Vista aérea de Brasilia días antes de su inauguración / ABC / Vídeo RC
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Miércoles
, 21-04-10 a las 17
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Brasilia, la ciudad más moderna del mundo, cumple hoy medio siglo. Ideada por el arquitecto Oscar Niemeyer y fundada gracias a la voluntad de Juscelino Kubitschek, el entonces presidente de la República Brasileña, «la urbe más revolucionaria del siglo XX », como la describía ABC en su suplemento Blanco y Negro publicado el 23 de abril de 1960, «nació de golpe» y arrebató sin piedad a Río de Janerio su estatus de capital.
Cuarenta y dos meses y más de 40.000 obreros fueron necesarios para convertir un paraje casi desértico, de tierra rojiza, en la metrópoli más moderna del mundo. Brasilia fue concebida como un gigantesco pájaro con las alas abiertas. «En la cabeza se situaron los edificios administrativos y en el punto de cruce de las alas y el cuerpo de este fantástico pájaro, el centro de diversiones», describía ABC. «Las calles de Brasilia -continuaba- tienen la enorme ventaja de no tener cruces. Sus túneles subterráneos evitarán toda clase de incidentes entre peatones y automovilistas».
Kubitschek dio forma a una ciudad que ya ideó, en 1823, el gran patriota José Bonifacio. Brasilia, según escribía José Lion Depetre, era más que una ciudad: «Es la iniciación de una nueva era, de un quebrantamiento y mutación de valores artísticos y humanos, una revalorización audaz para un nuevo tipo de civilización».
Nadie quiso perderse la inauguración de esta capital. Más de doscientas mil personas celebraron la creación de Niemeyer, con vivas, tracas y cohetes, y a la misa oficiada por el cardenal Gonçalaves Cerejeira asistieron los cardenales arzobispos de San Pablo y de Río de Janeiro.
Las felicitaciones del CaudilloLos mensajes de felicitación tampoco se hicieron esperar. El entonces Jefe del Estado Español, Francisco Franco, deseó sus «más fervientes votos por el espléndido futuro de Brasilia. El Gobierno y el pueblo español comparten muy cordialmente el gozo de tan histórica fecha». Por su parte, Su Santidad el Papa Juan XXIII pedía a Dios que continuará derramando la abundancia de sus gracias «y la haga fuerte, grande y libre, a la luz del Evangelio, contra todo aquello que trate de minar su fuerza».
Hoy, 50 años después, el mal de Brasilia es su crecimiento periférico desmesurado y la corrupción. En noviembre, el gobernador José Roberto Arruda y otros funcionarios acabaron en prisión por tráfico de influencias y un flagrante traqueteo de dinero negro. Un hecho que empaña esta celebración histórica para la que se ha organizado un extenso programa de actos a los que todavía no se sabe si acudirá el presidente Lula da Silva.


