El rey de la lucha libre desvela a ABC sus misterios dentro y fuera del ring 72 horas antes de la gran final en la que defiende su título de campeón. En septiembre, el célebre luchador enmascarado peleará en Madrid
Rey Misterio: «En la lucha los golpes son simulados; las lesiones, no»
Rey Mysterio _ Campeón Intercontinental de «Pressing Catch» | MIGUEL BERROCAL
Cuando descubre su rostro, Óscar Gutiérrez (Tijuana, 1974) habla de Rey Mysterio en tercera persona. Su cálido acento mexicano y estatura mediana nada hacen presagiar que nos encontramos ante una superestrella del pressing catch. Pese al sol abrasador que somete Madrid, viste negro riguroso y entallado, a juego con el rosario que le cuelga del cuello y una fina coletilla trenzada al mentón. Tatuajes varios y un piercing hundido en la ceja completan la decoración. «Todo forma parte del espectáculo», confiesa el luchador mexicano, quien esta semana visitó España para promocionar una nueva edición de la WWE en nuestro país (24 de septiembre en el Palacio de los Deportes).
Mañana domingo, este gran ídolo de masas latino defiende en Los Ángeles su título de campeón intercontinental en la gran final del SummerSlam, el segundo acontecimiento de lucha más importante del año. Dicen los entendidos que su estilo aéreo y acrobático revolucionó la lucha libre a mediados de los noventa. En un mundo de goliats, su físico achaparrado (167 cms y 75 kilos) siempre fue su mejor aliado. Con tan sólo ocho años se subió a un cuadrilátero. Su primer combate como profesional fue en una iglesia en Tijuana.
Como Aquiles, Rey Mysterio calza pies ágiles. «Tengo más habilidad y me muevo mucho más rápido que mis rivales. Mi ventaja es que puedo utilizar las cuerdas y no tengo miedo a subirme a la tercera amarra y aventarme contra mis rivales», asegura el luchador, cuya célebre máscara se ha convertido en el souvenir más buscado por los turistas que viajan a México. «Es mi identidad», afirma. Una cruz ocupa su frente -«soy católico, siempre rezo antes de luchar»-. A ambos lados de la cabeza lleva dibujada la silueta de un halcón -«soy un halcón en el ring, me encanta volar»-. En el cogote, un calendario azteca recuerda sus raíces...
Nada ni nadie pone a Rey Mysterio contra las cuerdas. «Sólo temo las lesiones. Cada vez que salto al ring le pido a Dios que nos protega a mí y a mis compañeros», revela el cachalote, mitad deportista, mitad actor. «La lucha -asegura- es un deporte con mucho arte. Puedes llamarlo teatro. Cuando subes al ring interpretas un rol; ya sea bueno o malo». Entonces, ¿los golpes, la sangre... todo es falso? «Los golpes son simulados; las lesiones, no. Cuando me acusan de farsante yo siempre digo que vean las cirugías de mi cuerpo. He sufrido nueve lesiones graves en veinte años de carrera; esto no es ninguna broma», matiza.
Precisamente la brutalidad -simulada o no- del espectáculo ha sido siempre diana de las críticas de algunas asociaciones de padres, que ven cómo sus hijos se han convertido en el mayor filón para los empresarios del pressing catch. Pero Rey Mysterio defiende su oficio: «Este deporte ha cambiado mucho en los últimos años. Hoy es muy raro ver sangre en la televisión, tampoco sillazos. Estamos tratando de controlar más la lucha, creemos que es un espectáculo familiar, para los papás y para los niños». ¿Y por qué Rey Mysterio es el favorito de los críos? Una vez más, Óscar Gutiérrez nos da la clave: «Se identifican con él porque no es como los demás luchadores, que miden enormes».

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