Si no supera las molestias en el tobillo con el plan de trabajo diseñado por Van Dijk para los próximos días será preciso la intervención del bisturí para quitar el hueso que le provoca tanto dolor. Si hay intervención estaría unos dos meses lejos de la competición.

Un roto de 8 partidos de liga, 2 de «Champions» y los posibles octavos en la Copa
Cristiano Ronaldo se ha perdido un buen puñado de partidos. Un carrusel que hoy ya carece de importancia. Lo grave está en lo que se avecina si finalmente tiene que pasar por el quirófano.
Con el calendario en la mano, los números son sangrantes para el Real Madrid —no en la parcela económica porque mientras esté de baja el seguro se hace cargo de todo—. Si se respeta el guión de Van Dijk, no regresará a Holanda hasta el 19 ó 20 de noviembre. Si las noticias son buenas volvería a los entrenamientos con normalidad y sería una simple puesta a punto para volver a jugar.
Pero si hay que acudir al quirófano, todo se complica. Significa que podría ser operado entre el 20 y el 23 de noviembre. Y luego, un periodo de recuperación entre un mes y medio y dos meses, con lo que no regresaría hasta finales del mes de enero.
En medio hay mucho trabajo para sus compañeros. Nada menos que hasta doce partidos se podría perder el obstinado Cristiano Ronaldo. Un roto de ocho partidos del campeonato de Liga (Racing, Barcelona, Almería, Valencia, Zaragoza, Osasuna, Mallorca y Athletic), los dos últimos encuentros de la liguilla de la Liga de Campeones (Zurich y Olympique de Marsella) y la eliminatoria de los octavos de final de la Copa del Rey, siempre que mañana el Real Madrid logre remontar la desventaja de cuatro tantos que se trajo de Alcorcón en el partido de ida.
Este calendario se puede recortar siempre que el jugador portugués se recupere antes, tanto si es operado como si no pasa por el quirófano.
Nadie lo quiere escuchar. Ni de soslayo. Pero es la realidad. Cristiano Ronaldo se encuentra al borde de visitar el quirófano. La entrada de Diawará y la posterior mala gestión de la lesión, por parte del jugador y de la selección portuguesa en el partido contra Hungría, han agravado el estado del maltrecho tobillo.
Esa es la realidad. El mismo día que se conocieron los resultados de las pruebas realizadas tras el encuentro contra el Olympique de Marsella, el jugador fue avisado. El golpe es fuerte. En una zona compleja. Y su recuperación requiere tiempo y no estaba descartada una intervención quirúrgica -versión grave que desconocía Florentino Pérez-. Una recomendación incompatible con las necesidades de Portugal, que se jugaba la vida pocos días después contra Hungría para seguir con vida en sus aspiraciones por alcanzar la repesca del Mundial de Suráfrica.
No estaba OK ante Hungría
Cristiano Ronaldo no estaba listo. Él decía que no le dolía, en un arrebato del corazón por encima de la cabeza. Y forzó. Sólo habían trascurrido diez días desde la brutal entrada del defensa galo, cuando precisaba de más tiempo. El experimento duró veinte minutos. Se habló de recaída. No hubo tal. Jugó lesionado. Y regresó a Madrid con el tobillo reventado.
Otra vez a la clínica. Malas noticias en la película. El daño había aumentado. El esguince en el ligamento lateral interno había subido de nivel y el edema no había gustado al cuerpo médico. Se le diagnosticó entre tres y cuatro semanas de baja. El paréntesis justo para regresar con Portugal y disputar la repesca del Mundial ante Bosnia.
Con un mes por delante, el Real Madrid pidió al jugador que se aislase, en la medida de lo posible, de todos los comentarios y recomendaciones que llegasen desde su país natal. Los médicos del Real Madrid diseñaron un plan de trabajo acorde con la lesión. Era importante no saltarse los plazos porque este tipo de lesión lo que precisaba era altas dosis de paciencia. Los primeros quince días, Cristiano Ronaldo trabajó según el guión establecido. Poco a poco. Sin forzar. Pero sin quitarse de la cabeza la obsesión del Mundial.
Entrada la tercera semana se le realizó la prueba establecida. Todo iba bien. El edema había bajado bastante. La lesión entraba en la recta final. Por entonces, Cristiano suplicaba a los médicos y a los fisioterapeutas una aceleración. Quería saltar al campo para trotar. Imposible. La precipitación podía conducir al error. Al retroceso. Y no había necesidad. Al jugador le asaltaron las prisas, sin encontrar una respuesta afirmativa en los médicos.
La sorpresa llegó en el control de la última semana. La evolución no aparecía por ningún lado. Un estancamiento sospechoso. El jugador jura que no se ha saltado el guión fuera de los dominios del Real Madrid. Pero algo no cuadra. No es normal que la herida interna no haya cicatrizado ya. El jugador quería probarse y rodar algo -posiblemente en el partido de Copa contra el Alcorcón- antes de acudir a la llamada de Portugal.
Plan progresivo de carga
Con este panorama, los médicos del Madrid le recomendaron al jugador acudir a la consulta del holandés Van Dijk. Él accedió. Y Van Dijk fue tan claro como preciso. Hay un daño severo y el tratamiento aplicado hasta ese momento había sido el correcto. El maleolo tibial interno está suelto y la falta de fijeza provocan los dolores al jugador. Se pusieron sobre la mesa dos alternativas: la preventiva y la agresiva.
La primera, la más lógica, pasaba por apurar todas las opciones antes de visitar el quirófano. Van Dijk diseñó un programa de trabajo progresivo durante quince días para comprobar la resistencia del tobillo. Cada día más carga. De kilo en kilo. Sin saltar escalones de dos en dos.
Si sigue inflamado el tobillo y el hueso no se fija, será preciso recurrir a la segunda vía. Al bisturí. Al quirófano para que le practiquen una artroscopia -como al valencianista David Silva-. Se trataría de una operación sencilla, que precisaría un tiempo de recuperación entre las 6 y las 8 semanas, dependiendo de lo que encuentren en la zona dañada y de la recuperación posterior.
Esta situación tan delicada y los plazos chocan frontalmente con los deseos de la Federación Portuguesa, que cataloga este episodio como una farsa del Real Madrid para que no vaya convocado con su selección y así poder disputar alguno de los partidos de la repesca contra Bosnia, los días 14 y 18 de noviembre.

