El día a día del almacén nuclear del municipio cordobés de Hornachuelos transcurre con normalidad y sin afecciones al medio, que es coto de caza. No obstante, algunos vecinos cercanos recelan y ven en las instalaciones más inconvenientes que ventajas
Martes
, 26-01-10
Habitar el entorno del Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos radiactivos de media y baja intensidad de El Cabril, en el municipio cordobés de Hornachuelos, es una situación incómoda a la que ya están acostumbrados los vecinos de las aldeas y pueblos cercanos.
Para ellos, la vida a escasos kilómetros de los residuos no es la más recomendable por el riesgo que entraña, aunque el efectivo control del almacenamiento que hasta ahora ha llevado la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) hace la vida en el lugar de lo más natural.
Desde octubre de 1992, el almacén que gestiona Enresa se enclava en las estribaciones de la Sierra Albarrana, en la que se ha mantenido la actividad cinegética. La misma finca en la que se encuentra El Cabril es coto de caza al que acuden sin reparos aficionados de esta actividad. Es posible gracias a los resultados satisfactorios que hasta ahora se han obtenido en las mediciones y análisis anuales del aire, el agua y el ecosistema.
Pese al exhaustivo control, la empresa es consciente de la mala prensa que este tipo de instalaciones tienen entre la población, a la que permanentemente dirige una campaña de comunicación mediante la que pretende informar con transparencia del funcionamiento del almacén, cuya seguridad es la tranquilidad de quienes lo conocen. Así, son habituales las visitas de profesionales, expertos, representantes de entidades e instituciones que alaban las bondades de la gestión de El Cabril, donde, por otro lado, se celebra cada año un simulacro de emergencia. Parte fundamental de estas «excursiones» son los vecinos del entorno, a 300 de los cuales también da empleo esta instalación, que podría alcanzar su plena ocupación entre 2020 y 2025.
Voces críticas ecologistas
Los puestos de trabajo son, junto a la compensación que reciben anualmente los ayuntamientos que se encuentran a menos de veinte kilómetros, la ventaja de contar con un almacén de tales características en las cercanías.
Hornachuelos, Fuente Obejuna, Navas de la Concepción y Alanís (estos dos últimos en la provincia de Sevilla) recibieron el año pasado 1.915.232 euros de subvención. La mayor parte de esta cantidad fue para el primero de los municipios, que obtuvo 900.000 euros, el 17 por ciento de sus ingresos en 2009.
Para el alcalde de Hornachuelos, Julián López Vázquez, la vida junto a El Cabril está «dentro de la normalidad» gracias al conocimiento que los vecinos han adquirido de la gestión de los residuos que allí se hace. A eso y a que han aprendido a resignarse a compartir geografía con un cementerio nuclear que también tiene detractores como la asociación ecologista Hornasol, para la que no están cubiertas las expectativas económicas. Como Almonacid, también pide un referéndum.
