada en la pantorrilla. Es que yo sabía que era un toro de “petardo” gordo». El miedo al fracaso. Quizá peor que otros miedos. Y en eso los toreros, en general, son claros. «El fracaso no es no triunfar, sino querer hacerlo y no poder. Ves, como torero, que nos has sido capaz de triunfar y ése es un miedo que te atenaza siempre », opina Julián. En contraposición, el triunfo. Pero con mesura y, sobre todo, encontrar «el equilibrio —señala Eduardo— para ese triunfo».

Porque el éxito, para El Juli, «es un monstruo de dos cabezas. Crees que lo es todo y realmente no lo es. Parece que el triunfo es cortar las orejas. Y en ese sentido, los toreros nos sentimos esclavos de ese éxito y por buscarlo no haces lo que realmente te gusta, estás tan preocupado por conseguirlo que no eres tú. Aquí lo que vale —frase para enmarcar— es que dentro de seis meses se acuerde de lo que has hecho. Y las figuras se recuerdan no por las orejas que han cortado sino por todo el conjunto ». Y el moderador, entonces, le pregunta directamente al madrileño. «¿Tú eres consciente de que eres una figura?». Se lo piensa Julián antes de responder.«No me siento cómodo hablando de mí. Yo me siento torero. Es una palabra grande. Ser torero es sentir que los compañeros te valoran y te respetan, y lo que tú haces puede servir para la evolución del toreo». Ahonda en ello pero sin querer sentirse figura. Sin creérselo. «Todo lo que yo mepropuse en mivida lo he conseguido. ¿Figura? El tiempo lo dirá».

Pepín Martín Vázquez, torero de toreros
Entre profesionales ¿Hay toreros que, siendo grandes, no han sido reconocidos del todo pero que tienen todo el respeto de sus compañeros? Dávila Miura lo dice alto y claro: «Pepín Martín Vázquez. Fue un adelantado». Y abunda en otro actual, que «no cogió, quizá, el camino correcto pero que es un gran torero: Jesulín de Ubrique».

El Juli rubrica. «Ves los vídeos de Pepín Martín Vázquez y lo que hay de él es mejor que lo de muchos de los toreros de treinta años después». Y surge la cuestión rivalidad. Julián, contundente. «Cuando salgo a la plaza quiero ser el mejor, pero mi éxito no tiene por qué ser el fracaso de los otros. Los que más admiran a los toreros son los propios toreros».

 

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