Casi veinte partidos han sido suficientes en el nuevo Real Madrid para separar el grano de la paja. Manuel Pellegrini ha repartido minutos y oportunidades para que todos los jugadores, bien con un papel principal o secundario, se suban al tren blanco. De momento, el entrenador no ha señalado a nadie. Ni siquiera a Van der Vaart, a quien aconsejó en la pretemporada para que se buscase otro equipo.
Sin casos flagrantes, hay algunos llamativos. Uno de ellos es el de Fernando Gago. Inversión de Ramón Calderón. Un hándicap en el proyecto galáctico. La llegada de Xabi Alonso, Kaká y Granero ha minado de competencia los puestos titulares en el medio del campo. El argentino cuajó una buena temporada con Schuster y con Juande Ramos. Pensaba que mantendría el estatus ahora. Y no ha sido así. Sólo ha sido titular en cuatro partidos -Xerez, Villarreal, Marsella y Alcorcón (vuelta)-, en alguno ni se ha vestido y en otros (3), ni convocado.
Una situación incómoda para el jugador. Fijo en los planes de Maradona, sabe que si mantiene su papel de actor secundario podría caerse de la lista de 23 argentinos que acuda a Suráfrica el próximo verano. Por este motivo, Gago está buscando una salida a su situación. Quiere salir del Real Madrid en el mercado de invierno. Cedido o traspasado.
El club no quiere, pero podría ceder. El jugador se ha desenchufado. Es otra víctima de la vorágine en la que se mueve el Real Madrid. Su sello hereditario le otorgan pocos réditos a la hora de levantar la voz. Se lo tendrá que ganar en el campo, cosa compleja después de tirar la Copa del Rey, un buen campo de reivindicaciones para aquellos que tienen pocos minutos en los partidos grandes.

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