
REUTERS | Vettel
Martes
, 09-03-10
Bernie Ecclestone, el dueño del tinglado, siente una devoción especial por Sebastian Vettel (3 de julio de 1987 en Heppenheim, Alemania). Piloto joven, talentoso, cada vez más popular, accesible y educado con los medios. Todo lo que quiere el patrón, censor de cualquier síntoma de arrogancia porque entiende que eso ahuyenta al dinero de los patrocinadores. «Es exactamente lo que la F-1 necesita», dice Bernie.
Vettel es un candidato silencioso para el gran público. Se sabe que Red Bull va como un torbellino y que el alemán tiene una destreza descomunal al volante. En este caso se combinan coche y piloto, pues todos tiene buenas palabras para Vettel. Sin embargo, y aunque el mundo entero sabe que estará en la pelea, el clamor entrona al rojo del Ferrari de Fernando Alonso -en menor medida a Felipe Massa-, apunta a los británicos Lewis Hamilton y Jenson Button como alternativas reales y concede una deferencia a Michael Schumacher por ser quien fue más por ser quien es.
A Vettel le va bien vivir en un segundo plano. Alonso le señala como favorito en el estreno del campeonato y Jaime Alguersuari, desde el equipo B de la marca de la fiesta, sugiere apostar los ahorros por el alemán. «Después de cómo me fue la temporada pasada -acabó subcampeón a once puntos de Button y ganando en dos de las tres últimas carreras-, sólo puedo aspirar al título», reconoce.
Dentro de la normalidad, Vettel coquetea con la extrevagancia y tiene la costumbre de poner nombres de chicas a sus coches. En el curso 2009 lo bautizó como «Kate´s Dirty Sister» (La Hermana sucia de Kate), ya que, según el alemán, era mucho más rápida que su predecesora, «Kate». Ahora, el RB6 se llamará «Luscious Liz» (Deliciosa Liz). Además, tiene la manía de entrar siempre por el lado izquierdo del monoplaza e introduce una moneda de la suerte por debajo de los cordones de sus botas.
