Viernes, 27-02-09
Seguramente, muchos esclavos de la memoria televisiva de principios de los 80 tengan un imbatible imagen de la pantera rosa. Bueno, mejor dos. Por una lado, los deliciosos pastelitos con los que se coronaban las meriendas de bocadillo de chorizo de Pamplona o mortadela con aceitunas. Y, por otro, el dibujo animado, mudo como un monje y elegante como un alero croata, que recorría escenarios a lo Hanna Barbera para salir pitando en los títulos de crédito en un bólido con orejas de Dumbo. Poco después, al dar el estirón, ya se podían ampliar horizontes sobre el bicho, descubriendo que en realidad no era una pantera sino un diamante pero que, cuando aún era pantera, incluso ganó un Oscar como mejor corto de animación.
Todo comenzó en 1963, en pleno auge de los ladrones de guante blanco y guasa algo negra (Ars_ne Lupin, Rififi...). Blake Edwards, tras sus «Días de vino y rosas», necesitaba un oasis donde relajarse un poco (teoría ésta de la «pantera-balneario» que él mismo defendería repetidamente). Así que el productor Martin Jurow y la Mirisch Company le propusieron una comedia policiaca a la italiana con un reparto de campanillas: David Niven, Claudia Cardinale y Peter Ustinov, quien se bajó a última hora del tren para embarcarse en otro proyecto parecido por el que obtendría un Oscar: «Topkapi».
El «dibu» de Fritz Freleng
Pero a rey muerto, rey puesto: Peter Sellers, mejor actor y más baratito. El círculo se cuadró con el «dibu» original de Fritz Freleng que llegó a ser portada de «Time» y, a posteriori, el gran score de Henry Mancini. El impacto fue tan brutal que en tres meses ya estaba armada la secuela: «El nuevo caso del inspector Clouseau», para mucho la mejor de la saga en parte por la inclusión de personajes míticos como el inspector jefe Dreyfus (Herbert Lom, otro del «quinteto de la muerte») y el karateka Kato, encarnado por Burt Kwouk.
No sería hasta mediados de los 70 -hueco aprovechado para que Alan Arkin jugara a ser Clouseau en «El rey del peligro» (1968)- cuando Edwards, tras unos cuantos fiascos taquilleros, desempolvó la lupa del inspector con tres filmes de poco fuste: «El regreso de la pantera rosa» (1975), «La pantera rosa ataca de nuevo» (1976) y «La venganza de la pantera rosa» (1978). Y ya en barrena y con Sellers en el otro barrio llegaron «Tras la pista de la pantera rosa» (1982), con descartes de anteriores filmes, «La maldición de la pantera rosa» (1983) y la menos taquillera de todas, «El hijo de la pantera rosa» (1993), con Roberto Benigni. Y en pleno siglo XXI, estas dos castañas rosas con Steve Martin dentro. Sí, mejor recuperar los «dibus», incluso con el oso hormiguero de telonero.
