Jueves, 28-05-09
Cristiano Ronaldo fue el último en saltar al campo de la mano de un chaval. Rictus serio. Mirada fija en un punto indeterminado del Olímpico, mientras sus vistosos músculos se movían de manera descontrolada para sacudirse los nervios iniciales. Mientras, al otro lado de las formaciones, Messi ofrecía un perfil más sosegado. Encorsetado entre Silvinho y Henry se tragó todo el protocolo antes de que el balón comenzase a rodar sobre la alfombra.
El duelo estaba servido. Todos los focos apuntaban al «7» y al «10». Al que vestía de blanco. Y al de azulgrana. A Cristiano Ronaldo y a Messi. El partido comenzó con los clásicos nervios. Una pérdida de balón por aquí. Otra por allá. Mucho miedo. Menos para CR7. Ferguson le puso de delantero centro y entró en juego enseguida. Al minuto y medio lanzó una falta que casi acaba en disgusto para Valdés. Fabricó un disparo a los cinco minutos que salió rozando el palo. Otro ¡Uffff! A los ocho tuvo la ocasión más clara. Tiro cruzado... Mandaba en el partido y no había noticias de Messi. Hasta que llegó el gol de Eto´o.
CR7 contra todos
El golpe fue certero. CR7 no se amilanó. Levantó los dos pulgares a sus compañeros mientras pedía tranquilidad. No la hubo. A la media hora se invirtieron los papeles de casi todos. Parecía un duelo entre el portugués y el Barça. Por entonces Messi despertó de su letargo.
Pep Guardiola movió pieza. Lionel al medio. Detrás de los medio centro. Y ahí creció. En su primera aparición fabricó un zurdazo que levantó a la grada azulgrana. Primer aviso. Despertó de su letargo, pero estuvo demasiado timorato y casi nunca se atrevió a encarar a los centrales. Así se llegó al descanso. Con CR7 acogotado por la defensa culé y arrinconado en el costado derecho, mientras Messi cada vez encontraba más espacios.
En la segunda parte no cambió el escenario. Buenas noticias para el Barcelona. La «pulga» no estaba y el Manchester se acercaba a los dominios de Valdés. Había nervios. Hasta el minuto setenta. Recuperación de Puyol. Centro de Xavi. Y remate certero del más pequeño. Dos a cero. Leo se estrenaba en el partido y daba la puntilla al Manchester.
En el otro campo, la cara de Cristiano Ronaldo no ofrecía dobleces. Era la imagen del derrotado. Del perdedor. Del humillado. Quedaban veinte minutos por delante, pero sólo había un equipo en el Olímpico de Roma. Era cuestión de tiempo. El máximo goleador de la Liga de Campeones no faltó a su cita. Era de obligado cumplimiento.
Cristiano acabó el partido desesperado y ocupándose de menesteres que no le corresponden. Se enzarzó con la defensa azulgrana en varias ocasiones y vio la cartulina amarilla en otro encontronazo con Puyol. Era la cara más amarga de la noche. Impotencia a raudales. No había nada que hacer ante la maquinaria azulgrana.
Quién sabe si anoche fue su último partido con el Manchester. Puede que cambie de blanco. Y de club. Y de país. Un fiasco de este calibre puede acarrear consecuencias. Ahí estará el Real Madrid. Mientras tragaba saliva, Messi saboreaba las mieles del éxito. Lo celebró como un niño. Entre gritos, lágrimas y llantos de jolgorio.
Messi había derrotado a CR7 en la parcela individual y en la colectiva. Si había debate sobre el mejor del mundo ahí está la muestra. Lionel es campeón de Liga, Copa y Liga de Campeones.
