Un grupo de restauradores italianos ha descubierto nuevos detalles de obras originales de Giotto en la capilla de Peruzzi (Florencia) gracias a la técnica de los rayos ultravioleta. Se trata de un tesoro artístico que habían estado oculto durante siglos.
«Hemos descubierto un Giotto secreto», dijo Isabella Lapi Ballerini, jefa de Opificio delle Pietre Dure en Florencia, uno de los laboratorios de restauración de arte más prestigiosos del mundo.
El hallazgo tuvo lugar el año pasado, cuando más de una decena de restauradores e investigadores comenzaron un ambicioso proyecto de «diagnósticos no invasivos» en esta capilla ubicada en Florencia, de 12 metros de alto y pintada por Giotto alrededor de 1320.
El objetivo del estudio, financiado en parte por una beca de la Fundación Getty en Los Angeles, era recaudar información sobre la capilla para una futura restauración.
Durante el proyecto, que duró cuatro meses, los restauradores descubrieron que, al observar las pinturas bajo luz ultravioleta, eran capaces de ver detalles asombrosos que no son visibles al ojo humano. «Fue algo realmente asombroso», dijo Cecilia Frosinini, cordinadora del proyecto y que estudió las escenas sobre las vidas de Juan Bautista y Juan el Evangelista.
Una restauración chapuceraPor ordenes de la noble familia Peruzzi, la capilla fue blanqueada a comienzos del siglo XVIII para dar paso a un nuevo diseño. Pero cuando los restauradores retiraron la pintura blanca no fueron muy delicados y cuidadosos. Usaron las técnicas de su época, que incluían fuertes disolventes y esponjas de acero que cortaron y homogeneizaron las pinturas. Aquellos «restauradores» del siglo XIX pintaron partes de los Giottos que habían sido dañados, agregando sus propias pinceladas para destacar aquello que ya no era visible.
Despúes de que los trabajos de restauración realizados en 1958 retiraran las partes ajenas a Giotto que fueron añadidas durante el siglo XIX, las pinturas quedaron débiles y anémicas. Pero ahora cobran nueva vida gracias a la luz ultravioleta. Así, en la escena donde Dios está aceptando en el cielo a Juan el Evangelista, las arrugas en la frente de Juan, los pelos de su barba, el blanco de sus ojos y la mirada de Dios se ven efímeras, pero poderosas.
Los detalles más exuberantes y espectaculares sólo son visibles cuando son bañados por la luz ultravioleta y someter las obras a un bombardeo constante podría resultar no sólo poco práctico sino dañino.


