El director Tom Tykwer consigue llevar a la gran pantalla todo el aroma y las sutiles fragancias del best-seller de Patrick Süskind, en una película que rezuma el aroma del gran cine en cada fotograma
«El perfume»: Las 13 dimensiones de la esencia
Dustin Hoffman y Ben Whishaw, en una escena del filme
Jueves , 21-01-10
La adaptación realizada sobre «El perfume», de Patrick Süskind, consta del elemento clave para que la misma sea considerada un éxito: ha sabido transferir a la imagen cada uno de los múltiples aspectos sensitivos aromáticos que el libro posee. Eso lo consigue con creces el afamado Tom Tykwer mediante una dirección preciosista que sabe captar con atención cualquier tipo de detalle sutil y transmite al espectador la sensación de oler con devoción lo mismo que el protagonista.
En la película hay tres partes: la primera sirve para conocer el origen de su figura central, Grenoille -un efectivo Ben Whishaw-, y su forma de salir adelante. Se conocen sus habilidades portentosas con el olfato, todo tiene vida propia dentro del olor y todo lo que esté fuera de él carece de algún sentido.
En la segunda parte se desarrolla la necesidad de saber qué es él, y encuentra la respuesta en el olor corporal de una joven. Para reflejar en imagen la esencia que parece encontrar Grenoille en cada olor, Tykwer emplea una realización basada en primeros planos y en la reiteración cuidadosa del manejo de la cámara lenta. Esto se acompaña por silencios que se alternan con una música hipnótica -la banda sonora y el guión son del propio Tykwer- que trasladan ese universo olfativo que habita en el interior de un protagonista que comienza a tener claro cuál es el camino que desea seguir.
El aroma del azar
El mundo del azar le invita a encontrarse con ese creador de perfumes ya carente de inspiración -interpretado por Dustin Hoffman- al que Grenoille le devuelve el éxito mediante su portentosa habilidad en la elaboración de perfumes. A su vez, éste le enseña los engranajes de la preservación de la fragancia. El aspecto fantasmal del protagonista, acompañado por esos crímenes que se suceden sin entender un porqué, ayudan a que no se sienta empatía por él y su talento innato.
La película comienza a mutar y se transforma en una trama -que ha ido anunciándose- con tintes de cine negro. Es la búsqueda del perfume eterno que otorga el control sobre todo lo existente. La historia no trata del poder, sino del ansia de conseguir ese fin que Grenoille se ha propuesto. La muerte es ese extraño don al que va unido, todo concluye a su paso, la aparente fortuna de los que le acompañan se torna en desgracia irremediable. No hay nada más allá de su egoísmo emocional, su búsqueda, su lucha; la vida no tiene el menor valor. El ser consciente de quién es y qué es lo que desea da origen a la tercera parte: todo adquiere un ritmo frenético, la música se vuelve más enigmática y los crímenes se suceden con mayor celeridad.
La iluminación inicia un camino hacia los claroscuros para mostrar ese tormento, esa obsesión de Grenoille que sus víctimas no pueden remediar ya que su olor es inmanente a ellas, no hay lugar donde esconderse. El protagonista consigue con su esencia alterar el sentido de la humanidad y que ésta le sea fiel.
El resultado final es una combinación de géneros que Tom Tykwer maneja con la habilidad de un gran amanuense que se mueve con destreza en cualquier entramado que tenga a los sentimientos como hilo conductor y, de eso, «El perfume» rezuma humanidad por todos sus poros.

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...