Ernests Gulbis, niño pijo e hijo de multimillonario, supera sus fronteras mentales, llega a cuartos de Roma y crece como jugador
AP | Ernests Gulbis
Actualizado
Jueves
, 29-04-10 a las 20
:
56
Un guaperas ha llegado a la frontera entre ser jugador de tenis y atravesar los límites para llegar a la elite. Ernests Gulbis, letón, es hijo de papá, 1,90, universitario, cabecita loca y un potencial tremendo. Hace tan sólo un año, Ernests deambulaba por el circuito con su jet privado gracias a papá Airmars, ex baloncestista profesional y multimillonario gracias a los pozos de petróleo y viaductos de gas.
A Ernests le metió el tenis en el cuerpo su abuela Irina. A los cinco años le puso una raqueta en la mano y le dijo "métele Ernests". Y le metió. Viniendo de una familia de artistas (su abuelo fue un director y actor de cine famoso, y su madre Milena actriz de teatro), él no podía ser menos. Destacó muy pronto y enseguida tuvo que salir de Letonia, donde no hay tradición tenística, para formarse. Coincidió con Djokovic en la academia que el croata Nikki Pilic tiene en Alemania. Nole le conoce bien: "De pequeño siempre me pegaba unas palizas tremendas. Un jugador con un potencial tremendo. Que llegue arriba sólo depende su capacidad mental porque tenísticamente lo tiene todo".
Todo menos estabilidad. Pilic le mandó a la calle porque le irritaba de continuo: "Hay cosas de él que no se pueden contar. Ha nacido para jugar al tenis pero no tiene la misma visión que yo de este deporte". Pilic hablaba de su falta de sacrificio, algo que el mismo Ernests reconoce: "Hasta hace poco me entrenaba tres días y luego me iba con mis amigos por ahí". Le han trincado varias veces de juerga, la última en Suecia donde la policía le pilló en un hotel con unas prostitutas, acompañado por un colega (unos dicen que Bolelli y otros que Mónaco, ambos altamente sospechosos de per se). Aunque dijo que "no sabía que eran lumis", le pusieron una multa de 250 euros y a Ernests, claro, le dio la risa.
Cambio de mentalidad y de juego
Pero ahora ya no se ríe tanto. Su padre le cogió por la pechera y le dijo que ya valía de hacer el tonto o que le quitaba el jet de los domingos. Él mismo se sentó consigo mismo y razonó. Con 21 años baraja en qué Universidad de superpijos quiere quedarse, le gusta la filosofía y la música clásica. Habla cuatro idiomas y se le considera un tipo cultivado a la par que simpático y ligón por naturalidad espontánea. Así que como tonto no es, fichó al argentino Herman Gumy como preparador y comenzó su transformación. Se metió en el gimnasio, adelgazó cuatro kilos y empezó a trabajar sus golpes más flojos: "Lo cambiamos todo -dice el letón-, ya no me disparo ni peleo cada punto a muerte. Tengo más paciencia pero sin perder la agresividad. Y he mejorado mi actitud, ahora soy más profesional".
Así que se ha dado cuenta de lo que tiene dentro. Desde su residencia en Viena, ciudad que le pega como anillo al dedo, Gulbis ha comenzado de nuevo. El lunes vapuleó a Federer y ayer a Volondri. En cuartos le espera Feliciano López y en el horizonte la esperanza. Cuidado con él, sobre todo por lo que dice Rafael Nadal: "Es uno de los peores adversarios que te puede tocar en un partido. Lo tiene todo para ser un gran jugador. Pronto estára arriba". Es hora de que Ernests le diga a Aimars: "Papá, ya soy tenista, pero de los de verdad"...
