Viernes, 03-07-09
La «teología del cuerpo» que Miguel Ángel desarrolló con vigor tanto en los frescos de la Capilla Paulina como en los de la Capilla Sixtina llegó con demasiada antelación. Los desnudos fueron retocados posteriormente por Daniele da Volterra, quien sobrepuso «slips» y bragas negras en las figuras más llamativas. El mismo destino sufrió, treinta años después, el cuerpo de san Pedro en la poderosa escena de la Crucifixión cabeza abajo. Miguel Ángel lo había pintado desnudo y sin clavos por motivos más teológicos que artísticos.
Desnudo, porque el cuerpo humano es imagen de Dios y porque el suplicio del martirio incluía la humillación del despojo de la ropa. Sin clavos, para destacar que Pedro se sometía voluntariamente a la misma muerte que su maestro. Años más tarde, los revisionistas añadieron un «slip» blanco y unos clavos en las manos y los pies del Apóstol para impedir que el cuerpo resbalase y cayese de la cruz. El restaurador, Maurizio de Luca, quería quitar todo lo falso, pero no le han dejado.
