Publicado Jueves , 01-04-10 a las 19 : 27
En un gesto de arrepentimiento sin precedentes en la historia, el cardenal arzobispo de Viena, Christoph Schoenborn, invitó a varias víctimas de abusos sexuales a contar sus experiencias durante una misa especial para pedir perdón por estos graves pecados. Hasta ahora, Benedicto XVI y algunos obispos habían aprovechado homilías de misas para pedir perdón y condenar esos delitos, pero nunca se había incluido el testimonio de las víctimas dentro de la ceremonia.
En la “Misa de acusación y arrepentimiento”, el cardenal dio la palabra a las víctimas, incluida una mujer que sufrió abusos en un convento en los años setenta y un hombre ya anciano que manifestó continuar “teniendo pesadillas por las noches sobre los abusos que sufrí de chaval”. La madre de una chiquilla que sufrió abusos a los siete años dijo sentirse todavía más ofendida por el hecho de que el párroco culpable no fue castigado sino que continuó trabajando con niños pequeños. Como consecuencia, dijo, “estoy furiosa con Dios, con la Iglesia y con los pederastas”.
Ante las 3.000 personas que llenaban la catedral de San Esteban el miércoles por la noche, el cardenal Schoenborn manifestó: “Reconocemos las culpas de la Iglesia, reconocemos haber ocultado los hechos. Estamos furiosos. Lo que ha sucedido no puede suceder”.
Schoenborn, el más destacado discípulo de Ratzinger y coordinador del Catecismo de la Iglesia Católica, era uno de los “papables” en el cónclave del 2005, pero desvió todos sus apoyos hacia su maestro. Su personalidad y su cercanía al Papa dan a sus gestos alcance mundial.
La misa de arrepentimiento, organizado conjuntamente con las víctimas y con el movimiento crítico “Wir sind Kirche”, concluyó con una plegaria a cargo del cardenal. Schoenborn denunció a los “culpables de la muerte interior de otras personas” pues el abuso sexual a manos de sacerdotes “envenena a Dios” al generar odio contra la religión. Los pederastas son “destructores de Dios, y sus abusos hacen peor a la Iglesia”, que reconoce su culpa.
El cardenal dio las gracias a las víctimas que compartieron su dolorosa experiencia y reconoció que “queda todavía mucho por hacer” para remediar el daño causado y hacer una limpieza total.

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